Siendo Newman consciente de la intensidad de su vida guardaba con cuidado sus apuntes y cartas personales, sin embargo, no se había planteado la redacción sobre su autobiografía de manera directa, a pesar de que Bremond le llama “el más autobiográfico de los hombres”. En su novela Loss and Gane: The Story of a Convert (1847), Newman había relatado la historia de un estudiante de Oxford, Charles Reding. A poco que se conozca la vida de Newman se comprende que detrás del proceso de conversión de aquel personaje se esconde su propia lucha. Pero ha cambiado los nombres y las circunstancias, dando origen a una narración paralela, pero no igual a su vida. Lo que motivó a Newman a escribir sobre su experiencia vital fue el ataque público que hizo el doctor Charles Kingsley (1819-1875) a los católicos en general y directamente a su persona. Kingsley siendo ya un conocido escritor anglicano, escribió en 1864 en una revista que “la religión católica hace peores a los hombres” y que “la verdad no ha sido nunca una virtud del clero católico”. Para confirmar sus palabras incluyó en el texto que el “Padre Newman  nos dice que no hace falta eso (virtud), y en general no debe ser así”. Ello movió a Newman a hacer una defensa igualmente pública. Para este fin utilizó material que apoyara los hechos por él descritos en cartas y otros documentos que había recogido con antelación.

Como antecedente, Newman se había convertido del anglicanismo al catolicismo en 1845. Antes de tal decisión había padecido grandes dudas, retracciones, calumnias e insultos; en consecuencia, sufría el recelo de muchos católicos y el odio de los anglicanos. Hacia 1864, Newman vivía en el Oratorio de San Felipe Neri en Edgbaston, Birmingham, y quiso aprovechar la oportunidad para devolver la honra a aquellos con quienes compartía su fe. Teniendo él presentes los grandes sacrificios que había pasado, la constante fidelidad a los llamados de su conciencia y las largas temporadas de obscuridad, atestiguados por escritos de conocimiento público, contaba con suficientes pruebas como para demostrar la sinceridad de sus decisiones.

Nuestro autor salió del silencio y comenzó la redacción de siete folletos semanales que fueron publicados sucesivamente entre el jueves 21 de abril y el 2 de junio de 1864 en la revista Macmillan´s Magazine. Los dos primeros los dedicó a examinar las acusaciones. Posteriormente Newman inició el relato y defensa de su vida con aquellos datos que fueron significativos en su proceso de conversión y que le llevaron hasta un acto de asentimiento imprevisto de su parte. Narra desde sus primeros años de juventud hasta 1845; lo restante lo omite porque le parece que el asunto queda resuelto con mostrar el camino de su conversión. Los folletos despertaron el interés en todos los ambientes dentro y fuera de las Islas Británicas. Del lado de Kingsley estaban la Iglesia Nacional, el Parlamento, la Universidad de Oxford (cabeza de la intelectualidad anglicana) y el vulgo, cultos y menos cultos. Desde América, Asia y, sobre todo, de Roma llegaban cartas a Newman. Se enfrentaban en un debate abierto dos grandes concepciones del pensamiento, de la vida intelectual y espiritual de mediados del siglo XIX. Posteriormente fueron publicados como libro bajo el título de Apologia pro vita sua.

Es necesario mencionar algunas circunstancias de su contexto para ayudar a comprender el ambiente que le rodeaba. La vida de Newman abarcó casi por completo el siglo XIX. Éste fue para Inglaterra un siglo de profundas transformaciones, especialmente durante sus primeras décadas. En el ámbito científico y técnico aparecieron brillantes investigadores cuyos descubrimientos estuvieron cuajados de cambios vitales en los campos de la biología, la geología, la química y las ciencias médicas. Aparecen la locomotora y la electricidad. Todo ello trae como consecuencia un progreso industrial nunca antes sospechado. En estrecha relación con estos avances, la sociedad sufrió una serie de profundas transformaciones. Nace el sistema económico capitalista práctico, avalada por unas teorías que se difundieron con facilidad. Se crearon las primeras fábricas y se inició la explotación industrial moderna. Apareció la masa obrera de las ciudades para abastecer las fábricas; al tiempo que se consolidó la burguesía.

En esa misma época, la política inglesa incorporó el derecho al voto y tomó fuerza el poder de las clases medias suplantando el poder de la aristocracia. El mismo Parlamento comenzó a representar las personas en particular, a cualquier ciudadano, en vez de las propiedades de los nobles. La cultura está invadida por el Romanticismo en las artes y en las letras. Se rompe la tradición y la ruptura con el racionalismo es una reacción casi violenta. Como resultado se advierte un resurgimiento comparable a la época de Shakespeare. Los representantes ingleses del romanticismo se manifiestan en tan diversos estilos desde el pesimismo de Lord Byron (1788-1824) hasta la lozanía popular y castiza de Walter Scott (1771-1832). Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) y William Wordsworth (1770-1850) son también interesantes artistas de la época. La cercanía de la Revolución francesa y la influencia de los jacobinos trajeron consigo otros cambios ideológicos. En filosofía se desarrolló el  positivismo; y en detrimento de la religión se popularizaron las tendencias agnósticas. Triunfó el materialismo, la revolución y la  incredulidad.

En cuanto a Newman, fue ministro de la Iglesia Anglicana, comunidad dominada ya en el siglo pasado por una religiosidad formal y casi vacía. La ley tenía el monopolio de las conciencias, mientras que el clero estaba frecuentemente ausente de su trabajo pastoral. Por otro lado, dicha Iglesia sufre la ofensiva de quienes pretendían despojarla de sus privilegios en la vida pública del país y su influencia sobre los fieles. Aparecen, dentro del anglicanismo,  grupos de tendencia protestante por influencia alemana. Eran sectas distintas entre los que destacan los grupos de metodistas, cuáqueros, unitarios y bautistas. Igualmente se introdujeron ideologías secularistas y laicistas dando como consecuencia un paulatino proceso de incredulidad. Y para contrarrestar la fuerza cultural del anglicanismo, se creó la London University en 1828, que pretendía ser la réplica laica de la enseñanza confesional de Oxford y Cambridge. La filosofía utilitarista de Jeremy Bentham (1748-1832) y James Mill (1773-1836) representa el pragmatismo individualista y secularizador en Inglaterra. Desde esta teoría pretenden reducir la religión a una función moralista de la sociedad. El marco histórico en que se desarrolló la vida de Newman tuvo importantes repercusiones hasta nuestros días.


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