John Henry Newman se definía a sí mismo como un educador. Cuando le correspondió promover en Dublín, Irlanda, la primera universidad católica, tenía muy presente que el objetivo de la educación universitaria es la formación intelectual. Sin embargo, esta tarea de “amueblar la cabeza” con orden y concierto, se ha de traducir en un estilo de vida. Por ello, el perfil del egresado de la educación liberal que él propone, es muy ambicioso. Ello se consigue más allá de las clases teóricas, se configura con el buen ejemplo y el trato constante. Newman resume todas las cualidades que desea encontrar en un verdadero universitario con la expresión inglesa del gentleman, que yo utilizo como gentleperson.

Los rasgos que Newman encuentra en aquellas personas que han sido formadas como humanistas, y que proceden de un carácter ético formado por un intelecto cultivado los recoge en su 8º Discurso de Idea of a University, concretamente en el número 10. Para describir estos rasgos, Newman utiliza imágenes profundamente elocuentes.

Un gentleperson, dice:

“Nunca se muestra mezquino o con miras estrechas es sus discusiones”

“Llevado por una prudencia que le lleva a tener un visión de lejanía, tiene en cuenta la antigua máxima de que hemos de conducirnos hacia nuestro enemigo como si algún día hubiera de ser nuestro amigo”.

“Nunca toma personajes o dichos agudos por argumentos”

“No insinúa acciones malas que no se atreve a decir con claridad”

“Su disciplinado intelecto le preserva de la descortesía de confundir el punto de discusión y perder las energías en bagatelas”

“Es tan sencillo como sólido, y tan breve como eficaz”

“Sabe ponerse en el lugar de sus oponentes y comprende sus equivocaciones”

“Conoce tanto la debilidad de la razón humana como su fuerza, sus capacidades y sus límites”

“Es suficientemente profundo y generoso de mente como para ridiculizar a los demás, y prudente como para ser dogmático o fanático”

“Su gentileza y suavidad de sentimientos son los acompañantes de la civilización”

“Por la precisión y solidez de su lógica, es capaz de apreciar qué sentimientos resultan coherentes”

Y lo más gráfico es que compara al gentleperson con un cómodo sofá, junto a una chimenea en una noche de invierno. Conociendo a Newman, no se refiere solamente a la imagen de caballero elegante y de moderadas maneras. Newman evoca la imagen del mismo Jesucristo, que por amor, por su amistad con los hombres, se conduce siempre con esa finura y delicadeza, lo que no menoscaba en absoluto, su condición de Dios y Hombre verdadero.

Por otro lado, esta solidez en la mente teórica y práctica lleva a las personas a tener una recta conciencia. Precisamente fue la explicación de Newman sobre la conciencia lo que al joven Joseph Ratzinger cautivó durante sus años de seminarista, posteriores a la 2ª Guerra Mundial y por lo que siguió estudiando los escritos filosóficos y teológicos de Newman. Hitler había llegado a decir que él era la conciencia de Alemania, sólo él podría juzgar lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo que inquietó a muchos. Al volver de la guerra a las aulas del seminario, uno de sus profesores les explicó la realidad de la conciencia con estas palabras de Newman:

“La conciencia ordena, elogia, culpa, promete, amenaza, insinúa un futuro y da testimonio de lo invisible. Es algo más que el propio hombre. El hombre no tiene poder sobre ella, o sólo con extrema dificultad. Él no la hizo, no puede destruirla. Puede acallarla en casos o en direcciones particulares, puede falsear sus enunciados, pero no puede emanciparse de ella. Puede desobedecerla, puede negarse a usarla, pero permanece. Sus mandatos particulares son siempre tan claros y consistentes que su misma existencia nos lanza fuera de nosotros mismos, y más allá de nosotros mismos, para irle a buscar a Él, cuya Voz es la conciencia”.

Años después dedicó la Carta al Duque de Norfolk a la profundización de esta realidad.  Benedicto XVI quiere y admira a este intelectual inglés, por lo que la víspera de su beatificación, en Hyde Parke, Londres, dijo: “Como sabéis, durante mucho tiempo, Newman ha ejercido una importante influencia en mi vida y pensamiento”. ¿Qué es eso que tanto ha influido en el Papa? Su amor a la verdad, su respeto a la realidad, su afán por encontrar la última causa de todas las cuestiones de manera racional y de manera razonable.


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