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John Henry Newman promovió la Universidad Católica de Irlanda (1852–1858) y fue su primer Rector (1854–1858). Su interés fue responder a la pregunta ¿cómo formar la inteligencia de jóvenes laicos con el fin de fortalecer su estructura mental y proporcionarles una visión amplia de la realidad? Su respuesta fue: el saber ha de ser el fin de la universidad, con la promoción del conocimiento de las humanidades, por el gusto de aprender, además de la preparación profesional correspondiente a la disciplina a ejercer. De esta manera Newman logra aunar la educación tradicional con aquella que busca su impacto práctico.

El objeto del artículo es mostrar la trascendencia, por medio de la vida y obra de John Henry Newman, que conlleva una adecuada formación intelectual humanista y el impacto que alcanza una persona culta, en su contexto y en las siguientes generaciones.

1. Introducción

La tesis que se desea defender en el presente artículo es que la adecuada formación intelectual humanista pone en condiciones al universitario para llegar a ser una persona culta, capaz de influir positivamente en favor de sus contemporáneos y de las siguientes generaciones. Dicha tesis parece contraponerse a la tendencia actual de las autoridades que, a nivel global, proponen los lineamientos que ha de seguir la educación universitaria.

El Consejo Europeo y su Parlamento aprobó el año 2012 como fecha límite para que sus Estados miembros adoptaran el nuevo modelo de educación superior, conocido como el Plan de Bolonia. Su objetivo ha sido unificar los criterios de medición y facilitar que los títulos universitarios sean válidos en cualquiera de sus países miembros. Este sistema de créditos se ha ido adoptando paulatinamente en muchos otros países, fuera de Europa. A partir de entonces, los profesores universitarios, especialmente los que imparten asignaturas humanísticas, coinciden con las observaciones y advertencias que se exponen en el libro Adiós a la universidad: el eclipse de las humanidades (Llovet 2011Llovet, Jordi. 2011. Adiós a la universidad. El eclipse de las humanidades. BarcelonaGalaxia Gutemberg. [Google Scholar])1, quien advierte que los fines que proponen desde el Consejo Europeo, deja de lado los estudios de las materias que ayudan a comprender al ser humano y que configuran propiamente a la universidad.

Tomando en cuenta el fin de la educación superior, se distinguen dos concepciones en franca oposición. Por un lado, quienes conciben la universidad como un espacio donde se reúnen profesores y estudiantes para buscar, de manera conjunta, la sabiduría. Se busca como fin el saber universal, por lo que se reflexiona desde las distintas ciencias para luego dialogar y llegar a una mayor comprensión de la realidad. De esta manera la formación intelectual, la habilitación de la inteligencia comprende una visión de conjunto, universal y armónica, que capacita la mente para distinguir lo verdadero de lo falso, lo propio y lo ajeno, lo distinto y lo semejante. De igual manera, se le prepara para la acción prudencial y sagaz en la toma de decisiones, que comprende todas las implicaciones de sus actos. Desde esta perspectiva, las humanidades tienen un lugar, como las demás ciencias, entrando al debate con igualdad de oportunidad la visión teológica, la filosófica y la científica, con una escucha respetuosa de la jerarquía de la realidad y del saber (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar]).

En contraposición, se concibe el plantel de la educación superior como un espacio de capacitación para el trabajo con un cierto nivel de estudios para la toma de decisiones reducido a un ámbito inmediato y técnico. Desde esta perspectiva, el fin es el trabajo, mientras que el aprendizaje es sólo un medio, relacionado con los centros económicos que demandarán trabajadores especializados. Los contenidos quedan reducidos a lo que se puede prever para efectos prácticos. La mente de los alumnos se capacita sólo en un ámbito específico, sin el cultivo de su amplia gama de capacidades. Este diseño considera al egresado como un ‘homo faber’, y su valor dependerá de la calidad de su producción, lo mismo aplica en caso de que su actividad sea la de un investigador o de un ingeniero. En tal caso, no le corresponde ya el título de ‘universidad’, sino el de instituto tecnológico (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar]).

El debate entre estas dos perspectivas estaba ya presente en Oxford, durante la primera mitad del siglo XIX. Tradicionalmente el conjunto de College vinculados a la Universidad de Oxford se distinguía por el cultivo de las humanidades, unido al desarrollo de las ciencias y las artes. Sin embargo, ante la revolución científica e industrial, así como los cambios sociales y políticos, comenzó a influir también en la enseñanza universitaria una visión más productiva.

Unas décadas después, la postura pragmática en la educación se fue consolidando y ganando terreno. Desde los Estados Unidos, John Dewey (1859–1952)2 centra su atención en los resultados, en la resolución de problemas, en las capacidades para incorporarse a la vida social. Se podría resumir su pensamiento en la expresión: ‘aprender, haciendo’. Si es verdad que trata de evitar la decadente concepción de que aprender es memorizar, desde otra perspectiva, cabe el peligro de reducir la educación y el desarrollo personal de los educandos a la instrucción del saber hacer. A través de la globalización, no sólo se ha unificado la comunicación gracias al uso de la lengua inglesa, sino que a través de ella han llegado también sus paradigmas, incluido el pragmatismo en la academia.

John Henry Newman ofrece una solución armónica que le da a las humanidades la importancia que merecen, sin olvidar el impacto práctico que conlleva. Él se propuso ‘el gran cometido del conocimiento liberal, la razón de ser y auténtico fin de la Universidad. Tal conocimiento es un bien en sí mismo, y por sí mismo debe ser buscado. Y posee también gran utilidad profana, pues constituye la mejor y más alta capacitación del intelecto para la vida social y política’ (Morales 1996Morales, José. 1996. ‘Introducción’ a los Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria, PamplonaEUNSA. [Google Scholar], 10). A través de las siguientes líneas se mostrará la propuesta de Newman respecto a las humanidades, así como la actualidad e incluso la urgencia de dicha propuesta.

La falta de formación intelectual y el rigor mental queda patente en la incapacidad para distinguir lo verdadero de lo ficticio, lo real de la opinión o suposición. Tal situación es objeto de la crítica que ofrece Umberto Eco en su libro Número Cero. Él reúne ideas críticas, vertidas hacia la realidad de la información y de la Internet. La novela presenta a un joven talentoso al que contratan para redactar la experiencia de promover un nuevo ‘diario dispuesto a decir la verdad sobre todo’ (Eco 2015Eco, Umberto2015. Número Cero. MéxicoLumen. [Google Scholar], 27). La propuesta final de Eco está centrada en el aporte del periodismo como un medio para discernir la verdad entre el cúmulo ingente de información que aparece en la Red. La intención del Commendatore, quien promueve la redacción de una novela dentro de la novela de Eco, era ‘entrar en los altos círculos de las finanzas, de los bancos e incluso de los grandes periódicos’ (Eco 2015Eco, Umberto2015. Número Cero. MéxicoLumen. [Google Scholar], 27). El plan consistía en el diseño e impresión de 12 números cero de un periódico llamado Domani para demostrar que él podía poner en apuros a los altos círculos financieros y políticos a través de sus publicaciones; entonces le rogarían que dejara esa iniciativa y, a cambio, obtendría el pase para las altas esferas. La novela recogería, a manera de ficción, el experimento real.

A partir de la propuesta literaria de Eco y mirando el mensaje de fondo que propone el lingüista y novelista, podemos cuestionarnos —por ejemplo—, acerca de la veracidad de la información que circula hoy en la Red, y particularmente sobre el nivel de dominio sobre la propia lengua y de la capacidad lógica de las mentes a las que llega tal información. Asimismo, preguntarnos por la capacidad crítica que tiene o debiese tener un lector para interpretar, asimilar y juzgar sobre su veracidad. Eco comparte el diagnóstico educativo actual que reporta una incapacidad crítica de los lectores para navegar en una sociedad desinformada; y de la misma manera, se une a la propuesta de solución: la formación humanística.

En toda esta discusión, John Henry Newman, no sólo ha tenido el acierto de avizorar y comentar esta necesidad de formación en las humanidades, sino que en su obra The Idea of a University (Newman 1907Newman, John Henry. 1907. The Idea of a University. LondonLongmans, Green and Co. [Google Scholar]) hace una descripción de cómo puede enfrentarse el reto de la formación intelectual de los universitarios. Su propuesta, la educación liberal, ofrece las claves concretas para la formación de las jóvenes inteligencias con el fin de que sean capaces de reconocer la verdad y contextualizarla. Estas claves las describe principalmente en los Discursosdictados en Dublín, en preparación a la apertura para la primera Universidad Católica de Irlanda. Newman inicia dichos Discursos en el año 1852 (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar]), durante los preparativos de su fundación y hasta 1858 en que fungió como su primer Rector, respondiendo a la petición del episcopado local. Tomando como eje dichos escritos, se han redactado las siguientes líneas.

En este artículo, una vez que se expone la noción de Newman de la ‘educación liberal’ (n. 2) y se aborda el tema de la Universidad como lugar donde se promueve la cultura (n. 3), se centra la atención en el tema de la forja del hombre culto (n. 4), porque la asimilación de la cultura no se reduce a un asunto teórico, argumentativo y lógico, sino que la persona educada, además de ser capaz intelectualmente, ha de saber conducirse con libertad, gentileza y acierto, en un mundo complejo, y aún adverso. Por ello, la propuesta educativa de Newman resulta particularmente actual (n. 5).

2. La Educación liberal

La expresión ‘educación liberal’ se refiere en general a un curso o sistema de educación adecuado para el cultivo de un ser humano en tanto que libre. Se basa en el concepto medieval de las artes liberales. Durante la época de la ilustración dicha expresión tomó un sentido que enfatiza más la independencia que en sí la libertad. La ‘Association of American Colleges and Universities’ ha descrito la educación liberal como una filosofía educativa que capacita a las personas con amplios conocimientos y habilidades transferibles, con un mayor énfasis en los valores éticos y el compromiso cívico; se caracteriza por el método de debates sobre asuntos importantes; más que una forma de estudiar que un curso o campo de estudio específico la considera una manera de pensar. Por lo general, de alcance global y plural, puede incluir un plan de estudios de educación general que proporciona una amplia exposición a múltiples disciplinas y estrategias de aprendizaje, además de un estudio en profundidad en al menos un área académica. La educación liberal fue defendida en el siglo XIX por pensadores como John Henry Newman (1801–1890), Thomas Huxley (1825–1895) y Frederick Maurice (1805–1872). Sir Wilfred Griffin Eady definió la educación liberal como educación por sí misma y enriquecimiento personal, con la enseñanza de valores (Hughes 1885Hughes, Thomas1885‘What is a Liberal Education?’ The American Catholic Quarterly Review, Vol. X, January/October. [Google Scholar]).

El declive de la educación liberal a menudo se atribuye a la movilización durante la Segunda Guerra Mundial. La prima y el énfasis puesto en las matemáticas, la ciencia y la capacitación técnica causaron la pérdida de su destacada posición en los estudios universitarios. Sin embargo, se convirtió en el centro de una gran parte de la educación de pregrado en los Estados Unidos a mediados del siglo XX a través de la figura de los College. En los primeros años del siglo XXI, muchas universidades y facultades de humanidades revisaron sus planes de estudios para incluir una educación liberal o para promover una educación universitaria más amplia, impregnada de su espíritu.

Una vez que se han mencionado algunos antecedentes de lo que aquí se va a exponer, se enfoca ahora la atención a las aportaciones de Newman, y en particular aquellas sobre la educación superior que se pueden aplicar a la formación de los nuevos alumnos que llegan a las aulas universitarias. Hoy día sus palabras cobran una importancia central ante la tendencia pragmática de reducir la instrucción a la preparación para el trabajo, dejando en segundo plano lo referente al desarrollo de la inteligencia y del universitario en su propia persona. Tales aportaciones, no sólo se basan en su experiencia como educador, sino que se muestran en él habiendo sido educado como un humanista. Él destacó como un excelente orador y escritor, en tiempo de paz y en épocas de francos ataques a su persona y a sus reflexiones en torno a su forma de pensar y de vivir. Newman no sólo fue polemista, fue un connotado predicador, poeta, teólogo y filósofo, novelista, corresponsal de miles de cartas, lo que le ha convertido en un clásico de la lengua inglesa. Todo ello muestra su esmerada preparación intelectual y sus grandes dotes. La fuerza e impacto de sus palabras iba además avalada por su experiencia, por su convicción, por su compromiso y búsqueda incondicional de la verdad; su estilo y forma era llamativamente amable, poética, enfática, poniendo en juego su amplia y profunda cultura, recibida principalmente durante sus años en Oxford. En sus Discursos Universitarios de 1852–1858, Newman retoma y sistematiza el estilo que le imprimieron esos años como estudiante en Trinity College, y más tarde como profesor en Oriel College (Ker 2010Ker, Ian. 2010. John Henry Newman Una biografía. MadridPalabra. Trad. Rosario Athié y Josefina Santana Villegas. [Google Scholar]).

Este estilo de formación universitaria, basado en la tutoría personal estilo Oxford y enriquecida con su propia reflexión como educador, Newman lo transmite en The Idea of a University(Newman 1907Newman, John Henry. 1907. The Idea of a University. LondonLongmans, Green and Co. [Google Scholar]), donde describe lo que él llama ‘la educación liberal’ en la universidad, término tomado de la tradición, que considera a la Filosofía, las Letras y las humanidades en general como estudios libres, de ahí que en muchas universidades se incluya una facultad de Artes Liberales. Esta educación tiene por fin la formación humana a partir de una profunda formación intelectual, cuya consecuencia es la configuración de la persona verdaderamente culta, que Newman denomina como ‘gentleman’, ampliando el concepto de ‘caballero’, que por cierto no tiene una connotación sexista, sino que responde a la usanza de las universidades desde sus comienzos hasta mediados del siglo XX, en donde solo los varones tenían acceso a la educación superior.

Para nuestro autor las personas con una inteligencia habituada a discernir entre la realidad y la verosimilitud, entre la verdad y la falacia, podrán hacer frente a retos semejantes, superando la superficialidad y la credulidad. Alcanzar un nivel mental y moral de tal calidad, supone una larga y constante formación de la inteligencia. Sin embargo, si tal fin está claro, el problema recae en la cuestión de cómo formar a una persona verdaderamente culta.

Dar solución a tal problema es un ambicioso objetivo. No se trata sólo de conocimientos teóricos, sino también de conocimientos prácticos, de habilidades mentales y de actitudes. En su Idea (Newman 1907Newman, John Henry. 1907. The Idea of a University. LondonLongmans, Green and Co. [Google Scholar]) compara los medios para formar inteligencias humanistas, mentes amplias y profundas. Como sucede en el adiestramiento de los músculos, que a base de ejercicios en un gimnasio y con una disciplina adecuada, el adiestramiento de la mente requiere igualmente de ejercicio y disciplina. Newman ofrece una explicación sobre el cultivo del intelecto y la aprehensión de la verdad en el Discurso 7, número 4, de la Parte I (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar]). En la Lecture 4 de la Parte II de Idea (Newman 1907Newman, John Henry. 1907. The Idea of a University. LondonLongmans, Green and Co. [Google Scholar]), se detiene a explicar cuáles son los elementos básicos de esa formación intelectual: Gramática, composición, escritura latina y conocimiento religioso en general. En otro momento se refiere también a la importancia de la literatura, la geografía, la historia… Lejos estará de esta formación humanista el pretender un aprendizaje impuesto, o atento sólo a cumplir con los contenidos de unos buenos programas. Se trata de aprehender, de hacer propio el mundo en el que nos encontramos, lo que requiere del uso de la libertad e incluso el gusto por el saber. En definitiva, para responder a las dificultades con veracidad y certitud, se requiere, hoy como entonces, de una sólida formación en humanidades. De manera que, para educar realmente, se ha de comenzar desde la cabeza.

Es necesario resolver cómo formar intelectualmente desde las humanidades, hasta lograr una formación íntegra. Importa tener en cuenta que el objetivo que se busca, no solo se alcanza transmitiendo el qué —o los contenidos a enseñar—, sino que Newman hace hincapié en el cómo se forma a los alumnos universitarios. Tal estilo de educación está centrado en el esquema del College. Éstos están diseñados de manera que todo lleva a la mejora de los alumnos en un sistema de internado, con habitaciones amplias y cómodas, con un comedor en común donde las comidas son un momento de encuentro de alumnos y profesores, con un servicio adecuado. En todo momento los alumnos se hallan en un ambiente intelectual que se presta a seguir comentando, de manera cercana y cordial, lo que se ha aprendido, descubierto e incluso ideado en las aulas. También la capilla se considera un lugar de encuentro, en este caso para rezar juntos. La biblioteca es un ámbito privilegiado y central. Los jardines, los salones comunes para tomar el té, también son espacios de diálogo intelectual y de participación de nuevos hallazgos. Pero lo más importante en el modelo educativo de Oxford-Cambridge es la labor tutorial, personal: los alumnos son cultivados uno a uno según sus capacidades. Es necesario destacar que dicho método requiere del previo compromiso, de parte de profesores y alumnos, para favorecer el diálogo abierto y el deseo de crecimiento personal; por ello, se requiere de una estricta selección y la Universidad de Oxford explica a los alumnos interesados en ingresar a sus aulas desde su primer contacto en su página Web: http://www.ox.ac.uk/admissions/undergraduate/why-oxford/studying-at-oxford/tutorials.

Al promover la educación universitaria basada en una visión humanista se pretende evidenciar las herramientas intelectuales y morales que comprometan a orientar a los demás en el hallazgo de la verdad, entre la abundancia de datos y contradicciones. Una mente amplia puede, con visión de conjunto, dar jerarquía y valor a lo que es realmente importante de lo que no lo es. En palabras de Frederick D. Aquino, en An Integrative Habit of Mind, se trata de favorecer la formación humanista cristiana en la perspectiva que John Henry Newman nos propone (Aquino 2010D. Aquino, Frederick. 2010. An Integrative Habit of Mind. IllinoisNIU Press. [Google Scholar]). Si bien este estilo de educación cuenta con una larga tradición en Inglaterra y los países de influencia anglosajona, las necesidades de desarrollo personal de los universitarios de cualquier latitud, requieren de la formación intelectual humanista y del seguimiento cercano de parte de un maestro al que se le pueda considerar como gentlperson.

3. Universidad y cultura

A través de sus nueve Discursos (Newman 1907Newman, John Henry. 1907. The Idea of a University. LondonLongmans, Green and Co. [Google Scholar]) explica la naturaleza y objetivo de la educación superior. En esos años de mitad del siglo XIX su objetivo inmediato era captar el interés de los católicos de Dublín y fincar las bases del nuevo proyecto universitario. Para las autoridades irlandesas de la Iglesia Católica Romana y gran parte de los irlandeses, este proyecto de Universidad era la única alternativa posible para dar una respuesta educativa a los centros universitarios no-confesionales de Cork y Galway, pues eran considerados como peligrosos para la conservación de la fe de los alumnos católicos. El modelo a seguir era Lovaina, reactivada en 1830. Newman no compartía esta opinión, pues consideraba que si la universidad —la que fuera—, buscaba la verdad, no habría peligro alguno. Esta diferencia de puntos de vista entre los patrocinadores del proyecto y su primer Rector fueron una fuente de tensiones y malos entendidos. La esencia misma de la universidad requiere, insiste Newman, que se otorgue a la ciencia el lugar que le corresponde. Por tanto, la razón de ser del nuevo plantel debía centrarse en la fusión armónica del saber humano y el saber teológico. Ello constituye la matriz de los nueve Discursos (Newman 1907Newman, John Henry. 1907. The Idea of a University. LondonLongmans, Green and Co. [Google Scholar]), aunando las exigencias del arzobispo Culllen —prelado que encabezaba a los obispos irlandeses en la promoción de la universidad—, y la filosofía educativa de Newman.

Él había de definir con claridad la finalidad de la educación superior que estaba proponiendo. En su mente queda el deber de dar una respuesta humanista a la postura pragmática, presente en el siglo XIX, que reduce los estudios superiores a la capacitación específica en un área del conocimiento, de manera inconexa con el resto de saberes. Dadas las dimensiones del centro educativo que le propusieron, deja de lado la opción de tomar el modelo alemán de universidad como centro de investigación, por lo que, de momento, se plantea sólo la transmisión de los conocimientos. Newman no considera universidad a las instituciones que sólo capacitan para el trabajo, e insiste en que sólo pueden llevar este nombre aquellas cuya existencia tenga por fin la búsqueda del saber en sí mismo y que ofrezcan un conocimiento interdisciplinario y bien articulado. Esta afirmación tiene su explicación en el quinto Discurso de The Idea of a University que se titula ‘El saber como fin en sí mismo’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 123), en el cual expone que el cultivo del intelecto es un fin preciso y suficiente: la amplitud de mente, con unidad y concierto. Con estas palabras expresa cuál ha sido, desde el principio, el fin de la universidad. Esa educación posee un objetivo tangible, real y suficiente, que no puede separase del saber mismo. El saber es capaz de ser su propio fin, porque la mente humana está hecha de tal modo que cualquier clase de saber, si es auténtico, constituye su propio premio (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 126).

Si bien se refiere a todo saber, Newman desea ser más específico al explicar que una ciencia particular y aislada no es suficiente para el cabal cultivo del intelecto. ‘Las ciencias particulares son la base respectiva de actividades concretas, que llevan a resultados tangibles’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 126). Añade que las escuelas profesionalizantes no forman científicos, sino técnicos, que aplican lo que otros han descubierto y desarrollado. He aquí el problema que nuestro autor intentaba enfrentar, dada la segmentación del conocimiento que se producía desde el siglo XIX con la exclusión de un saber más integral, como señalábamos. El saber unitario y abarcante que Newman propone como fin de la universidad, sin excluir la teología, las ciencias y las tecnologías, es lo que él llama hábito filosófico: ‘un hábito de la mente que dura toda la vida, y cuyas características son libertad, sentido de la justicia, serenidad, moderación y sabiduría’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 125).

Newman dedica tres discursos más para exponer en qué consiste esa amplitud mental que se constituye en una potencia, una luz, un amor a la sabiduría. Su Discurso cuarto lo tituló: ‘El saber considerado en relación con la cultura’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 143). La cultura mental se suele asociar a la mera adquisición de conocimientos. Desde luego que sin los conocimientos no existe verdadera cultura (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 129), pues sin ellos ‘la mente más original puede tal vez deslumbrar, divertir, refutar, confundir, pero no llega a un resultado útil o a una conclusión fehaciente’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 147). Sin embargo, es necesario interconectar el conocimiento de las diversas disciplinas. Esto es lo que otorga a la mente una visión más integral de la realidad y, en consecuencia, un conocimiento más completo que se interconecta a su vez con los nuevos descubrimientos. Así el avance del conocimiento es directamente proporcional a la integración de disciplinas.

Newman recuerda que Cicerón consideraba que el saber es el primer objeto al que somos atraídos después de solucionar las necesidades materiales (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 127). Es condición indispensable para la expansión de la mente, más allá de la mera adquisición de conocimientos, una actitud y una intervención activa en el proceso de parte de los alumnos para superar la cómoda posición de ser meros receptores de un cúmulo de ideas nuevas para ellos, de manera que se esfuercen por mantener activa su mente hacia el conocimiento de la realidad. La apropiación del saber es un continuo proceso que supone hacer subjetivamente propios los objetivos de conocimiento, asimilarlos y articularlos con otros conocimientos, pasando a ser parte de nuestra situación mental en la que nos encontramos: captamos que ‘nuestras mentes crecen y se expanden no sólo cuando aprendemos sino cuando referimos lo aprendido a lo que ya sabíamos’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 151).

El resultado es una mente que adopta una visión conexa y armónica de lo viejo y de lo nuevo, lo pasado y lo presente, lo lejano y lo próximo, y que percibe la influencia de todas estas realidades unas sobre otras, sin lo cual no habría ni un todo ni un centro. Este intelecto posee un conocimiento no sólo de las cosas, sino de las relaciones que se dan entre ellas, lo que genera a su vez un mayor conocimiento. Más aún, es la forma normal en que el conocimiento avanza y genera cultura. ‘Es un saber, no sólo considerado como una adquisición cuantitativa, sino como filosófica’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 151).

Para Newman, la Universidad no persigue primariamente la formación técnica —pues la universidad sería entonces una escuela tecnológica—, o la orientación moral, o la promoción del arte o el deber; sino que su función principal es impartir cultura intelectual. Este es el punto capital. Podemos tratar hoy con personas muy informadas, incluso, al día, que van siguiendo determinados acontecimientos, pero no se les puede llamar propiamente personas con cultura intelectual porque ‘sólo es extensión de la mente la capacidad de ver muchas cosas a la vez como una totalidad, de referirlas a su lugar apropiado en el sistema universal del saber, de entender su respectivo valor, y de determinar su dependencia recíproca’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 153).

A pesar de que sus Discursos ocasionaron cierta polémica, Newman quedó satisfecho y han sido expresión de uno de los grandes temas del pensamiento occidental por la nitidez y determinación con que su autor formula sus concepciones (Morales 1999Morales, José. 1999. Teología, experiencia, educación. PamponaEUNSA. [Google Scholar], 140). Años más tarde, en 1863, Newman deja escrito en su Diario lo importante que fue para él su dedicación a la formación intelectual: ‘desde el principio al final, la educación ha sido mi línea’ (Newman 1957Newman, John Henry. 1957. Autobiographical Writtings. New YorkTristam. [Google Scholar], 259).

Siendo la educación un término muy amplio, una manera concreta de educar se ha denominado formación, un concepto clave acuñado en el ambiente intelectual del siglo XVIII como elemento que desarrolla las ciencias del espíritu durante el siglo XIX. Aunque Newman no fue del todo consciente, su pensamiento educativo se sitúa en una tradición que se tradujo con grandes dificultades a la vida práctica, y que en el caso de Dublín sufrió grandes traspiés (Ker 2010Ker, Ian. 2010. John Henry Newman Una biografía. MadridPalabra. Trad. Rosario Athié y Josefina Santana Villegas. [Google Scholar]), no obstante, la relevancia que desde su tiempo han cobrado sus ideas y la valoración intelectual que ha desarrollado su trabajo es clave sobre todo en las últimas décadas.

Existe una correlación entre la formación recibida y el modo en que el conocimiento se alcanza. El adecuado entendimiento, la capacidad de juicio y la inferencia prudencial son elementos esenciales que en cada propuesta formativa necesitan validarse y consolidarse. Esto hace que el conocimiento genere cultura, y posibilita el desarrollo crítico sobre la formación e información recibida. La educación liberal que tiene por objetivo el llevar a los educandos a la forja de una personalidad consolidada por una cultura amplia y profunda tiene un camino que recorrer con unos modos determinados. Sobre ello se comenta a continuación.

4. Para forjar un hombre culto

El fin de la universidad, afirma Newman, es la promoción del saber, de la cultura. Por ello, él afirma que la educación es una palabra más elevada. Implica una acción que afecta a nuestra naturaleza intelectual y a la formación del carácter. Es algo individual y permanente. Esto es lo que hace que el decir de algo o de alguien se manifieste con propiedad. La formación de la mente en la universidad ha de comenzar por lo más básico: saber leer y hablar correctamente y en el contexto adecuado, lo que supone la profundización en la gramática, la literatura y el ejercicio de los debates. Es decir, para pensar con propiedad se han de tener en la mente las herramientas adecuadas: la gramática, el dominio de la lengua y la lógica (Newman 1907Newman, John Henry. 1907. The Idea of a University. LondonLongmans, Green and Co. [Google Scholar]).

Cuando hablamos de la transmisión del saber como elemento central de la educación, estamos afirmando que el saber es un estado o condición de la mente. Y dado que el cultivo del intelecto es, sin duda, algo que merece la pena por sí mismo, llegamos de nuevo a la siguiente conclusión: las palabras liberal y filosofía, en la terminología de Newman, se utilizan con el fin de enfatizar que ‘un saber es deseable, por ser él mismo un tesoro y un premio suficiente después de años de esfuerzo, aunque nada se derive de él’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 135).

El resultado de la educación, que debe esperarse en los individuos según la medida de cada uno, ha de ser aquella perfección del intelecto, ‘visión y comprensión clara, serena y precisa de todas las cosas, en cuanto pueden ser abarcadas por una mente finita, cada una en su lugar, y con las características propias que le corresponden’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 155). La visión realista de Newman identifica que el inicio de esta formación intelectual comienza con el dominio de la propia lengua. ‘Pensamiento y palabra son inseparables uno del otro. El fondo y la forma son dos partes de lo mismo: el estilo es pensar con palabras’ (Newman 2014Newman, John Henry. 2014. La idea de la universidad. MadridEncuentro. [Google Scholar], 58). Por ello, toda la formación universitaria depende del suficiente aprendizaje previo de los estudios elementales (Newman 2014Newman, John Henry. 2014. La idea de la universidad. MadridEncuentro. [Google Scholar], 109 y ss.) que explica en la Lección 4 de la segunda parte de Idea (Newman 1907Newman, John Henry. 1907. The Idea of a University. LondonLongmans, Green and Co. [Google Scholar]), primeramente, publicada en la Catholic University Gazette y en My Campaign in Irelandentre 1854–1856. La atención de Newman se centra en la educación del intelecto para pensar con rigor y saber interrelacionar los conocimientos que se van adquiriendo y asimilando.

El primer peldaño para andar el camino hacia el saber es la Gramática o análisis científico de la lengua. Dominar la propia lengua lleva a ser capaz de entender el significado de las frases y su fuerza comunicativa, cuando uno se enfrenta a determinados párrafos. El alumno podrá, entonces, construir una frase o analizarla.

Una vez dominada la Gramática, se puede subir al peldaño de la composición, lo que requiere previamente el haber sido constante en la lectura guiada, con un método apropiado para adquirir rigor, yendo al fundamento y al verdadero sentido de las cosas. Este ejercicio forma en la mente la capacidad de análisis. Para componer, es necesario pensar antes de escribir, y no redactar hasta que se tenga algo que decir. El tema sobre el que se escribe ha de ser concreto y la composición ha de versar sobre el tema, con un enfoque amplio y no sólo una parte del él sin su contexto. Newman enumera los cuatro requisitos para la buena composición de la siguiente manera: ‘buena dicción o corrección de vocabulario, sintaxis, idioma y elegancia. El punto que exige especial atención es la propiedad idiomática. Por idioma se entiende el uso de las palabras que es peculiar a una lengua correcta’ (Newman 2014Newman, John Henry. 2014. La idea de la universidad. MadridEncuentro. [Google Scholar], 139).

Para ello recomienda de nuevo el latín, y su correcta escritura, lo que considera el tercer peldaño para la formación intelectual elemental. Dicho adiestramiento de la mente capacita a quien ha sido universitario a enfrentar la vida social y política con un marco amplio de referencia, y a abordar el estudio de las ciencias específicas con una mente integradora de todos los conocimientos. En la educación que Newman recibió, la cultura latina y por tanto su lengua y literatura se consideraba una pieza esencial en la formación intelectual. Él mismo consideraba que su estilo de escritura en inglés la había aprendido de los textos latinos de Cicerón. El latín es una lengua muy lógica y por ello forma de manera eficaz la mente. A pesar de no ser el inglés una lengua romance, Newman anota como un resultado de buen aprendizaje de la Gramática inglesa el saber traducir una frase inglesa al latín, construyendo una nueva frase, lo que prueba que el alumno ha sabido distinguir entre una construcción latina y una inglesa. En el caso de quienes piensan y hablan en una lengua romance, se impone mucho más el estudio y dominio de la lengua latina para su adiestramiento mental (Newman 1907Newman, John Henry. 1907. The Idea of a University. LondonLongmans, Green and Co. [Google Scholar]).

Una vez que se ha explicado los elementos básicos que Newman considera para una adecuada formación intelectual en la universidad, nos centraremos en su resultado, es decir, en el perfil del egresado de una universidad que imparte una educación liberal. Newman ofrece la descripción del hombre culto y de cómo se conduce la persona que ha cultivado su inteligencia en el saber —distinto de la erudición o del conocimiento especializado en un tema aislado—, y cuya personalidad le lleva a ser dueño de sí mismo y de cada situación en la que se encuentra. Él utiliza una expresión común en su época, para calificar a una persona cabal: el gentleman(Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 210).

Durante la época victoriana, el hecho de que las personas se supieran conducir como ‘caballeros’ era esencial. El concepto de ‘gentleman’ es una invención esencialmente inglesa. El francés Hippolyte Taine intentó describir el alcance del significado de lo que se considera un ‘gentleman’ (Taine 1872Taine, Hippolyte. 1872. Notes sur l’ Angleterre. ParisLieu d’ edition. [Google Scholar]). Se trata de un constante cultivo del principal de los ideales típicamente ingleses. La clave de la cuestión es que un hombre ha de cuidar su conducta para que siempre y en todo momento se le pueda considerar un caballero, lo que corresponde a decir de las mujeres: ‘es una Lady’. Ello significa un verdadero noble, un hombre apto para mantenerse en pleno dominio de sí, con orden y mando, imparcial, correcto, capaz de exponerse a sí mismo a todos los sacrificios, ser un hombre de conciencia, cuyo generoso instinto es confirmado por su sano juicio, por lo que se comporta siempre bien con toda naturalidad, guiado por sus principios. Con esta imagen se reconoce el modelo de líder, con el típico matiz inglés de su autocontrol, su indefectible mente fría, perseverante en la adversidad, naturalmente serio, de maneras dignas, que rehúye toda afectación o fanfarroneo, que llega al nivel más alto cuando logra reunir las aspiraciones de las personas y su obediencia. El modelo de gentleman inglés queda mejor y elocuentemente retratado en el Duque de Wellington, quien se opuso militarmente a Napoleón y murió en 1852, o en algunos protagonistas prefigurados en las novelas costumbristas de Jane Austen.

Si bien Newman asimila el término inglés y su significado, él imprime a la palabra gentleman un contenido más profundo que el que transmite la figura de Wellington. A través de ‘algunos rasgos del carácter ético formado por un intelecto cultivado’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 212), la mente de Newman podría evocar la figura de William Wilberforce (1759–1833), quien desde el Parlamento británico logró la abolición de la esclavitud, e incluso a una personalidad tan amable, íntegra y sólida, de hombre cabal, como la de Jesús de Nazareth.

Su interés es capital es señalar que el fin de la universidad que propone es el saber en sí mismo, y que su consecuencia subjetiva da como resultado al verdadero universitario, profesor y alumno, que habrá de ser un hombre culto, un gentleman. Haremos a continuación un análisis breve de la descripción de cómo se conduce la persona verdaderamente cultivada.

Newman utiliza las siguientes palabras: ‘Es casi una definición de gentleman decir que es un hombre que nunca infringe dolor. Esta descripción es cuidadosa y, dentro de lo posible, precisa. Un caballero se ocupa, en gran medida, en remover los obstáculos que impiden la actividad libre y desenvuelta de quienes le rodean, y se suma a sus movimientos más bien que tomar él mismo la iniciativa’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 210). Para graficar estas palabras consideremos, en contraste, aquellos medios impresos de información que explotan comercialmente la tragedia de otros. Si por el contrario el editor se detuviera a pensar, antes de redactar una nota, que lo que publicará va a ser leído por la familia de aquel sobre quien informa, sin lugar a dudas cambiaría el tono de la noticia. Al respecto Newman había tomado como máxima el tratar a todos con tal delicadeza que incluso respecto a sus enemigos encontraba la frase amable considerando que quizá algún día podrían llegar a ser sus amigos.

La vasta cultura permite ‘evitar todo enfrentamiento de opiniones, toda colisión de sentimientos, todo retraimiento, recelo, melancolía o resentimiento, porque su gran preocupación es que todos se hallen a su gusto y como en casa. Están pendientes de todos y de cada uno’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 211). Para ello es necesario conocer y tener un profundo respeto por los interlocutores. Ser capaz de entender la posición desde donde otros captan aquella realidad y lograr comprender su postura, para localizar los puntos en los que pueden estar de acuerdo y a partir de ahí, exponer y argumentar. Es decir, el hombre culto ‘sabe bien con quien habla, se guarda de alusiones inoportunas o temas que puedan molestar’ (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar], 211).

Newman expresa una síntesis de lo que se ha dicho cuando menciona la transformación que los nuevos alumnos experimentarán en sus aulas: de ser sólo unos muchachos, pasarán a ser verdaderos hombres. Estas fueron sus palabras durante el discurso inaugural de la Universidad Católica de Irlanda, en marzo de 1854: ‘Un gentleman, si he de mencionar la diferencia entre un niño y un verdadero hombre, debo decir que un niño vive de lo que aún no es y atento a lo que le circunda de manera inmediata, depende de otros que le instruyen y con medidas impuestas; mientras que el hombre se conduce con gran mesura y en sus decisiones depende de sí mismo’. En aquella ocasión, Newman añadió: aquí vendrás a aprender cómo pasar de ser un niño a convertirte en un verdadero hombre’ (Shrimpton 2014Paul Shrimpton2014. The ‘Making of Men’. The Idea and Reality of Newman’s University in Oxford and Dublin. EnglandGracewing. Foreword of Ian Ker [Google Scholar], 177).

5. Actualidad de su propuesta

La educación liberal que propone Newman responde a una serie de debates e inquietudes en la educación superior actual. Siguiendo su punto de vista, es pertinente comenzar por devolver a la palabra ‘universidad’ su sentido original. Es decir, denominar universidad a aquellas instituciones que buscan el saber como fin en sí mismo. Y por ello, desarrollan los distintos ámbitos del saber, no de manera aislada, sino en diálogo constante. Por el contrario, aquellas instituciones de educación superior que no cultiven los ideales y prácticas propias de una verdadera universidad, no deben denominarse como tales, sino que pueden utilizar títulos como el de instituto o tecnológico, centro de educación superior o academia, donde el fin es la profesionalización, la transmisión de conocimientos restringidos a la acción externa de un trabajo. Con ello se dejará claro que, para que se llegue a una verdadera formación intelectual, los jóvenes deberán recibir una ayuda complementaria, con el fin de aprender a reflexionar y ser personas críticas (Newman 1907Newman, John Henry. 1907. The Idea of a University. LondonLongmans, Green and Co. [Google Scholar]).

La universidad debe enseñar a pensar, de otra manera no cumple con su función educativa. El aprender a pensar es una tarea ardua, que perfecciona a quien lo logra, al mismo tiempo tiene un impacto práctico. Así, la educación liberal, el gusto por aprender que propone Newman, es la adecuada respuesta de que los estudios universitarios sean también útiles a la sociedad.

La inclusión de las humanidades en los estudios universitarios no es una cuestión opcional e irrelevante. De ello depende, en buena parte, que la institución pueda llamarse legítimamente una universidad. Las humanidades, si bien son indispensables en la idea o diseño originario de una universidad, hoy día resultan ser una necesidad urgente para la formación de las nuevas generaciones que requieren de un pensamiento crítico para saber discernir lo verdadero de lo falso, lo que concuerda con la realidad y está expresado con suficiente rigor y lo que es verbosidad.

Cabe aclarar que no se trata simplemente de incluir unas cuantas asignaturas más al plan de estudios profesionales. La meta es lograr un conocimiento unitario. No basta abarcar toda la gama de saberes, no es una cuestión cuantitativa, sino que se requiere el diálogo positivo, la formación apropiada para que en la mente del universitario se vayan articulando las distintas facetas de la única realidad. Para ello hace falta la vinculación entre las propuestas de las diversas ciencias hasta armar una formulación verosímil y verdadera de la realidad en la que cada objeto de estudio y enfoque de las ciencias aporta sus propios elementos de ese todo armónico y jerárquico. Finalmente, el universitario reconocerá el lugar que a cada cosa le corresponde. Se requiere entonces la promoción del intercambio interdisciplinario (Newman 1996Newman, John Henry. 1996. Discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria. PamplonaEUNSA. Traducción, introducción y notas de José Morales. [Google Scholar]).

La formación intelectual, la capacitación de la mente, requiere de una guía personal. Porque la formación humanista que ofrecen los libros escritos que transparentan la naturaleza humana, se facilitan con la cercanía de un tutor. Newman se refiere a la acción tutorial. Cuando él comenzó a trabajar como fellow en Oriel College a los 22 años fue Richard Whately, quien le transmitió de manera personal su experiencia en el trabajo intelectual y el uso de las herramientas que desarrollan la mente, por ello dejó escrito que fue él la primera persona que abrió su mente, le enseñó a pensar, a utilizar su razón e imprimió las ideas y principios de conocimiento que le ayudaron a conformar su propia forma de pensar (Ker 2010Ker, Ian. 2010. John Henry Newman Una biografía. MadridPalabra. Trad. Rosario Athié y Josefina Santana Villegas. [Google Scholar]).

Hoy día se puede con facilidad constatar en los egresados de una institución superior si llegaron a ser verdaderos universitarios. Si realmente han logrado ser personas cultas, en quienes se puede confiar por tener criterio, carácter y rigor mental. Se trata de un efecto personal, una condición y una manera de estar en el mundo. Cuánta necesidad se tiene hoy, tanto en el ámbito social como laboral, de personas gentiles, con dominio de sí, que sepan cuál es su verdadero bien y lo que les corresponde decir y hacer en cada momento, conscientes de sus limitaciones y responsabilidades, dispuestos a aportar con generosidad lo que son capaces de hacer por el bien de la sociedad a la que pertenecen.

Así la formación humanista tendrá un rol clave en la universidad, para formar mujeres y hombres cultos, capaces de aportar al mundo postmoderno la verdadera innovación: desde una visión que respeta lo que puede ser de otra manera, sin perder lo que es ineludible.

6. Conclusión

La propuesta de Newman responde al reclamo de devolver a la universidad la orientación que le corresponde, de recordar que su fin es primordialmente el saber universal, objeto de la inteligencia. En el proceso de formación de la inteligencia se comienza por la capacitación de la mente de los estudiantes, con la disciplina que se require, gracias a la promoción de las habilidades que proporcionan las matemáticas, el dominio de la propia lengua y las leyes de la lógica, es posible pensar con rigor, corrección y verdad. Con esta preparación, la mente se abre a la búsqueda del conocimiento de la realidad, articulando las distintas áreas del saber, distinguiendo unas de otras y completando el horizonte que ofrece el mundo natural y el mundo cultural.

La educación liberal, basada en la formación a traves del conocimiento profundo de la realidad humana y de su entorno, posibilita el logro de una visión amplia de lo que es esencial, gracias al diálogo interdisciplinario con los expertos de las distintas áreas de conocimiento y la guía del tutor. De esta manera se alcanzan otros dos objetivos de la educación superior: primero la promoción de la cultura, de la verdadera cultura que proporciona las condiciones para el desarrollo de las personas como tales; y segundo, la promoción de mujeres y hombres cultos que sean dueños de sí mismos, que sepan estar en el lugar que les corresponde y aportar a su entorno lo mejor de sí.

Entonces, como universitarios comprometidos con sus contemporáneos y con las generaciones futuras, sabrán ser ciudadanos participativos, positivamente críticos, no susceptibles de corrupción, ni fáciles presa de quienes pretenden manipularlos. Sólo así se puede hablar legítimamente de democracia y de promoción de la paz, tan urgente en nuestros propios países y en las relaciones con los demás.

 

 

Artículo de Rosario Athié, publicado en la revista Church, Communication and CultureVolume 3 Issue 1, ya está disponible a través de: tandfonline.com

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John Henry Newman dictó el sermón titulado “La abstinencia del tiempo de los Apóstoles, modelo
para el cristiano”. Quedó fechado en la Cuaresma del año 1841, el día 21 de marzo. Por aquel año,
su autor seguía siendo el Rector de la iglesia de St Mary´s, capellanía de la Universidad de Oxford.
Años en que se había separado de la mentalidad evangélica, y sufría serias dudas respecto a la
situación doctrinal de la Iglesia Anglicana a la que pertenecía.
Este sermón, publicado como el número 3 del volumen 6 de los Sermones Parroquiales
(Encuentro, Madrid 2013, p. 53 y siguientes) está centrado en unas palabras del Apóstol Pablo
dirigida a Timoteo, primer obispo de la ciudad griega de Éfeso: “No bebas agua sola: mejor toma
un poco de vino a causa de tu estómago y de tus frecuentes indisposiciones” (1 Tm 5, 23). El
discípulo de Pablo había leído desde niño el Antiguo Testamento, y había escuchado de labios de
Pablo el Nuevo., por ello decía de él: “me ha seguido en la doctrina, en la conducta” (2 Tm 3, 10), y
ambos hacían frecuentes vigilias. Dice Newman: “Así eran los santos en los primeros tiempos. Y
¡qué por debajo de ellos estamos hoy día! ¡Ay de nuestra vida fácil llena de comodidades, de
nuestra cobardía, de nuestra indolencia! ¿Así se gana el reino de los cielos? ¿Es así como San Pablo
combatió el buen combate y consumó su carrera? ¿O fue a base de echarse a la espalda todas las
cosas de la tierra y mirar fijamente al Dios visible? (John Henry Newman. Sermones Parroquiales.
Encuentro, Madrid 2013, p. 55)

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Comentario del autor:

Me complace informarle que la traducción al inglés de mi libro «Introducción al personalismo» acaba de ser publicada por Catholic University of America Press (2018). El libro es presentado por el conocido personalista estadounidense John F. Crosby

Con motivo de esta nueva versión, el trabajo ha sido revisado y ampliado con la exposición del personalismo angloamericano.

 

 

John F. Crosby contesta:

«No conozco ningún texto comparable en inglés que brinde una visión general sistemática del movimiento personalista en filosofía. Burgos se dirige a todas las figuras principales y la mayoría de los menores en el personalismo, presentando no solo aquellos generalmente conocidos por los estadounidenses (como Scheler, Mounier y Maritain) sino también figuras importantes en España y Polonia. El libro es más que simplemente una historia, sin embargo, como en la sección final Burgos ofrece su propia propuesta para una filosofía personalista bien desarrollada. «- Adrian Reimers (Universidad de Notre Dame)

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I would like to talk about a topic which is closely related to the theme of this year: John Henry Newman: Teacher and Minister in a University Setting. The fundamental thesis of my presentation refers to the continuity of Newman’s thought over the years; from his time at Oriel College as a Tutor (1826) to his time at Birmingham in the 1870’s.

Even though he became a Roman Catholic in 1845, the key pieces of his teaching display a coherent development over the years.

This development can be seen in Newman’s University Sermons VII and VIII as well as in his Letter to the Duke of Norfolk. These three texts possess a magisterial value, both academic and pastoral — especially his reflections about temporal matters and matters of the faith.

 

For Newman, temporal matters include education, political organization, civil law and civil authorities. On the other hand, matters of the faith include dogmas, the correct interpretation of Holy Scripture, moral matters, and the legitimate authority of the Church in religious matters.

 

These two spheres are present together in the human beings, specifically in our personal conscience. The harmony between temporal matters and faith-matters ought to be independent in its authority and organization. However, in the life of citizens, and believers, these two spheres ought to be perfectly harmonized. We are responsible for the use of our freedom in both spheres as well as in the cases in which our decisions affect both spheres.

Antecedents

Before discussing the content of the three writings that I have selected, I will briefly

Summarize the context in which Newman wrote these three works.

 

  1. Context of University Sermons VII and VIII

 

Even as a young Anglican clergyman, Newman knew how to combine his roles as pastor and educator — roles which he exercised at Oriel College as well as at St. Mary’s.  Newman had the opportunity to give these University Sermons between 1826 and 1832, when he was named Select Preacher for Oxford University.

 

During this time, University sermons were surrounded by formalities and delivered by preachers designated ad hoc by academic authorities.  Whether such designation was based on a recognition of Newman’s abilities or obtained by the influence of his friends has been variously interpreted.

 

In any case, Newman’s life can be summarized as that of a great pastor and a great academic. This dual effort is perhaps best seen in his role as preacher, where he combined spiritual theology and pastoral concern.  So highly regarded was his pulpit eloquence that  important people attended often attended his sermons.

 

His sermons had a recurrent theme: the relationship between reason and faith. The sermons effectively functioned as a platform for presenting his theological-philosophical reflections. Sermons VII and VIII focused on the abuses of worldliness and irresponsibility. These Sermons seem to respond to Newman’s discovery or a special insight into the mystery of human iniquity.

 

The social-political context of Newman’s sermons is an added factor. In 1828, Irish Catholics requested to be admitted to Parliament. Parliament approved The Emancipation Act because of Daniel O’Connell, a very charismatic lawyer and expert in English law;  O’Connell sought civil freedom for the Irish so that they could also have religious freedom.

 

The presence of Roman Catholics in Parliament was an apparent contradiction.  While Newman felt that every citizen should be represented in Parliament, he did not deem it appropriate that Catholics be members of Parliament because it was also responsible for certain decisions affecting the Church of England.

 

Furthermore, Newman felt that Catholics were not obliged by conscience to support the decisions made by Parliament that favored the interests of the Anglican Church.

 

This contradiction between the right of parliamentary representation and the anomaly of members of one church making decisions affecting another church led Newman to his conviction that Church-State  separation was essential;  in other words, the Church had to be independent from the Government.

 

 

  1. Context of the writing of the Letter to the Duke of Norfolk — 43 Years Later

 

The Letter to the Duke of Norfolk was written in 1875 in light of a concrete problem: relations between civil authority and religious authority.  In 1869, the First Vatican Council was convened by Pope Pius IX.

 

One of the issues discussed at the Council was the definition of the «infallible magisterium of the Roman Pontiff.»  The eventual definition stipulated  the conditions under which the Pope could define a doctrine concerning «faith and morals» ex cathedra.

 

After reading the definition, which was promulgated on 18 July 1870, Newman personally did not consider this definition to be problematic for the Catholics;  he felt that the new definition re-stated what the Church had basically taught for centuries.

 

However, the definition radically affected relations with other churches. Newman soon realized that the definition was being misinterpreted  both by Catholics and non-Catholics. For example, some people interpreted the definition to mean that the Pope could never sin.  However, infallibility is not the same as impeccability.  The declaration on infallibility did not refer to the personal life — and sinlessness — of the  Pope but to papal teaching about the interpretation of revelation in view of his responsibility to safeguard the doctrine given by God to the Church.

 

Even though many Catholic citizens of the United Kingdom felt that a definition might jeopardize their position within the country, a  group known as the Ultramontane, which

Included the Archbishop of Westminster, strenuously supported the definition of the dogma.  Subsequently, however, Newman’s foresight about the potential ill effects of the dogma was confirmed.

 

One of the most serious reactions against infallibility came from William Ewart Gladstone, who in 1874 published an article in the Contemporary Review which stated: “No one can be her (Rome’s) convert without renouncing his moral and mental freedom and placing his civil loyalty and duty at the mercy of another”. In effect, Gladstone’s statement charged that the doctrines of the Roman Church prevented Catholics from thinking and deciding freely in temporal matters. This was a direct attack on the civil loyalty of Catholics.

 

In replying to the former Prime minister, Newman not only had to defend himself but also had to defend the freedom of conscience of the Catholics of his country as well as their freedom to exercise their civic  responsibilities. In January 1875, Newman published A Letter Addressed to His Grace the Duke of Norfolk on Occasion of Mr. Gladstone’s Recent Expostulation. The Duke of Norfolk, a well-known Catholic layman, was the ranking peer of the realm outside the royal family. Newman’s response, intended to refute Gladstone’s accusations, presented a treatment of the nature of conscience.

 

Newman’s Letter emphasized that the Catholic interpretation of church authority in general and infallibility in particular was not identical with that of the small group of Ultramontanes. In particular, Newman insisted that each person is responsible for his/her own words because everyone isl free and so responsible.

 

Gladstone gratefully replied: “Thank you for the genial and gentle manner in which you have treated me” and commented, “Your spirit has been able to invest even these painful subjects with something of a golden glow”.  Newman’s discussion of conscience is still valid today, even though the original context of 1875 is long past.

 

 

Newman’s Doctrine about the Relation between Temporal Matters and Matters of Faith

 

After mentioning the circumstances under which Newman wrote Sermons VII and VIII in 1832 and his Letter to Duke of Norfolk in 1875, it seems helpful to indicate their central theme:

 

   Sermon VII presents the characteristics of a worldly mentality; Sermon VIII describes the operation of conscience; The Letter to the Duke of Norfolk explains the compatibility of acting according to conscience both as a member of civil society and as a member of a religious society.

 

These three aspects can be connected in a philosophy that had been developed through the years under Newman’s influence. In general, from 1832, when he wrote his University Sermons. Newman considered it necessary for the church and the state to be independent from each another.

 

At that time, he referred to the Anglican Church as having its own authority, just as the British crown and Parliament had their supreme authority. Although Newman as an Anglican, opposed the participation of Irish Catholics in Parliament, he recognized the difficulties that derived from the interference of the Crown in religious matters. The arguments he presented in his Letter are basically the same ones that he utilized during the Oxford Movement.

 

The two fundamental assertions of Newman’s thoughts are:

First, in regard to church and state, they must be regarded as two independent institutions with their own objectives and means; each has a right to freedom so that it can fulfill its mission with the means it deems necessary.

 

Second, in the internal conscience of a person loyal both to God and to his/her country, a divided allegiance should not exist;  rather there should be complete harmony. One cannot be a believer of the church and forget about patriotism nor can one be a good citizen and leave religious convictions aside.

 

Thus the principal topics in these texts are freedom and responsibility.

 

 

  1. Independence of Both Church and State in External Matters

 

The issue that Newman discussed as an Anglican preacher at St. Mary’s was treated again 43 years later when he defended the Roman Catholic position in civil matters. Some of the principal points of his exposition clarify what the independence of the church and the state is all about. This independence in external matters allows the freedom of church members in civil matters. Newman’s Letter explains the issues that are important to understand the situation of Catholics in a civil society.

 

 

Newman presumably remembered the events of 1829 and similar events in 1873 when the Irish bishops took steps to oust some Ministers of Parliament. Newman wanted to explain that the bishops had a right to intervene in civil matters insofar as they were exercising their rights as citizens[1]. The bishops did not act in their role as religious authorities; rather they legitimately participated as citizens in the affairs of their country.

 

In regard to the external and real authority of the Pope, Newman explained that his mandate refers to the definitions of  supernatural truth, which ought to be believed. The pope also legitimately interprets natural moral law because the author of this law is God and if the pope is understood as being enlightened by God in interpreting the Holy Scriptures, this teaching becomes easier to understand.

 

One interesting clarification is that the decisions of the Pope in matters of  faith are only about essential doctrinal issues on a theoretical level, not judgments about specific concrete cases. Similarly, in moral matters, the legitimate interpretation of the Church referring to natural law is only theoretical. Newman[2] emphasized that the definition of «the infallible magisterium» of the Pope extends solely to the doctrinal area and not to concrete solutions to problems. This is the reason why it has been said that “the infallibility may affect a theologian, a philosopher or a man of science, but a politician has a distant relation with it’[3]. In practical matters, ecclesial authority and its guidelines do not decrease the freedom of people. On the contrary, people have the liberty to choose responsibly the way they will apply general norms to their concrete circumstances.

 

 

  1. Responsibility as the Harmonizing Element between Temporal Matters and Matters of Faith

 

Newman’s primary interest was to demonstrate that there is no reason for a citizen to have divided loyalties: civic and religious. The nucleus of this issue is found in responsibility. This is the point that harmonizes the diverse spheres of a person as citizen and believer.

 

   Sermon VIII, preached on Sunday December 4, 1832, was entitled “Human responsibility, as independent of circumstances”.

 

Newman takes from Aristotle the notion of actions: all actions are voluntary if we are their ultimate end or their active beginning in one way or another. Consequently, we will receive blame or praise for the results of our actions because of our behavior and not for the circumstances in which these actions occurred[4].

 

In Sermon VIII, Newman pointed out the relation between the responsibility acquired from an act and the circumstances, which are not an excuse to exempt a person from responsibility. In some cases, circumstances can increase or decrease guilt or increase or decrease the motives for praise Each person is the cause of his own improvement or misfortune and not external assistance or obstacles. Newman pointed out that not even divine grace can annul freedom. Each person should carry his/her own load… «Don’t deceive yourself: what you sow is what you reap»[5].

 

The responsibility that Newman referred to in this Sermon is concretized by two factors: first, our freedom does not exclude the dependence on our divine origin since we exist because of God, who is the one who keeps us in existence. Second, the influence of the circumstances on our acts has a secondary importance.

 

Excuses are ways of deceiving our conscience with sophistic reasoning in different situations in life.  Excuses originate when we consider freedom as a synonym for independence and the lack of independence is viewed as slavery.

 

Newman mentioned some of the most common excuses. One excuse is when we imagine that the concrete situation is especially difficult and in order for one to be better and happier, the situation must change. A second excuse is based on the sophism of apologizing on a specific occasion because we felt that we were victims of a particular coincidence of circumstances. Yet another excuse refers to the lack of education to justify a disorderly way of life. The list of excuses and sophisms goes on and on but they all distort reality to one’s own self-satisfaction and to justify the lack of responsibility.

 

To Newman, our imagination can easily assume duties abstractly. The difficult part is understanding and committing oneself to the real and concrete duty. When responsibility is acquired in a precise and effective way, when it comes to us surrounded by problems that must be solved, then this responsibility becomes arduous and distressing.

 

If we apply the doctrine discussed in Sermon VIII to a concrete situation, the issue is very delicate. It is even more delicate when the rights of minority citizens are at stake, especially when society wants to take away their human rights such as freedom of religion and of speech and the right to be represented in civil proceedings.

 

If their freedom is limited in external affairs, it is also possible to attack them with the sophism that their obedience to the Pope is loss of their freedom. However, it is not the obedience but the manipulation and deceit, which unconsciously influence their conduct and limit their freedom. Obedience is identifying one’s will with the will of those who govern. In this case, obedience presupposes liberty and people do not lose their responsibility.

 

When the accusation spread in England that Roman Catholics could not be good citizens because they were “constrained” by the decisions of the Pope, the rumor became stronger when the Catholic Church dogmatically defined the infallible magisterium» of the Pope. However, this definition did not give the Pope more authority, nor did it suffocate the freedom of thought of Catholics[6]. Roman Catholic citizens were still personally responsible for their behavior before civil authority.

 

In his Letter to the Duke of Norfolk, Newman emphasized that good citizens are necessary for society; these citizens should be loyal and committed to their faith. Consequently, Newman pointed out the areas of conscience that are governed by the authority of the church and the areas where Catholics are free to decide on their own. The basic principle of his explanation is that authority informs the conscience and makes it whole without replacing it or ignoring it. When a legitimate authority governs, obedience to its suggestions contributes to the freedom of those who obey that authority.

 

The objective separation of the two authorities — civil and religious — allows sufficient space for those who participate in both;  in a civil society as in a religious society, persons may exercise their freedom completely. Internal harmony is the result of assuming that one’s self is the beginning and cause of his/her own acts, and so responsible for their effects.

 

 

  1. Four Deviations in the Relation between Temporal and External Matters

 

One can consider four vices in regard to temporal and eternal matters.

 

The first two transgress the principle of independence of the authorities who represent each of these areas.

 

The other two transgress the principle of interior harmony in the conscience of a person who is simultaneously a member of civil society and a religious believer.

In regard to the present study, these last two vices are of interest insofar as they were treated directly by Newman in his University Sermons and in his Letter to the Duke of Norfolk.

 

Before treating these tendencies, it may be helpful to recall some historical events that exemplify the collision of the two powers.

In England, some monarchs tried to impose their will over conscience, over the Church, and even over the natural law.  This collision of power resulted in the deaths of Thomas à Becket and Sir Thomas More.  Likewise there have been occasions when church officials have tried to meddle  indiscriminately in matters that come under the competency of the state.

 

Such was the case of the liberators of Mexico, Miguel Hidalgo and José María Morelos, both of whom were parish priests yet rose up in arms to start a war, which was strictly political.

 

The next section will explain the two vices that separate loyalty to the faith and to the Church from patriotism — loyalty to one’s country.

 

Newman spoke extensively of these last two vices that internally separate the temporal and the eternal;  these will be mentioned in the final two points of this presentation.

 

 

  • The Worldly

 

For Newman, «a worldly mentality» is one which is more interested in things of this world than those that are eternal.

 

When worldly interests prevail, our conscience loses its focus.

 

A person who pays more attention to the exterior than the interior gradually becomes restless and disoriented.

 

Newman thoroughly explained «worldliness»: its causes, its different nuances, the sophisms that justify it and the procedures  that help the conscience to overcome the reduction of one’s life to merely temporal goods. This is the central issue of his University Sermon VII, which was preached on Easter Sunday May 27, 1832, with the  title: Contest between Faith and Sight”.

 

The three causes[7] of «worldliness» according to Newman are:

  • The loss or deterioration of the conscience regarding religious and ethical principles which give us the capacity to use our freedom responsibly
  • The obscuring of reality in relation to the effort and resignation that the virtuous way demands
  • The contradiction between life and faith, thereby subverting the interests of society and people toward material goods. In their profession, they act as if they were atheists, but in their families they act as believers.

 

In the end, a «worldly outlook» is privileged because the idea that a revealed religion is a serious handicap to their aspirations becomes fixed in their mind. Since they do not want to abandon their plans, nor do they want to offend other people, they just let life go by[8] When a problem arises, they are doubtful and easily choose immediate gratification in preference to more substantial goods.

 

«Worldliness» has several degrees:

  • First, those who relegate religion to a private sphere of their lives.
  • Second, those who acquire the habit of distinguishing and separating their public and private obligations and passing judgments about them without harmonizing the two obligations.
  • Third, those who theoretically accept a series of affirmations as doctrinal truths but in reality are not convinced enough to be firm and conscientious about the religion they profess.

 

  • Fourth, those who maintain the fundamentals of the faith but lose its importance. They trim dogma in order to seek unity of feelings with others, not in order to achie doctrinal unity.

 

The most frequent sophisms used by worldliness to justify itself are:

  • Evil should be accepted because it exists
  • To consider an elevated morality is extravagant
  • Not to believe that society can be improved and so to live for oneself
  • Religion is an obstacle to free decisions
  • Not to identify any restriction to one’s own plans
  • Each person has the right to create new ideas that will satisfy himself/herself
  • Something cannot be false if it is said all the time and everywhere
  • The number of people who perform an act indicates the dignity of that act until it demands the acceptance of it as a law.

 

This last sophism seems like a prophecy. During the last couple of years, there have been a great number of cases in which if an evil act were committed by an isolated person, it would clearly be robbery or assassination. However, it is considered “good if this same act is supported by  coalitions of different authorities or of the majority”. In other words, worldliness is the result of  darkening reality.

 

As to solutions, Newman returned to a recurrent theme. The influence of imagination in regard to worldliness is an important element to consider because if we focus our imagination on higher goods, we have a concrete and efficient method at hand to overcome worldliness. We have won the battle when we learn to keep our own convictions even if we have to go against the stream. Accordingly, we will not blindly follow the majority. There is one more very efficient solution that is not always considered: do not trust yourself too much.

 

By knowing the causes of the inclination to the worldliness and having the firm determination to overcome them, it is possible to avoid the clouding the vision of reality, to understand the value of what is worthwhile goods and to use other goods only as a means.

 

 

3.2. Ultramontanism

 

The “ultramontane mentality” is the tendency to neglect temporal duties because they are considered to be irrelevant when compared to religious duties. This is another vice. In this case, the word “ultramontane” is being used generically because the “Ultramontanes” that Newman originally knew were a group of English Catholics (usually converts) who unnecessarily exaggerated the conciliar teaching on Infallibility and caused severe social problems in regard to the civil and religious relations of Catholics with people of other religions.

 

However, this term «ultramontane» is more appropriate for those who unnecessarily persist in a matter of faith in detriment to the temporal order. In an excessive form, it can become an injustice and imprudence. It is not the lack of good will but a matter of rigidity.

 

Ultramontanism is the vicious extreme totally opposed to worldliness. It is the situation when the conscience considers temporal matters to be of no importance thus focusing on the interests of ecclesiastical authority. Ultramontanism is an abuse committed by some people, not by the church as a whole. In reality, it cannot be completely achieved because no one can deny that there is a temporal condition to human life.

 

Ultramontanism is more common in people who serve as religious authorities. When they have some authority in religious matters, which may also include some consequences in temporal matters, confusion is caused among their followers because the limits between their civil  obligations and religious responsibilities cannot be defined.

 

Perhaps this extreme position has its origins in the lack of understanding of what the Sovereignty of the Church and the Pope really means. Ecclesiastical sovereignty extends geographically around the world and faith has no frontiers nor is it affected by cultural differences. Accordingly, it can be falsely concluded that this sovereignty has no limits either in the external aspect nor in regard to internal human actions.

 

If Newman vigorously rejected worldliness  from the time he was young, even to the extent of isolating himself from many customs of his colleagues, when he was older he challenged the narrow minds of those who intended to benefit the Church in detriment of its relations with other religions.

 

 

Conclusions

 

First:

The continuity of Newman’s thought in constant development is shown in his comments on the separation of civil and religious authorities.

 

Second:

From an historical perspective, the Irish situation made Newman reflect about these issues. In his youth, he understood the right of all citizens to participate in Parliament, no matter what religion they professed. Later, when he became a Catholic, he understood that the freedom of every citizen should be respected, whether this person was a soldier or an ecclesiastical authority.

 

Third:

Dogmatic and general moral teachings serve as a guide for everyone. In everyday life, each person must make his/her own decisions guided by theoretical norms in relation to a concrete problem.

 

Fourth:

When a person, besides being an authority, acts as a citizen, he/she should respect the rights and obligations of all citizens. He/she may express his/her opinions about civil or religious matters, but not as an authority. Every citizen must take responsibility for his/her own acts without involving third parties. If a bishop of a diocese votes for a certain political party, no one else has to know or even more, imitate him.

 

Fifth:

According to these principles, Newman rejected the confessional state for a country. In a confessional state, there would be discrimination against those who do not share the same faith as the government. Furthermore, aggression against the right to freedom of religion could be fostered.

 

Sixth:

Newman’s concern about moral issues led him to write about abuses of true freedom. A free person knows how to relate to reality. A worldly person attempts to reconstruct reality for personal advantage. An ultramontane tries to universalize her/his vision of reality.

 

Seventh:

Worldliness is associated with a lax conscience just as ultramontanism is associated with a scrupulous one. In the former case, religious goods are considered subordinate to temporal goods by the conscience while in the latter, the conscience is willing to sacrifice important temporal goods for the sake of a religious ideal that may not be all that relevant.

 

Eighth:

Worldliness seeks efficiency, immediate results and gratifications in accordance with pragmatism, superficiality and comfort. Ultramontanism forgets the importance of historical realities.

 

Ninth:

Both these deformations of the soul are overcome by a right conscience, which is personally responsible for the use of  freedom in making decisions, both common and spiritual ones.

 

Tenth:

Truly free decisions conscientiously search for and achieve harmony between the temporal and the eternal. This is the teaching that Newman offered to his contemporaries in Oxford and in Birmingham. He fulfilled his ministry of preaching and teaching in a way that is still applicable.

 

[1] Cf. NEWMAN, J. H., Carta al Duque de Norfolk, Rialp, Madrid 1996, pp. 33-35.

[2] Cf. NEWMAN, J. H., Carta al Duque de Norfolk, Rialp, Madrid 1996, p. 108

[3] NEWMAN, J. H., Carta al Duque de Norfolk, Rialp, Madrid 1996, p. 111.

[4] Cf. ARISTÓTLE, Éth. Nic.

[5] Cf. NEWMAN, University Sermon VIII, n. 6 & ss.

[6] Cf. NEWMAN, J. H., Carta al Duque de Norfolk, Rialp, Madrid 1996, pp. 110-111.

[7] NEWMAN, J. H., University Sermon VII, n. 8.

[8] NEWMAN, J. H., University Sermon VII, n. 9.

 

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JOHN HENRY NEWMAN

Cronologí­a de su vida y obras

Rosario Athié[1]

John Henry Newman nació en la ciudad de Londres, Reino Unido, el 21 de febrero de 1801. Es el mayor de seis hermanos, hijos del banquero John Newman y de Jemima Fourdrinier, quienes los bautizaron en la Iglesia Anglicana.

El primero de mayo de 1808 ingresa en la Escuela de Ealing, donde el director del plantel lo consideró el mejor alumno que hubiera pasado por sus aulas.

El 8 de marzo de 1816 su padre sufre una crisis financiera que le obligó a vender sus posesiones y reducir considerablemente el gasto familiar.

Durante el curso escolar de 1816, Newman recibió la influencia evangelista del Rev. Mayers y experimenta una profunda conversión espiritual en la que decide tomarse en serio su relación con Dios, definiendo que lo único importante para él a partir de ese momento serí­a Dios y su alma.

El 14 de diciembre de ese mismo año se matricula en Trinity College, Oxford, con gran esfuerzo por parte de su familia. Su padre tení­a la ilusión de que su hijo mayor fuera abogado. Cursó bien sus estudios pero decide hacerse clérigo anglicano y dejar la abogací­a y continuó sus estudios en el mismo College.

El 12 de febrero de 1822 es elegido Fellow de Oriel College pues quienes lo eligen consideran su gran talento. Este cargo académico le facilitó los medios económicos que necesitaba, le acercó a un grupo de intelectuales destacados en el ámbito filosófico y teológico de Oxford y le ofreció el medio para influir positivamente en sus alumnos.

El 16 de mayo de 1824 trabajó temporalmente en la parroquia de San Clemente, con el fin de darse cuenta en qué consistí­a el trabajo propio de un clérigo.

El 13 de junio de 1824 recibe la ordenación diaconal en la Iglesia Anglicana. En septiembre de ese mismo año muere su padre a consecuencia de las preocupaciones económicas. Newman se hace cargo de sacar adelante los estudios de sus hermanos y el sustento de su madre y sus hermanas.

En 1825 colaboró con artí­culos sobre Cicerón, los milagros y Apolonio de Tyana para la Enciclopedia Metropolitana, en medio de su trabajo pastoral y docente. El 29 de mayo de ese mismo año es ordenado sacerdote anglicano. A pesar de la costumbre de la clerecí­a anglicana de tomar esposa, y particularmente en esos momentos, él decide dedicar su tiempo y su corazón por completo al ministerio viviendo el celibato por el Reino de los Cielos.

El 21 de marzo de 1826 fue nombrado Tutor de Oriel College, con un mejor sueldo y una mayor influencia académica entre sus colegas y alumnos.

Entre los meses de octubre y noviembre de 1827 le aqueja una grave enfermedad que le hace temer por su vida. Al año siguiente, el 5 de enero de 1828, muere repentinamente su hermana menor, Mary, de un apendicitis. John Henry tení­a gran afinidad con ella por lo que sufrió más que con la muerte de su padre.

El 8 de diciembre de 1832 se embarca hacia Italia con los Freud, padre e hijo. De esta manera conoce Roma y otros lugares de interés, impresionándole grandemente la solidez que manifestaba la Iglesia Católica Romana aun en sus edificios. Permanece en Italia varios meses donde enfermó de nuevo. Volvió a Inglaterra decidido a dar solidez doctrinal a la Iglesia Anglicana. Su amigo Hurrell Frued pertenecí­a a la High Church[2], por este motivo él rezaba el breviario de los sacerdotes católicos, siendo sacerdote anglicano, pues ambos amigos tení­an un gran deseo de promover una liturgia más piadosa. Hurrell murió al poco tiempo y le heredó a Newman su breviario.

El 14 de julio de 1833 fundaron el Movimiento de Oxford, Newman, John Keble y Edward B. Pusey. El modo como dieron difusión a sus propuestas fue publicando unos pequeños folletos llamados Tract of the Times. Ellos los miembros del Movimiento daban a conocer de manera sencilla las conclusiones de sus investigaciones teológicas. Estas publicaciones duraron hasta 1841.

El 8 de julio de 1833 Newman publicó su primera obra: Los arrianos del siglo IV, lo que muestra sus investigaciones sobre los debates sobre temas cristológicos y las respuestas a las herejí­as basado en el estudio de los Primeros Padres de la Iglesia.

Entre los años 1834 y 1834 trabajó en una explicación sobre la verdadera Iglesia de Cristo. La solución dada en La ví­a media de la Iglesia Anglicana era que la Iglesia original tení­a tres ramas: la Anglicana, la Ortodoxa y la Católica Romana.

Los sermones compendiados bajo el tí­tulo Parroquial and Plain Sermons los escribió entre los años 1834 y 1842, en los que se recoge su predicación como párroco de la Iglesia de St. Mary’s en Oxford, cargo que ocupó desde 1827. Este nombramiento era un reconocimiento, no sólo a su ministerio, sino a su capacidad intelectual pues sus sermones debí­an tener una alta calidad académica. La parroquia atendí­a tanto a los miembros del claustro de la Universidad de Oxford, como a los habitantes de las poblaciones de Oxford y Littlemore, de humilde condición.

En 1838 publicó dos obras que también eran compendio de su trabajo académico: Lectures on Prophetical Office of the Church y Lectures on Justification.

Con la guí­a del estudio y profundización de los escritos de los Primeros Padres de la Iglesia, Newman fue dándose cuenta que la Iglesia Anglicana no habí­a conservado í­ntegro del depósito de la fe que habí­a recibido la Iglesia primitiva, por lo que pasó por una crisis respecto a sus convicciones religiosas entre los años de 1839 y 1841, lo cual comenzó a vislumbrarse en sus escritos, particularmente en los Tract. Hasta que al escribir el Tract 90 recibió amonestaciones de parte de su obispo.

En abril de 1842 le pidió permiso a su obispo de pasar una temporada de oración y estudio y se retira a Littlemore, a nueve kilómetros de Oxford donde, con un grupo de amigos que pasaban por una situación similar, conforma una especie de comunidad. Mientras tanto, muchos de sus alumnos que habí­an seguido el proceso intelectual de su profesor, avalado por la profundizar en la doctrina de los Padres de la Iglesia, habí­an decidido incorporarse a la Iglesia Católica Romana.

En Littlemore pasó Newman más de tres años. Ahí­ escribió Los sermones universitarios y Ensayo sobre los milagros en 1843. El 18 de septiembre él es removido de su cargo como párroco de St. Mary’s.

El año de 1844 fue un año muy atormentado, pues teniendo claro desde el punto de vista teológico que la única Iglesia que habí­a conservado í­ntegra la doctrina de Cristo era la Iglesia Católica Romana, mantení­a una serie de objeciones sobre las prácticas piadosas y el papado. Ese mismo año escribió y publicó La vida de los santos ingleses.

Un trabajo de investigación notable durante sus años en Littlemore fue El desarrollo del dogma, en el que fue mostrando la unidad entre el depósito de la fe y la necesidad de definir dogmas por motivos pastorales concretos, de manera que se fueran aclarando con precisión lo que la Iglesia ha creí­do desde el principio. Este trabajo resultó ser también una aportación para la Iglesia Católica Romana en el ámbito de la Teologí­a y concretamente sobre la Eclesiologí­a y la Dogmática. Terminó el libro en 1845.

El 8 de octubre de 1845 recibió en Littlemore la visita de Domenico Barberi, sacerdote Pasionista italiano. Newman habí­a despejado ya toda duda y le pidió que escuchara su confesión general y en los albores del dí­a 9 de octubre hizo la profesión de fe en la Iglesia Católica Romana. El 22 de febrero se trasladó a Oscott, Maryvale, donde se encontraba el obispo Wiseman para ponerse a sus órdenes y entregarle su escrito sobre el desarrollo del dogma con la disposición de que le objetaran, sin embargo su investigación no tení­a ningún inconveniente respecto a la fe católica. El obispo lo envió a estudiar a Roma, al Colegio de Propaganda Fidei junto con Ambrose Saint John, amigo suyo converso que habí­a compartido sus dí­as de estudio en Littlemore. La estancia en Roma fue de unos meses entre 1846 y 1847 con el fin de que completaran los estudios necesarios para recibir el orden sagrado. Newman se encontró con que sus estudios teológicos no eran superados por sus profesores y sólo con un jesuita halló con quien debatir.

El 30 de mayo de 1847 recibió la ordenación sacerdotal y celebró su primera Misa. El Papa Pio IX le sugierió que fundara en Inglaterra el primer Oratorio de San Felipe Neri, por lo que también pasó una temporada como novicio. Se trata de sacerdotes seculares, sin votos, que viven en comunidad para rezar y trabajar pastoralmente juntos. Este estilo de vida coincidí­a con lo que Newman habí­a vivido en los college de Oxford y en Littlemore. Una vez que estudió y adaptó los estatutos del Oratorio se trasladó a su paí­s.

El dí­a 1º de febrero de 1848 fue la fecha de fundación del Oratorio de San Felipe Neri en Maryvale. Al año siguiente se trasladó con otros sacerdotes a Birmingham. Poco después publicó la novela Perder y ganar en la que, con notas autobiográficas, narra la conversión de un estudiante de Oxford.

Su obra Discourses Addressed to Mixed Congregations la publicó en 1849. Ese mismo año inicia otro Oratorio en Londres. En 1850 recibe una llamada de atención de parte de la jerarquí­a católica por un mal entendido que le hizo sufrir mucho. A pesar de todo, publicó también Lectures on Difficulties Felt by Anglicans y Lectures on Present Position of Catholics in England.

Los obispos irlandeses solicitaron a Newman que promoviera la primera universidad católica en esa Isla. A manera de preparación, dictó nueve conferencias sobre su propuesta educativa sobre la naturaleza y fin de la universidad. Dichas conferencias las pronunció sucesivamente entre el 2 de noviembre de 1851 y el 12 de noviembre de 1958. El tí­tulo que los compendia es Discourses on Scope and Nature of University Education, que constituyen la primera parte de lo que más tarde tituló Idea of a University. Newman fue el Rector de la Universidad Católica de Irlanda a partir de 1854 y se retiró en 1858. Los Office and Works of University los escribió entre 1854 y 1858. En 1856 publicó su segunda novela, Callista: A Sketch of the Third Century en la que expone la vida y las dificultades por las que pasaron los primeros cristianos.

En 1857 publica Sermons Preached on Various Occasions. En los dos años siguientes, 1858 y 1859, sufrió una serie de problemas por artí­culos publicados en la revista Rambler, de la que fue Editor ese último año. Entonces publicó también lo que serí­a la segunda parte de Idea of a University: Lectures and Essays on Uniersity Subjects, así­ como otro compendio de estudios teológicos: On Consulting the Faithful in Matters of Doctrine.

A partir de las dificultades en la revista, tomó la decisión de pasar oculto. Así­ se conocen sus años de silencio entre 1859 y 1864 hasta que las acusaciones públicas a su persona y sus correligionarios de parte de Charles Kingsley le obligaron a hacer también una pública defensa. Escribió por este motivo una serie de folletos en los que narraba la historia de sus convicciones religiosas y, en consecuencia, su personal proceso de conversión en el que hací­a ver su rectitud de intención en la búsqueda de la verdad. El resultado de este trabajo agotador, porque en ocasiones escribí­a hasta 18 horas seguidas, fue su Apologia pro vita sua, que le ganó la simpatí­a de muchos anglicanos de buena voluntad. Pero también dio pié a la serie de controversias que tuvo que mantener con miembros de la Universidad de Oxford.

En 1866 publica El sueño de Gerontio en el que habla de la muerte y la vida eterna. Entre los años 1868 y 1870 reflexiona sobre la certeza de la fe hasta la publicación de su Gramática del asentimiento, en el que explica el proceso gnoseológico por el cual se llega hasta el acto de fe.

En 1872 publica Historical Sketches y al año siguiente le publican la versión definitiva de The Idea od a University, Defined and Illustrated.

El año de 1874 lo dedica a hacer una detallada revisión de todas sus obras y escritos. En 1875 debe enfrentar a una nueva controversia con Gladstone. El fruto de tal polémica fue su obra sobre la conciencia: Letter to the Duke of Norfolk.

Después de una vida en los que tuvo que enfrentar tantas controversias y dificultades, recibió el reconocimiento que mayor alegrí­a habrí­a de traerle, como Fellow Honorario de Trinity College, donde habí­a sido estudiante cincuenta años atrás, lo que le dio la oportunidad de volver a su amado Oxford con el reconocimiento de sus antiguos amigos y colegas.

Otro merecido reconocimiento le otorgó la Iglesia a la que habí­a servido la segunda mitad de su vida y el 12 de mayo de 1879 el Papa León XIII entrega su primer palio cardenalicio en la persona de Newman, nombrándolo cardenal diácono, tí­tulo honorí­fico por sus méritos pero no ejerció como tal ni se quedó a vivir en Roma. Su lema fue Cor ad cor loquitur.

En 1884 publicó Obligations of Catholics Concerning the Inspiration of Scripture.

Pasó sus últimos años en el Oratorio que él fundó en Birmingham y muerió, siendo ya muy anciano, el 11 de agosto de 1890. Se le enterró en Rednal, a las afueras de donde vivió tantos años en servicio de los intelectuales y de los más pobres. Su epitafio dice: Ex umbris et imagí­nibus in veritatem (Pasó de las sombras y las imágenes a la Verdad).

En 1991 fue declarado Venerable por Juan Pablo II, una vez que se comprobó que John Henry Newman habí­a vivido heroicamente todas la virtudes. En el año 2005 se le atribuyó y confirmó el milagro de una curación en la ciudad americana de Boston. El 19 de septiembre de 2010 será beatificado por el Papa Benedicto XVI en Inglaterra en medio de gran expectación dado que supone un acontecimiento histórico para la Iglesia Católica en Gran Bretaña.

[1] Profesora de Filosofí­a de la Educación en la Universidad Panamericana (Guadalajara, México), Miembro de la Asociación Española de Personalismo y de la Newman Association of America (USA), Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (México).

[2] Dentro de la Iglesia Anglicana existen tres tendencias: la High Church, que son los anglicanos catolizantes, sin ser “romanos”; la Low Church, con una clara tendencia protestante; y aquellos anglicanos que viven una religiosidad oficial.

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Comunicado

22 de octubre 2017

 

En esta fecha, 22 de octubre de 2017, Doña Helena Ospina entregó su alma a Dios, después de una vida plena como esposa, madre de familia, abuela, poeta, profesora universitaria, incansable promotora de la cultura.

Desde los inicios del Círculo Newman, Doña Helena fue una entusiasta promotora de la persona y pensamiento de John Henry Newman. Participó en el primer Coloquio Internacional John Henry Newman, sus fuentes y comentadores, con una ponencia sobre la educación universitaria. Esta primera edición se llevó a cabo en la ciudad de Guadalajara (México) del 8 al 10 de octubre del 2015. Sus reflexiones quedaron impresas en el libro John Henry Newman, y su legado en filosofía, teología, literatura y educación. Su aportación no sólo consta como autora, sino que gracias a su empeño el libro también llevó el sello editorial del PROMESA, editorial que ella fundó y dirigió impulsando la difusión de títulos de gran valía.

Cuando se convocó la segunda edición del Coloquio, que se llevó a cabo en octubre de 2017, Doña Helena en seguida respondió enviando su abstract y más tarde el texto completo. Fue especialmente notable su empeño por estar presente entre nosotros en la última edición, a pocos días de que Dios dispusiera llevarla consigo. En septiembre llamó para manifestar su disposición de desplazarse desde San José de Costa Rica a la ciudad de Talca (Chile) donde se celebró. Dado su estado de salud se le ofreció la opción de que se leyera su ponencia durante el evento, lo que aceptó agradecida.

No podemos omitir nuestra admiración por el entusiasmo con que Doña Helena acogió la iniciativa de promover en el mundo intelectual la figura y el pensamiento de este gran hombre, auténtico inglés, agudo pensador de probada coherencia de vida.

Estamos seguros que ella seguirá apoyándonos. Por nuestra parte, la hemos nombrado

Miembro Fundador Honorario del Círculo Newman

Hemos lamentado ciertamente su partida, pero nos consuela saber que ella sigue entre nosotros en este afán por difundir la verdadera cultura, que cultiva del pleno desarrollo de las personas y los pueblos.

 

Rosario Athié

Luis Mauricio Albornoz Olivares

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Estimados Autores, Directores de Colecciones, Colaboradores y Amigos:

Les comunico el fallecimiento de nuestra Directora, Helena Ospina de Fonseca, ayer Domingo, Día de San Juan Pablo II.

Doña Helena tenía una fortaleza en Dios inquebrantable. Siempre fue ejemplo de trabajo y perseverancia. Visualizaba su misión en la Editorial como un servicio al mundo cultural: “A los artistas: ¡que resplandezcan como antorchas en el mundo, reteniendo y esculpiendo la expresión que da vida!”.

La vela se realizará a partir de hoy a las 10 am. en la Funeraria Jardines del Recuerdo en los Yoses, y el funeral será mañana martes 24 a las 11 am. en el Templo Votivo del Sagrado Corazón de Jesús, Barrio Francisco Peralta.

“Victoria de Samotracia”

Quiero estar en la proa de Tu nave,

batiendo mis alas al viento,

con el sabor salino de mar abierto,

rompiendo Tu quilla contra las olas,

abriendo Tu infinito con el horizonte,

cargada del vuelo de las gaviotas,

con el espesor marino de Tu aliento.

Y quiero, así, ¡Amor!,

bogar, bogar,

quemando al sol –con prisa y celeridad–

Tu dulce cargamento.

21-I-1991

Crisol. Fuego. Gemas

HELENA OSPINA

Nace en Cali, Colombia, en 1944. Cursa su Enseñanza Primaria en Inglés en el Colegio Bolívar (Cali). Cursa su Enseñanza Secundaria en español en el Sacré-Coeur del Valle del Lili (Cali). Cursa Humanidades en francés en el Sacré-Coeur de Ixelles (Bruselas) y de Historia del Arte en el Sacré-Coeur de Trinitá dei Monti (Roma). En su ciudad natal alterna sus estudios con los de música y piano -con el profesor belga León Simar (Prix de Rome) y su esposa Andre, y los de ballet clásico con el profesor ruso Woronzoff y los
italianos Subelli y Brinatti.

Catedrática de Literatura de la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica. Licenciada en Letras por la Universidad de Costa Rica (Graduación de Honor), con una tesis sobre Paul Valéry y la creación artística -De la Introducción al Método de Leonardo da Vinci hacia una Poética. Bachelor of Science in Languages and Linguistics (B.S.L.L.) (Phi Beta Kappa) por la Universidad de Georgetown, Washington, D.C., con una tesis sobre Mon Faust: De l»idole de l’ntellect à la sagesse du coeur. Diplomada en Humanidades por el Sacré-Coeur de Ixelles de Bruselas (Medalla de Oro). Diplomada en Lengua y Literatura Francesa por la Universidad de Lille, Francia (Grande Distinction). Diplomada en Arte por el Sacré-Coeur de Trinitá dei Monti de Roma (Grande Distinction). Ha sido profesora de Literatura en la Universidad Javeriana, y de Lengua Inglesa y
Francesa en la Universidad de los Andes en Santafé de Bogotá.

Desde 1970 radica en Costa Rica. Ha sido miembro fundador de la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica (1974) y del primer Consejo Editorial de la Revista de Artes y Letras Káñina, Subdirectora de la Escuela de Lenguas Modernas de la Universidad de Costa Rica, miembro del equipo fundacional (1976) del Instituto de Colaboración y Educación Familiar (ICEF) de Costa Rica para la formación de padres de familia, miembro del equipo directivo del Centro de Complementación Educativa de la Junta de Pensiones y Jubilaciones del Magisterio Nacional para la formación de Directivos, Profesores y Orientadores, miembro del equipo fundacional de la Asociación para el Desarrollo Educativo y Cultural (ADEC), Directora del Colegio Iribó, Directora del Servicio Pedagógico de la misma Asociación, y Asesora de los Servicios Pedagógicos de Centroamérica (APDE de Guatemala, APCE de El Salvador, AEF de Honduras y ADEC de Costa Rica).

Ha presentado Ponencias y Comunicaciones en las Reuniones Centroamericanas de Servicios Pedagógicos (1989-95), y en el Congreso Internacional: Educación, Familia y Escuela -Retorno a la Humanización- organizado por la Universidad de La Sabana en Santafé de Bogotá. Impartió la Lección Inaugural en el Seminario «La Mujer y la Cultura Hoy» (1993) en el Instituto Femenino de Estudios Superiores (IFES) de Guatemala, donde dio a conocer su obra literaria: Hacia un concepto de poesía -Una experiencia personal de interrelación entre la Literatura y las Artes.

Autora del libro Mujer, valores permanentes, publicado en el marco del Año Internacional de la Familia por Ediciones Universidad de La Sabana (1994) y presentado en la Feria Internacional de los Angeles: «American Bookseller Association ABA»94». Ha publicado en los últimos veinticinco años numerosos artículos en la prensa y en revistas sobre Familia, Educación y Literatura.

Funda en febrero de 1982, con su esposo, la empresa Promotora de Medios de Comunicación S.A. (PROMESA), especializada en publicaciones sobre Familia y Educación, y lanza en 1991, en coautoría con el poeta guatemalteco, Gustavo González Villanueva, la Colección de Poesía.

Poesía publicada: Ars poetica (1991), Diario de un Mediterráneo (1992), El Cantar de los Cantares (1993), Poiein, génesis del verbo poético (1993), Diálogos, paréntesis y silencios (1993), ¡Abrid las puertas! (1994). Su
poemario Cantata a las Artes fue premiado en el Concurso Literario «Joaquín Gutiérrez M.» en la celebración del XX Aniversario de la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica (1995).

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 Avances del Personalismo Literario en los Congresos de la AEP y AIP

La experiencia integral de Juan Manuel Burgos

Avances del Personalismo Literario

en los Congresos de la AEP y AIP

La experiencia integral de Juan Manuel Burgos

Helena Ospina[1]

[email protected]

 

IV Congreso Iberoamericano de Personalismo

“Personalismo, Justicia y Ciudadanía: nuevos retos”

Organizado por la Asociación Iberoamericana de Personalismo (AIP) y la Asociación Española de Personalismo (AEP)

En colaboración con la Universidad Autónoma del Estado de Puebla UPAEP, Puebla (México) 28-30 de agosto de 2017 

                                                                                             A Juan Manuel Burgos

Resumen

 

En este trabajo pretendo mostrar la experiencia vivencial artística que me llevó a querer plantear un tema de investigación sobre Arte & Persona. Vio su luz en mi infancia. Luego encontré en “la unidad de vida” de San Josemaría su explicación.  Posteriormente lo fui desarrollando hasta que el Personalismo Ontológico Moderno de Juan Manuel Burgos me dio la clave para hacer mi propuesta sobre el Personalismo Literario.

Palabras clave: Personalismo Ontológico Moderno, Juan Manuel Burgos, Personalismo literario, Helena Ospina.

Sumario

            Introducción

  1. El punto de partida: la “experiencia” familiar artística de la infancia.
  2. La “indagación” sobre Arte & Persona: de la experiencia vivida a la “comprensión”.
  3. El “proceso” de “consolidación”: el marco teórico del Personalismo literario.

            Reflexiones finales

 

 

Introducción

            En este trabajo sobre los avances del Personalismo literario en los congresos internacionales de la Asociación Española de Personalismo AEP y de la Asociación Iberoamericana de Personalismo AIP quiero mostrar el itinerario de una “experiencia vital” desde la infancia en el campo artístico que me llevó a la propuesta del Personalismo literario[2]. En este trabajo –gracias a las reflexiones de Juan Manuel Burgos en su libro La experiencia integral del Personalismo Ontológico Moderno (POM)– me centraré en tres aspectos que desarrolla Burgos en este libro sobre la “experiencia”, la “comprensión” y la “consolidación” para intentar dar razón de la riqueza que suponen para la creación artística.

 

  1. El punto de partida: la “experiencia” familiar artística de la infancia

Al poeta y crítico anglosajón Thomas Stearns Eliot (1888-1965) le gustaba afirmar que la cultura se cuaja en la familia[3]. El inicio de mi propuesta del Personalismo en las artes y en  las letras se halla en las disciplinas de la música y del ballet clásico que mis padres fomentaron desde temprana edad (de los cinco a los diecisiete años) en mi ciudad natal de  Cali, Colombia. Mi primera “experiencia” artística fue la de la “armonía”. Así había definido mi tío abuelo, el padre Eduardo Ospina SJ, la belleza –la belleza como armonía–, cuando una enciclopedia filosófica le pidió que clarificara este término[4]. Esta vivencia artística desde la infancia la he relatando en varios trabajos, especialmente en el ultimo presentado en el 2016, Cracovia: “Una poética de la unidad entre arte & persona. El papel que juegan las artes y la literatura en la formación personal del artista[5].

 

  1. La “indagación” sobre Arte & Persona: de la experiencia vivida

      a la “comprensión”.

 

Mi itinerario vital tenía que plantearse la “comprensión” de dicha “experiencia”. La primera certeza vino cuando en 1973 capté la noción y la realidad de “la unidad de vida” de San Josemaría Escrivá. En 1978, cuando inicié mis estudios sobre Orientación Familiar en el antiguo Instituto de Ciencias de la Educación (hoy día Instituto de Ciencias para la familia en la Universidad de Navarra, Pamplona, España) capté cognitivamente la razón de ser de mí intuición sobre la armonía que ha de existir entre el pensar y el obrar. La lección de mi tío abuelo –considerado un gran humanista latinoamericano, quien había obtenido su doctorado en Arte por la Universidad Ludwig Maximilians Universitat en Munich, en el año 1927 bajo la dirección del Maestro Karl Vossler– me confirmó que  la virtud artística no podía estar desligada de una vida íntegra[6].

 

 

  1. El “proceso” de “consolidación”: el marco teórico del Personalismo literario.

 

Empecé a dar a conocer mis trabajos en universidades nacionales e internacionales, para proseguir mi investigación sobre Arte y Persona. Presenté mi primer documento en año 1996 en el IV Congreso “Cultura Europea”, organizado por el Dr. Enrique Banús, director del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Navarra. Esta investigación apuntaba directamente hacia una “poética de la unidad” entre la persona y su acción creadora: “Implicaciones de la noción y de la realidad de la ´unidad de vida´ de Josemaría Escrivá en la persona y en el artista”[7]. En el V Congreso de 1998 hablé sobre “Persona y cultura. La inculturación de la fe: crisis y desafío para el tercer milenio”[8]. En el VI Congreso del 2000, año del Gran Jubileo, analicé la Carta a los artistas de Juan Pablo II[9].

 

La vinculación académica más importante fue la del Seminario Permanente Interdisciplinario sobre “Poética & Cristianismo” que celebra sus Congresos Internacionales cada dos años en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma. En el año 2005 relaté, en mi trabajo sobre “Arte y Persona en Victoria Ocampo (1890-1979)”[10] el drama interior que vivió esta escritora argentina, el puente cultural más importante entre América Latina y Europa, a través de su editorial Sur. Su drama consistió en elegir entre la perfección de la obra literaria de Tagore y la plenitud de vida de Gandhi. Prefirió la santidad de vida de Gandhi.          En el 2007 preparé un trabajo sobre Arte & Persona en  la escritora norteamericana Flannery O´Connor (1925-1964)[11].  En el 2009 di a conocer “la poética personalista de la unidad” en el escritor ruso Pável Florenski[12].

 

En estos Congresos de Poética & Cristianismo, el profesor Juan José García-Noblejas nos explicó la importancia del signo “&”. Se trata de ir vertebrando la Poética de Aristóteles con las manifestaciones culturales existentes. Adopté, desde entonces, el signo “&” para referirme a mi grupo de investigación sobre Arte & Persona.

 

En el 2005 se iniciaron en la Academia Colombiana de la Lengua los Coloquios Internacionales de “Literatura Hispanoamericana y sus Valores, de la Universidad de La Sabana (Chía, Colombia), organizados por el profesor Bogdan Piotrowski. Mi primer trabajo versó sobre mi tío abuelo, el padre Eduardo Ospina SJ[13]. Algunos trabajos que presenté en estos Coloquios y que fueron publicados en las respectivas Actas aparecen en el Anexo al final de este trabajo.

 

Estos Coloquios de la Universidad de la Sabana sirvieron de inspiración para los Encuentros Mesoamericanos “Escritura-Cultura” que coordiné para la Universidad de Costa Rica del año 2006 hasta el 2014. Se estableció un Convenio entre las dos universidades. Los Coloquios y nuestros Encuentros estaban en plena sintonía. Los Coloquios tenían como objetivo: los valores; y los Encuentros: la centralidad de la persona en la cultura: “Persona es cultura y cultura es persona”. Así fue como el poeta de la Antigua Guatemala, el padre Gustavo González Villanueva, miembro del Comité Científico de los Encuentros definió el Norte de ellos. Los Coloquios[14] se celebraban cada año, alternando la sede entre la Academia Colombiana de la Lengua y otra universidad extranjera. Los Encuentros se llevaban a cabo en el Instituto de México de la Embajada de dicho país en San José. Muchos críticos literarios y miembros de las Academias de la Lengua empezaron a participar. El Dr. Bruno Rosario-Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua, nombró como miembros de la misma a Gustavo González Villanueva (guatemalteco), Helena Ospina (colombo-costarricense), Conny Palacios (nicaragüense), y Bogdan Piotrowski (polaco radicado en Colombia, vinculado al Instituto Caro y Cuervo).

 

También se suscribió un convenio entre la Universidad de Costa Rica y la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma. Los Coloquios de Colombia, los Encuentros de Costa Rica, y los Congresos Internacionales de Poética y Cristianismo  de Roma facilitaron el intercambio entre profesores y alumnos. La riqueza de estos eventos propició la apertura –tanto de la creación artística como la de la crítica literaria– hacia una visión personalista y trascendente. Releyendo las Actas de los Coloquios, de los Encuentros, y de los Congresos Internacionales, me he dado cuenta que contamos ya con un corpus de creación artística y crítica literaria que sigo estudiando, para continuar desarrollando las claves propuestas en dichas actividades académicas, para el planteamiento del Personalismo Literario.

 

En el año 2011 asistí al I Congreso Iberoamericano de Personalismo y Psicología AIP (VII Jornada de la Asociación Española de Personalismo AEP) que se celebró en la Universidad Galileo de la ciudad de Guatemala. Allí presenté mi primer trabajo sobre el “Personalismo en las Letras y en las Artes: Entender la literatura en clave personalista[15].

 

Cada año seguí presentado trabajos con mis colegas en estos Congresos Iberoamericanos de Personalismo. Me hice miembro de la Asociación Española de Personalismo. En el 2014, el Dr. Juan Manuel Burgos, presidente de la AEP –quien se encontraba en Costa Rica por motivos de otro Congreso– me visitó en la sede de mi Editorial PROMESA (Promotora de Medios de Comunicación S.A.), para preguntarme si quería ser la coordinadora del área de Literatura y Estética de estos Congresos Iberoamericanos. Acepté el reto. Me motivaba la certeza de la confluencia que compartíamos sobre la visión personalista de la unidad entre la persona y su acción. El Dr. Burgos ha estado explorando desde hace muchos años la obra de Karol Wojtyla como filósofo y el planteamiento que hace sobre Persona y Acción.[16]

 

Mi visión sobre el arte se fue “clarificando” en las actividades académicas  de  universidades y asociaciones que permitieron la paulatina “exploración” de la “Poética de la unidad” presente en mi tema de investigación sobre Arte & Persona. En mi libro El anhelo de belleza. La búsqueda de una poética de la unidad, en el Proyecto Interdisciplinar de las Artes (PIA) de Promesa. Una experiencia estética[17]relaté ampliamente el proceso de “consolidación” de dicha propuesta sobre Arte & Persona para el Personalismo literario.

 

Mi vocación artística inicial del piano y del ballet se abrió a la de la poesía en el año 1990, gracias a mi mentor, el Padre Gustavo González Villanueva. Él descubrió en mí esta cantera que empecé a trabajar, gracias a la lectura de su prolífica obra poética. Cuando era estudiante universitaria en la Catholic University of America (1963) cursaba la carrera de sociología. Mi profesora de literatura me dijo que esa profesión  no era la mía, que tenía vocación literaria y que me fuera a estudiar a Georgetown University. Seguí su consejo y allí me permitieron ingresar al seminario doctoral sobre el poeta francés Paul Valéry, quién me dio el primer estrato de mi trilogía poética sobre el esplendor de la belleza[18]: Splendor formae. Valéry insistía en que la forma de la poesía  tenía que ser “pura” (en el sentido de “químicamente pura”), alejada lo más posible de la prosa. El segundo peldaño de mi trilogía, Splendor Personae, se inspiró en La Ciencia de la Cruz  de Edith Stein: el esplendor de la poesía era el resplandor de la presencia de una Persona en el poeta (el “Ipse Christus” paulino). El tercer peldaño de  mí trilogía, Splendor gloriae, se inspiró en la estética del filósofo Alfonso López Quintás.  Comprendí que el arte tenía una finalidad trascendente, y por eso puse a mi  título inicial, el subtítulo: Estética de una belleza esponsalicia. Siempre he estado convencida de la afirmación de Dámaso Alonso sobre San Juan de la Cruz: es el poeta más santo y el más santo de los poetas. Mi tío abuelo, el padre Ospina, concebía  la poesía como “cristalización del alma”.

 

 

 

Reflexiones finales

 

            Con González Villanueva aprendí que la poesía era vida vivida. Era “experiencia” vital e integral, donde la unidad  de fondo y forma de la poesía refleja, para mí, la unidad corpórea–espiritual de la persona humana. Allí estaba la “consolidación” de mi Arte & Persona. La lectura del último libro de Juan Manuel Burgos, La experiencia integral, me afianzó  “el punto de partida” de la “experiencia” artística; me sustentó mi “indagación” sobre esta unidad; y me facilitó el proceso de “consolidación” para el marco teórico del Personalismo literario.

 

ANEXO 

Congresos “Cultura Europea” (Universidad de Navarra, España)

 

  1. Arte y persona: Implicaciones de la noción y de la realidad. ‘unidad de vida’ de José María Escrivá en la persona y la obra del artista”. Actas del IV Congreso “Cultura Europea”. Enrique Banús y Beatriz Elio. Pamplona: Universidad de Navarra, 1998.1259-1269.Impreso.
  2. “Persona y cultura”. La inculturación de la fe: crisis y desafíos para el tercer milenio. Actas del V Congreso “Cultura Europea”. Eds. Enrique Banús y Beatriz Elio. Pamplona: Universidad de Navarra, 2000.369-379. Impreso.
  3. “John Paul II’s Letter to artists: The Cultural Implications. Actas del VI Congreso “Cultura Europea”. Eds. Enrique Banús y Beatriz Elio. Pamplona: Universidad de Navarra, 2002.1037-1049.Impreso.
  4. Memoria e identidad: la respuesta de Juan Pablo II para la cultura”. Actas del VIII Congreso “Cultura Europea”. Centro de Estudios Europeos, Universidad de Navarra. Dir. Enrique Banús. Pamplona: Editorial Aranzadi, 2009.83-94.Impreso.

 

 

Congresos de Poética & Cristianismo (Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma)

 

  1. Camino: una guía de audición  para los artistas. Concierto para pino nº1 en sol mayor, op. 999”. Creatividad artística. Artistic Cretivity, Congreso Internacional. “La  grandeza de la vida ordinaria”. Hans Thomas. Roma: Edizioni Università della Santa Croce, 2002 . 105-128 Impreso.
  2. “Arte y persona en Victoria Ocampo (1890-1979)”. Il ritorno a casa. Poetica & Cristianesimo. Ed. Rafael Jiménez Cataño, Roma: Edizioni Università della Santa Croce, 2005. 375-383. Impreso.
  3. “Art & Person in Flannery O’Connor: A life time Endeavor”. Fuster y J. Wauck, Ragione, Fiction e Fede. Convegno internazionale su Flannery O’Connor. Roma: EDUSC, 2011. 305-312. Impreso.
  4. “Pável Florenski: una poética personalista de la unidad”. Scrittori del Novecento e Mistero Cristiano. Poetica & Cristianesimo. Universidad de la Santa Cruz. A cura di Enrique Fuster, John Wauck. Roma: EDUSC, 2013. 347- 355. Impreso.

 

 

Coloquios internacionales “Literatura hispanoamericana y sus valores” (Universidad de La Sabana, Colombia)

 

  1. Poesía y vida en la persona y en la obra del Padre Eduardo Ospina SJ”. Literatura hispanoamericana y sus valores. Actas del I coloquio internacional. Bogdan Piotrowski. Chía, Colombia: Universidad de La Sabana, 2006. 309-320.Impreso.
  2. “Marta y María en la poesía: un coloquio con David Mejía Velilla”. La verdadera poesía no es evasión. Homenaje a David Mejía Velilla. Bogdan Piotrowski. Chía, Colombia: Universidad de La Sabana, 2006. 133-140.Impreso.
  3. Mi trilogía poética sobre el esplendor de la belleza –Splendor Formae, Splendor Personae, Splendor Gloriae– a la luz del pensamiento de Edith Stein”. Miradas axiológicas a la literatura hispanoamericana. Actas del II Coloquio Internacional “Literatura hispanoamericana y sus valores”. Bogdan Piotrowski Chía, Colombia: Universidad de La Sabana, 2007. 355-372.Impreso.
  4. Eros y ágape en la poesía de Ernestina de Champourcin”. Personaje literario hispanoamericano como un valor. Actas del III Coloquio Internacional “Literatura hispanoamericana y sus valores”. Bogdan Piotrowski Chía, Colombia: Universidad de La Sabana, 2008. 235-246.Impreso.
  5. “Arte & Persona en Bartolomé Lloréns (1922-1947)” Ficción y valores en la Literatura Hispanoamericana. Actas del IV Coloquio Internacional “Literatura hispanoamericana y sus valores”. Bogdan Piotrowski Chía, Colombia: Universidad de La Sabana, 2009. 103-118.Impreso.

 

  1. “El hermano Pedro de San José de Betancur: la propuesta de santidad como belleza liberadora, Actas del VI Coloquio Internacional “Literatura hispanoamericana y sus valores”. Bogdan Piotrowski Chía, Colombia: Universidad de La Sabana, 2010.

 

 

Encuentros Mesoamericanos “Escritura-Cultura (Universidad de Costa Rica)

 

  1. “El destierro de la belleza”. Actas del II encuentro Mesoamericano “Escritura-Cultura”. Clásicos-Contemporáneos-Inéditos. Ed. Helena Ospina. San José: Promesa, 2008.21-30.Impreso.
  2. “La naturaleza del discurso poético: grados de ‘poeticidad’ según Pável Florenski en Poema del sueño y del viaje de la mamá buena de Gustavo González Villanueva”. Actas del III encuentro Mesoamericano “Escritura-Cultura”. Clásicos-Contemporáneos-Inéditos. Ed. Helena Ospina. San José: Promesa, 2009.284-303.Impreso.
  3. “Un alto en el camino de la belleza”. Actas del V encuentro Mesoamericano “Escritura-Cultura” y del III  Coloquio “Escritoras y Escritores Latinoamericanos”. Helena Ospina. San José: Promesa, 2011.36-40.Impreso.
  4. Arte & Persona: la búsqueda de una poética de la unidad”. Actas del V Encuentro Mesoamericano “Escritura-Cultura” y del IV Coloquio “Escritoras y Escritores Latinoamericanos”. Helena Ospina. San José: Promesa, 2011. 126-138.
  5. Quesada, Gabriel “Hacia una mirada personalista de la literatura”. Actas del VII Encuentro Mesoamericano “Escritura-Cultura. Universidad de Costa Rica. Ed. Helena Ospina. San José: Promesa. 2013.

 

 

Congresos  Internacionales  “La Palabra en la Educación. Teoría y didáctica de la lengua y la literatura”, (Universidad Abat-Oliba, Barcelona )

 

  1. Ospina, Helena. “Entender la literatura en clave personalista”, I Congreso sobre “La Palabra en la Educación. Teoría y didáctica de la lengua y la literatura”. Universidad Abat-Oliba CEU. Barcelona, 2012. En H. Ospina y G. Quesada (Eds.). Literatura y personalismo: una mirada profunda, San José: Promesa, 2014. 19-33.
  2. Quesada, Gabriel. “Hacia una mirada personalista”, I Congreso sobre “La palabra en la educación. Teoría y didáctica de la lengua y la literatura”. Universidad Abat-Oliba CEU, Proyecto PROSOPON, Barcelona. En H. Ospina y G. Quesada (Eds.). Literatura y personalismo: una mirada profunda, San José: Promesa, 2014. 117-127.
  3. Quesada, Gabriel. “David Mejía Velilla y El pequeño Eliot: Una reflexión personalista en lenguaje estético. En H. Ospina y G. Quesada (Eds.). Literatura y personalismo: una mirada profunda, San José: Promesa, 2014.129- 168.

 

Conferencias

 

“Arte & Persona en Eduardo Ospina”, Conferencia pronunciada en el Instituto Caro y Cuervo, Yerbabuena, Colombia (19-V-1997).

 

 

Libros

 

  1. ¿Arte o Santidad? El drama interior de Victoria Ocampo: Testimonios de búsqueda de “la unidad de vida” en la literatura autobiográfica femenina. San José: Promesa, 2006.
  2. Campo Cuajado: Apuntes sobre Arte y Persona. Introducción de Alfonso López Quintás. San José: Promesa, 2010.

[1] Catedrática de Literatura (Universidad de Costa Rica), Miembro de la Academia Dominicana de la lengua y de la Asociación Española de Personalismo AEP y Coordinadora del Área de Literatura y Estética en los Congresos Iberoamericanos  de Personalismo AIP.

[2] Madrid: Ediciones Palabra, 2015.

[3] Cfr. Helena Ospina, “La familia como punto de convergencia entre lenguas y culturas”, ponencia presentada en el III Congreso Internacional de Lenguas Modernas: “Convergencia de lenguas y culturas”, Universidad de Costa Rica, Escuela de Lenguas Modernas, 2012.

[4] Cfr. Eduardo Ospina. La belleza objetiva. San José, Costa Rica: Promesa, 2008.

[5] “A ‘poetics of unity’ between art & person: The Role of Arts and Literature in the Artist’s Personal Formation” IVth International Congress “Word in Education: Moral Upbringing through Arts and Literature” Abat  Oliba CEU University, Barcelona. Research Group: Family, Education and Inclusive School (Trivium)”/“Prosopon”, Jesuit University Ignatium, Krakow, Poland. 27-28 October, 2016. Comunicación.

[6] Helena Ospina “El personalismo en las letras y en las artes” en H. Ospina y Gabriel Quesada (Eds.), Literatura y personalismo. Una mirada profunda. San José: Promesa 2014, p.23:

“Hay una relación íntima entre la elevación de la virtud y la elevación del arte, entre la armonía sobrenatural y la armonía visual: la vida santa es la mayor belleza y, si se manifestara visiblemente, sería la obra maestra del arte”. Cfr. H. Ospina, “Eduardo Ospina (1891-1965): Un humanista latinoamericano. Una reflexión sobre ´Arte y Persona´ en su estética y personalidad”. Repertorio Americano. Nueva época. No 18 (Julio-Diciembre 2004): 89-100.

[7] Cfr Actas. Eds. Enrique Banús y Beatriz Elio. Pamplona: Editorial Aranzadi, 1998. 1259-1269.

[8] Cfr Actas. Eds. Enrique Banús y Beatriz Elio. Pamplona: Editorial Aranzadi, 2000. 569-570.

[9] Cfr “John Paul II´s Letter to Artists. The Cultural Implications”. Actas. Eds. Enrique Banús y Beatriz Elio. Pamplona: Editorial Aranzadi, 2002. 1037-1049.

[10] Actas. Ed. Rafael Jiménez Cataño. Roma: Editorial de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz EDUSC, 2006. 375-383

[11] “Art & Person in Flannery O´Connor (1925-1964). Reason, Fiction and Faith: A Lifetime Endeavor”. Actas del IV Congreso de Poética & Cristianismo: Razón, Ficción y Fe. Eds. Enrique Fuster y John Wauck Roma: Editorial de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz EDUSC, 2011. 305-312.

[12] Actas del V Congreso de Poética & Cristianismo: Escritores del novecientos y misterio cristiano. Eds. Enrique Fuster y John Wauck Roma: Editorial de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz EDUSC, 2011. 347-355.

[13] Actas del I Coloquio. Chía: Ediciones Universidad de la Sabana, 2006. 309-320.

[14] Cfr. Boctan Piotrowski, director de los Coloquios y editor de los mismos (ed.). Actas de los  Coloquios de  “Literatura Hispanoamericana y sus valores”. Al final del trabajo se mencionan en nota de pie de página los trabajos presentados relacionados con una “poética de la  unidad” propia del grupo de investigación sobre  “Arte & Persona”.

[15] Cfr. H. Ospina y Gabriel Quesada (eds.), Literatura y Personalismo, una mirada profunda. San José. Promesa, 2014.

[16] Cfr. K.Wojtyla, Persona y Acción (ed. de J.M. Burgos y R. Mora), Madrid: Palabra 2011.

[17] Cfr. H. Ospina. San José: Promesa, 2011.

[18] Está trilogía poética la escribí entre 1991-1998.

 

0 339

Helena Ospina* (¿Quién fue esta gran poeta?)

Catedrática, Universidad de Costa Rica

Miembro de la Asociación Española de Personalismo

Miembro del Círculo de Newman,

[email protected]

 

 

 

 

II Coloquio Internacional sobre John Henry Newman

Ciencia y Fe

¿Qué es filosofía? ¿Y para qué sirve?

Universidad Católica de Maule

Talca, Chile

Octubre, 2017

 

Resumen: El presente trabajo intenta mostrar la perennidad en el pensamiento cuando las grandes mentes –como la de John Henry Newman en su obra La idea de una universidad y la de Juan Pablo II en su encíclica Fides et Ratio–  abordan temas esenciales. Mostraré la afinidad que presentan estas dos personalidades cuando hablan sobre fe y razón; sobre conocimiento universal y la fe  capaz de iluminar el intelecto. Newman esgrime en la obra mencionada argumentos en defensa de la enseñanza de las Humanidades, de las Artes Liberales, y en concreto del acto de filosofar. Juan Pablo II inicia su encíclica con la hermosa metáfora: la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad.

Palabras clave: John Henry Newman, La idea de una universidad, Juan Pablo II, Fides et Ratio, ciencia, fe.

 

Sumario

 

Introducción

 

  1. JOHN HENRY NEWMAN

      La idea de una universidad

Prefacio

Primera parte: La enseñanza universitaria considerada en 9 Discursos (Dublín 1852)

Discurso I: Introductorio

Discurso II: La teología, una rama del conocimiento

Discurso III: La incidencia de la teología en los otros conocimientos

Discurso IV: La incidencia de otros conocimientos en la teología

Discurso V: El conocimiento como fin

Discurso VI: El conocimiento visto en relación con la enseñanza

Discurso VII: El conocimiento visto en relación con la destreza profesional

Discurso VIII: El conocimiento visto en relación con la religión

Discurso IX: Los deberes de la Iglesia hacia el conocimiento

Segunda parte: Temas universitarios discutidos en Lecciones ocasionales y en Ensayos (1854-1858)

 

  1. JUAN PABLO II

Fides et Ratio (1998)

 

Reflexiones finales

 

Introducción

 

Newman y Juan Pablo II hablan de la importancia que tiene la razón. Juan Pablo II en su encíclica, en el capítulo II, Credo ut Intellegam  habla sobre la preeminencia de la sabiduría sobre la inteligencia: la sabiduría todo lo sabe y entiende; y en su capítulo III, Intellego ut Credam habla sobre el papel de intelecto que refuerza la fe.

 

 

 

  1. JOHN HENRY NEWMAN: LA IDEA DE LA UNIVERSIDAD

 

 

Cuando Newman se pregunta sobre el fin de la universidad y ¿para qué sirven la filosofía, las artes liberales, las humanidades y, en concreto, el acto de pensar? Estos temas los contesta ampliamente Newman en su obra  The Idea of a University[1]. Aborda este tema en el marco de la definición de lo que es una universidad, ante el encargo recibido de fundar una universidad católica en Dublín. Dedica varios años y ensayos a esta cuestión. Esta reflexión es un esfuerzo por repensar la formación que la universidad está llamada a impartir a través de valores y presupuestos que prueban la herencia del cristianismo y su transmisión en las instituciones educativas.

 

Newman define la universidad como el lugar donde se enseña el conocimiento universal. La argumentación más memorable la encontramos en la distinción que establece entre educación e instrucción. Le interesa subrayar la diferencia que existe entre una educación liberal y la que prepara para el ejercicio de un oficio o profesión. La universidad tiene que ver principalmente con la formación del Gentleman que Newman define como aquel que está en posesión de un conocimiento vasto, de una inteligencia crítica, de una decencia moral y de una gran sensibilidad social. La educación liberal es la que forma el hábito filosófico. La filosofía ocupa un lugar preeminente en su idea de la universidad. Pasaré ahora a hacer el recorrido del pensamiento de Newman sobre algunos aspectos relacionados con el tema que nos ocupa en este Coloquio. Los tomaré del Prefacio y de los Discursos.

 

 

Prefacio

 

He retomado el Prefacio de su obra, donde Newman plantea los temas medulares de sus discursos, lecciones y ensayos sobre el cometido de la universidad: el conocimiento universal, el cultivo del intelecto y la educación liberal –las humanidades– donde la Filosofía ocupa un puesto relevante.

El conocimiento universal. La universidad es el lugar donde se enseña el conocimiento universal[2]. Cuando la Iglesia católica funda una universidad –como era el caso de Dublín–, no está valorando el talento, la genialidad o el conocimiento por sí mismos, sino el  bien de sus hijos con miras a su bienestar espiritual, a su influencia y servicio, con el objetivo de formarlos para un desempeño mejor de sus respectivas responsabilidades en la vida y hacerlos miembros más inteligentes y capaces para la sociedad.

            El cultivo del intelecto. El desiderátum de la enseñanza universitaria es el cultivo del intelecto. El verdadero cultivo del intelecto consiste en el desarrollo de la fortaleza, de la perseverancia, de la comprensión, de la versatilidad, del señorío sobre sus propios poderes, del juicio “instintivo” sobre las cosas –juicio que a veces es un don, pero las más de las veces se conquista con el esfuerzo y el ejercicio de años–[3].

            La educación liberal. Esta educación no solo logra ese cultivo del intelecto, sino que pone a la mente “en forma”. La mente –dice– es como el cuerpo: necesita entrenamiento, disciplina, formación. Una vez que el intelecto se entrena y se forma debidamente para que tenga una visión “conectada” (a connected view) de las grandes realidades, estará en capacidad de desplegar sus poderes con mayor éxito, de acuerdo a la capacidad de cada individuo. El fruto de este cultivo de la mente se deja ver –en la mayor parte de los individuos– en su buen sentido, sobriedad de pensamiento, razonabilidad, candor, señorío de sí y solidez de percepción. Este ejercicio le permite entrar con más facilidad en cualquier tema del pensamiento y abordar con aptitud cualquier ciencia o profesión. Le da una consistencia en la percepción de las cosas (consistency of view: viewiness) y un intelecto capaz de aprehensión consecuente (consecuent grasp of the intellect)[4].

 

 

Primera parte: La enseñanza universitaria

Los 9 Discursos (Dublín 1852)

 

Discurso I: Introductorio

 

Newman confiesa que el tema de la educación liberal –y de los principios que deben regirla– ha ocupado su reflexión durante años. Su visión de este tipo de educación –dice– ha crecido como parte de todo su sistema de pensamiento y forma parte integrante de su personalidad. Esta filosofía de la educación se funda en verdades de orden natural[5]. Recalca la unión que existe entre la teología y las ciencias seculares. Insistirá en la altura que la visión  teológica confiere a la universidad.

 

Discurso II: La teología, una rama del conocimiento

 

            Newman recuerda que si el propósito de la universidad es la enseñanza del conocimiento universal, la teología es parte de ese conocimiento[6]. La teología es una ciencia. En el conocimiento existen diferentes esferas: la humana, la divina, la sensible y la intelectual. Si del conocimiento se mutila la esfera divina, se produce una  fragmentación en el círculo del conocimiento secular. Asevera que la teología  también es conocimiento.

 

Discurso III: La incidencia de la teología en los otros conocimientos  

 

Newman afirma que la teología y las ciencias humanas son dos cosas diferentes: poseen campos de conocimiento respectivos, contiguos, pero no idénticos[7]. La verdad es el objeto del conocimiento, de cualquier conocimiento. Cuando nos preguntamos sobre lo que es la verdad, suponemos –indica– que estamos hablando de hechos (facts) y de sus relaciones, como el sujeto y el predicado en la lógica. El conocimiento es la aprehensión de esos hechos. Las visiones parciales o abstracciones –mediante las cuales la mente mira su objeto– se llaman ciencias. Estas ciencias –al ser abstracciones– tienen que ver más con la relación entre las cosas que con las cosas mismas. Nos dicen lo que las cosas son por sus relaciones; nunca podría decirnos todo lo que se puede decir de una cosa. Pone de ejemplo al ser humano: se puede ver mediante una variedad de relaciones; de acuerdo a ellas existen las ciencias que lo estudian; y de la familiaridad que se tenga de ellas dependerá la posesión del conocimiento verdadero del hombre. El conocimiento forma un “todo”, porque su materia (subject-matter) es uno.

 

Discurso IV: La incidencia de otros conocimientos en la teología

 

Asegura Newman que todas las ramas del conocimiento están íntimamente relacionadas. Forman un “todo”. Existe una relación entre lo secular y lo divino. Si se descarta una ciencia del circulo del conocimiento, su lugar no puede dejarse “vacante” porque esa ciencia se olvida y las otras ciencias se cierran en sí mismas o exceden sus propios límites, comenzando a hacer “intromisiones” que no les corresponden. Newman defiende que la teología completa y corrige las otras ciencias. Si la teología se elimina del conocimiento universal –como sucede en algunas universidades– se causa un gran perjuicio a la enseñanza de las ciencias. Su campo será “usurpado” por otras ciencias, las cuales empezarán a enseñar –sin  fundamento– conclusiones en un terreno que requiere sus propios principios para su debida formación y disposición[8].

 

Discurso V: El conocimiento como fin

 

            Todas las ramas del conocimiento están vinculadas (connected) porque la materia (subject-matter) del conocimiento está íntimamente unida por ser “actos” y “obra” del Creador (76). En la educación liberal, el “habito” de la mente que se forma dura toda la vida. Sus atributos son la libertad, la serenidad, la moderación y la sabiduría. Newman llama este acto “habito” filosófico (77). ¿Para qué sirve este hábito? ¿Qué ganamos con este hábito filosófico? ¿Cómo somos mejores personas gracias a esta percepción “maestra” de la realidad? ¿En qué consiste el arte de esta “ciencia de las ciencias”? ¿Cuál es el fin de la enseñanza universitaria, del conocimiento liberal o del conocimiento filosófico que imparte? Posee –alega– un fin tangible y real, aunque su fin no puede separarse del conocimiento. El conocimiento es su propio fin. Para la mente humana todo conocimiento es su propia recompensa. Y si esto es cierto de todo conocimiento, también los es del conocimiento filosófico, el cual define como una percepción comprehensiva de la verdad en todas sus ramas, de la relación de la ciencia con la ciencia, de sus mutuas dependencias y respectivos valores[9].

El conocimiento “liberal” –las artes y los estudios liberales, la educación liberal– constituye la especial característica y el terreno propio de la universidad y del Gentleman. ¿Qué entiende Newman por “liberal”?  En sentido gramatical, “liberal” se opone a “servil”. Por “servil” se refiere al trabajo corporal –mecánico– en el cual la mente tiene poco que ver. La educación liberal y las investigaciones liberales son ejercicios de la mente, de la razón, de la reflexión. Newman contrasta la educación  liberal con la “comercial” o de “profesiones”, sin descartar el hecho de que el comercio y las profesiones también aportan un terreno para los más altos y diversificados poderes de la mente. ¿Por qué Newman hace esta distinción? El conocimiento liberal se sostiene por sí solo; no tiene otro fin que sí mismo[10]. Este tipo de conocimiento –que Newman llama especialmente Filosofía o ciencia en su sentido más amplio– tiene que considerarse un “bien”.

Cuando Newman habla de conocimiento se refiere a algo intelectual, algo que es captado y percibido por los sentidos, algo que sobrepasa lo que aportan los sentidos, capaz de razonar sobre lo que ve mientras lo ve, y de conferirle –otorgarle, concederle, dotarle– de una “idea”. La educación es superior a la mera instrucción. Implica una acción sobre nuestra naturaleza mental y la formación del carácter; es algo individual y permanente que está en relación con la religión y la virtud. La educación liberal es la que forma al Gentleman poseedor de un intelecto cultivado, de un gusto delicado, de una mente serena, cándida, desapasionada, de un tenor noble y cortés en su conducta diaria. Todas estas cualidades son connaturales del gran conocimiento que constituye el objetivo de la universidad[11]. Esta educación liberal es sencillamente el cultivo del intelecto y su objetivo es la excelencia intelectual. Newman hace un elenco de propiedades que esa excelencia procura: abre la mente, la corrige y la refina; la capacita para conocer, asimilar, gobernar, usar ese conocimiento y conferir poder a sus propias facultades; otorga aplicación, flexibilidad, método, exactitud crítica, sagacidad, recursos, expresión elocuente…, y logra todo esto tan inteligible como lo es el cultivo de la virtud[12].

 

Discurso VI: El conocimiento visto en relación con la enseñanza

 

Newman llama Filosofía a la perfección o virtud del intelecto. La califica como conocimiento filosófico, ensanchamiento de la mente o iluminación. Lo propio de la universidad es hacer de este cultivo del intelecto su propio fin: dedicarse a la educación del intelecto. La universidad tiene por objetivo y misión el ejercicio de la mente, la cultura del intelecto; educa al intelecto para que razone bien en todos los campos, y sea capaz de buscar y captar la verdad[13]. Este cultivo del intelecto encuentra en sí mismo su fin[14]. El conocimiento es la condición indispensable para el ensanchamiento de la mente y el instrumento para lograrlo. Este ensanchamiento de la mente –propio del hábito filosófico– es la acción de un poder formativo que trae orden y sentido a los conocimientos; los hace propios; es una asimilación de lo que recibimos e incorporamos a la sustancia de nuestro previo estado de conocimiento. Posee el conocimiento no solo de las cosas, sino de sus mutuas relaciones; es un conocimiento considerado no solo como “adquisición” sino como filosofía[15].

Define el conocimiento universal como el poder ver –como un “todo”– muchas cosas a la vez, de remitirlas a su verdadero lugar en el sistema universal, y de comprender sus respectivos valores y mutuas dependencias[16]. El verdadero fin de la formación intelectual y de la universidad no es el “·aprendizaje” ni la “adquisición” de conocimientos, sino el pensamiento o la razón que se ejerce sobre el conocimiento. Newman llama a esto Filosofía –knowledge… thought through and thought out”–, un conocimiento “pensado”    –en y a través–, capaz de ir desde lo interno hasta lo externo[17]. La educación es una palabra de gran altura: prepara para el conocimiento e imparte el conocimiento necesario para esa preparación, porque se requieren ojos “intelectuales” para conocer, así como los ojos “corporales” para ver.

 

Discurso VII: El conocimiento visto en relación con la destreza profesional

 

            La verdad es el objeto propio del intelecto. El cultivo del intelecto implica hacerlo apto para aprehender y contemplar la verdad. El intelecto no discierne la verdad de manera intuitiva. Conocemos, no por un simple “vistazo”, sino paso a paso, acumulando a través de un proceso mental, dándole vueltas a un objeto mediante la comparación y la combinación, la mutua corrección, la continua adaptación de muchas partes, el empleo, concentración y acción  conjunta de muchas facultades y ejercicios de la mente. Tal unidad y concierto de los poderes intelectuales, tal ensanchamiento de la mente, tal aprehensión requiere necesariamente un entrenamiento –“sifting out the grains of truth from the mass”– capaz de separar de la masa los granos de la verdad. Se trata de construir “ideas”. Tal poder es el resultado de la formación científica de la mente; es un poderío adquirido de juicio, una clara visión de las cosas, sagacidad, sabiduría, alcance filosófico de la mente, señorío y reposo intelectual…, cualidades que no provienen de la mera “adquisición” de conocimientos[18].

Newman lo explica así: el órgano del “cuerpo” –el que usamos para aprehender los objetos materiales– nos es provisto por la  naturaleza, pero el ojo de la “mente” –cuyo objeto es la verdad– requiere disciplina y formación de hábitos. La educación liberal es precisamente la que se ocupa  de esta formación; consiste en el proceso de entrenamiento del ojo “mental” por medio del cual el intelecto –en vez de aplicarse a lo particular y accidental, a un oficio o profesión, estudio o ciencia– se disciplina a sí mismo con el fin de percibir su propio objeto con miras a una cultura elevada. Este es el oficio de la universidad. La cultura intelectual es su propio fin[19].

Newman luego inicia la argumentación sobre lo “bueno” y lo “útil”, en defensa de la educación liberal. Lo que tiene su fin en sí mismo –dice– también tiene su uso en sí mismo[20]. Lo que constituye su fin encuentra también en sí mismo su utilidad. La educación liberal  es verdadera y plenamente útil.  Si bien es cierto que no todo lo “útil” es bueno, lo “bueno” siempre es útil. Lo propio de lo “bueno” es reproducirse. Todo lo excelente, bello, perfecto, deseable está llamado a difundirse; se excede, ansía comunicarse para dejarlo todo impregnado de su aroma. El “bien” es prolífico. No solo nos atrae, sino que se nos comunica; suscita primero nuestra admiración y amor, luego nuestro deseo y gratitud en grado proporcional a su intensidad y plenitud. Un gran bien imparte, genera y produce un gran bien. Si el intelecto constituye una parte tan excelente de nuestro ser y si su cultivo es tan excelente, podemos deducir que no solo es bello, perfecto, admirable y noble –en sí mismo–, sino que es útil para quien lo posee y para quienes lo rodean. Es útil, no de una manera mecánica –en sentido mercantil–, sino como un bien difusivo que se torna bendición, regalo, poder. Es un tesoro para quien lo tiene y –a través de él– para el mundo entero[21]. Newman concluye que si la educación liberal es un bien, también es útil. En este discurso aparece la gran defensa de las Humanidades que hace el pensador oxoniense.           

            Para Newman la universidad debe enseñar todas las ramas del conocimiento. Fuera de la universidad, el individuo corre el peligro de ser reducido a su propio oficio. La universidad es la que le ayuda a saber dónde está parado y dónde lo está su propia ciencia. Ha podido llegar a este conocimiento desde una altura, gracias al recorrido hecho por todas las ramas del conocimiento que le ahorran caer en las extravagancias y rivalidades propias de los distintos conocimientos. Gracias a la cultura adquirida, ha ganado una “iluminación” especial, una mente y una libertad “ensanchadas”, un “señorío” de sí que le capacitan para tratar su propia rama del conocimiento de acuerdo a una filosofía y a unos recursos que no pertenecen al conocimiento en sí, sino a la educación  liberal[22]. Un semejante cultivo del intelecto –puesto que es “bueno” en sí– trae consigo una gran fuerza y gracia para cada trabajo que emprende, y le permite ser “útil” –prestar un mayor servicio– a una gran cantidad de personas[23]. Para Newman es preciso ir a la fuente de las cosas con un “compás” ancho y liberal, reflexionando sobre muchas cosas, sin otro fin que el ejercicio que le hace ser más racional e inteligente. Ese tipo de ejercicio –de entrenamiento– es el que mejor le permite ejercer sus deberes hacia la sociedad[24]. Si tuviésemos que asignar un fin “práctico” a la enseñanza universitaria, Newman afirma que sería la de “entrenar” –formar– buenos ciudadanos. Su arte sería el de la vida social, y su fin sería el hacer ciudadanos “aptos” para el mundo. Esta formación universitaria constituye el gran medio “ordinario” para un gran fin “ordinario”. Tiene como cometido elevar el tono intelectual de la sociedad, cultivar la mente del ciudadano público, purificar el gusto nacional, dotar de verdaderos principios y metas permanentes al entusiasmo y aspiraciones populares, otorgar apertura de miras y sobriedad a las ideas de su tiempo, facilitar el ejercicio del poder  político y refinar la convivencia en la vida privada. Este tipo de formación da al ser humano una perspectiva clara y consciente de sus opiniones y juicios, una verdad en el desarrollo de ellos, una elocuencia en su expresión, y una fuerza para urgir su acatamiento. Esta educación enseña al individuo a “ver las cosas como son”, ir “directo” al grano, “desenredar” un pensamiento, “detectar” los sofismas, y “descartar” lo irrelevante. Esta formación le hace idóneo para desempeñar con credibilidad cualquier puesto y dominar cualquier tema con facilidad. Le enseña a acomodarse a los demás, a ejercer una influencia sobre ellos, a llegar a un  entendimiento con ellos y saber cómo sobrellevarlos. Forma ciudadanos que son capaces de “sentirse a gusto” en cualquier sociedad; “tocar terreno” con  cualquier clase social; saben cuándo callar y cuándo hablar; son buenos conversadores que saben escuchar; hacen preguntas pertinentes; siempre están dispuestos sin ser inoportunos; su compañía es placentera, se puede uno fiar de ellos; saben cuándo estar serios y cuándo no; tienen tacto para argumentar con gracia y producir efecto. Una persona así tiene –atestigua Newman– un “reposo de la mente” que le acompaña mientras vive; recursos para estar feliz en casa, cuando no puede viajar. Tiene un don que le asiste durante la vida pública y en su jubilación, sin el cual toda riqueza se torna vulgar, y todo fracaso tiene su encanto[25].

 

 

Discurso VIII: El conocimiento visto en relación con la religión

 

En este discurso Newman habla específicamente de la filosofía como “la forma” propia del conocimiento de la educación liberal. Es la que hace posible que aquello que ingrese a la mente no lo haga de manera pasiva, sino que sea “apropiado” como un sistema que consiste de partes relacionadas entre sí, susceptibles de interpretación y que forman un “todo”. Aquella contemplación filosófica del conocimiento como un todo puede llamarse “iluminación” –“ensanchamiento de la mente”–, capaz de dar al intelecto una percepción de las cosas como son –de la verdad–, y que presupone e involucra la perfección de sus diferentes poderes. Es el tipo de conocimiento que merece ser buscado por sí mismo, aún cuando no prometa ninguna ventaja ulterior. 

 

Discurso IX: Los deberes de la Iglesia hacia el conocimiento

 

            En este Discurso Newman habla de dos atributos de la verdad: la belleza y el poder. Mientras el conocimiento “útil” posee la verdad como “poder”, el conocimiento “liberal” aprehende la verdad como “belleza”. Cuando se persigue la verdad, ya sea como belleza o como poder, ambos caminos conducen a lo eterno e infinito, a lo íntimo de la conciencia, a la Buena Nueva de la Iglesia.

 

 

Segunda parte: Temas universitarios

Lecciones ocasionales y Ensayos (1854-1858)

 

            De la segunda parte de The Idea of a University, me referiré solamente  a dos Lecciones: “Cristianismo y Letrasy “Cristianismo e investigación científica”.

            Cristianismo y Letras. En esta Lección, impartida en la Escuela de Filosofía y Letras (1854), Newman reitera la necesidad de métodos que llama “augustos” y que son los propios de la educación liberal –el ensanchamiento de la mente, el cultivo del intelecto, el refinamiento de los sentimientos–, que han caracterizado el proceso de la civilización.

            Cristianismo e investigación científica. En esta Lección, escrita para la Escuela de Ciencias (1855), Newman vuelve a hacer el elogio de la enseñanza universitaria como aquella capaz de atraer todas las cosas hacia un todo, no mediante reglas, sino gracias a la sagacidad, la sabiduría, y la profunda percepción que tiene de la  materia del conocimiento. Lo que un Imperio es para la historia política, tal es la importancia de la universidad para la sociedad, en sus esferas de la filosofía y de la investigación. Estas esferas constituyen su poder más alto y protector de todo conocimiento y ciencia, hechos y principios, búsquedas y descubrimientos, experimentos y especulaciones. Habla de la máxima, por excelencia, que caracteriza la filosofía: “la verdad no puede ser contraria a la verdad”. Hace el encarecimiento del hábito filosófico que facilita la búsqueda de la verdad. Defiende la soberanía de la verdad: el error puede florecer por  temporadas, pero la verdad acaba por prevalecer al final. El único efecto del error es la promoción de la Verdad. Teorías, especulaciones, hipótesis pueden comenzar, pero están destinadas a morir, hasta que surjan ideas mejores, impulsadas por otros, y si bien no todas llevan a la verdad, se aproximan a ella, haciendo avanzar el conocimiento. Newman tiene una visión esperanzadora sobre este avance del conocimiento. Todo avance es ganancia para la verdad, aunque solo sea el haber aprendido lo que no es verdadero.

         

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En toda la obra La idea de una universidad Newman hace la defensa del hábito filosófico como lo propio de la educación liberal que la universidad debe impartir. Vincent Ferrer Blehl habla del rasgo personalista de su manera de pensar[26]. Este estilo personalista   lo expuse en un Coloquio sobre Newman en el 2015[27], al hablar sobre su concepto de la literatura.

En el I Coloquio del Círculo de Newman (2015) tuve conocimiento del estudio de Juan Carlos Mayorga Enríquez[28] donde se destaca otro rasgo personalista: la importancia que da Newman a la subjetividad humana para evitar el “objetivismo” excesivo[29].

La editorial Promesa –que dirijo en Costa Rica– ha dado especial importancia a escritores que se caracterizan por su enfoque personalista, publicando la obra colectiva La filosofía personalista y la literatura[30], obra reseñada recientemente en el primer número Quién, Revista de filosofía personalista[31]. También publicó en el 2016 la obra de Mauricio Albornoz Ciencia positiva y Fe religiosa: caminos hacia el conocimiento: un diálogo con John Henry Newman. Agradezco al Círculo de Newman en su I Congreso (celebrado en la Universidad Panamericana de Guadalajara, México de 2015) y a la Universidad Católica de Maule en su II Congreso (2017) la oportunidad que me da de retomar esta temática de Newman.

 

 

 

  1. JUAN PABLO II: FIDES ET RATIO

 

La hermosa comparación con que Juan Pablo II inicia su encíclica Fides et ratio[32] –la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad–, nos indica de antemano la inseparabilidad que quiere establecer entre ellas, para sobrevolar lo finito y ver las posibilidades hacia las cuales se puede elevar la razón para no reducir la verdad a la sola razón.

Empieza por una exhortación fundamental Conócete a ti mismo como inicio del camino hacia la verdad dentro del horizonte de la autoconciencia personal (1a). Luego menciona cómo en distintas culturas brotan siempre las preguntas de fondo que caracterizan el recorrido de la existencia humana: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo y a dónde voy?, ¿por qué existe el mal?, ¿qué hay después de esta vida? Estas preguntas reflejan la necesidad de sentido que tiene el corazón humano. Y de la respuesta que se dé a tales preguntas depende la orientación de cada existencia humana (1b).

Coincide con Newman en la responsabilidad que tiene el ser humano de adquirir los conocimientos universales que le permitan comprenderse mejor y progresar en la realización de sí mismo (4a). Comparte con Newman la preeminencia de la filosofía, propia de la inteligencia humana, para elaborar un pensamiento lleno de sabiduría (4b). Como Newman, señala la importancia de la teología porque el ser humano está llamado a una verdad que lo trascienda. Hace también como Newman la distinción entre el criterio pragmático que reduce la inteligencia al dato experimental, a la técnica…;  y lo contrapone al saber humanístico capaz de levantar la mirada hacia lo alto para alcanzar la verdad del ser (5b). Sintoniza con Newman cuando subraya la necesidad de responder a las preguntas radicales sobre el sentido y el fundamento de la vida humana, personal y social (5c).

A Juan Pablo II le mueve el testimonio de los testigos de la verdad divina y católica que constituyen la verdadera sabiduría (6a, 6b). Newman, Ratzinger y Karol Wojtyla, entre otros, constituyen un ejemplo de esta búsqueda.

 

Capítulo I: La Revelación de la sabiduría de Dios  

 

            Juan Pablo II verifica que la historia es el lugar donde podemos constatar la acción de Dios a favor de la humanidad (12a). La encarnación de Hijo de Dios permite ver realizada la síntesis definitiva que la mente humana puede alcanzar, porque el Eterno ha entrado en el tiempo y asume un rostro humano. Fuera de esta perspectiva el misterio de la existencia personal resulta un enigma insoluble (12b). El conocimiento de fe no anula el misterio si no que lo hace más evidente: manifiesta plenamente el hombre al propio hombre. Newman también desarrolla estas ideas en los Discursos VIII (Knowledge Viewed in Relation to Religious Duty) y en el Discurso IX (Duties of the Church Towards Knowledge). El conocimiento de fe no anula el misterio. Lo manifiesta y hace evidente como hecho esencial para la vida del hombre (13e).

 

Capítulo II: Credo ut Intellegam

 

En este capítulo Juan Pablo II valora la razón, pero no la sobrevalora (20). La apertura al misterio, que le viene de la Revelación, se convierte en la fuente del verdadero conocimiento: da consentimiento a la razón para entrar en el ámbito de lo infinito (21a). Revela la capacidad metafísica del hombre (22a). La razón no puede vaciar este misterio de amor (23b). La relación entre fe y filosofía encuentra en Cristo el escollo que le permite desembocar en el océano sin límites de la verdad (23c). En los Discursos de Newman también encontramos la valoración de la razón pero advierte sus limitaciones, ante las cuales el hombre es libre de elegir entre la unidad que puede existir entre la fe y la razón o la negación de la fe (23c).

 

Capítulo III: Intellego ut credam 

 

            Juan Pablo II define al hombre como aquél que busca la verdad (28). La sed de verdad está radicada en el corazón del hombre (29b). Señala las diversas formas de verdad: las que se apoyan sobre evidencias inmediatas o confirmadas experimentalmente (verdades propias de la vida diaria y de la investigación científica); las verdades de carácter filosófico, a las que el hombre llega mediante la capacidad especulativa de su intelecto; y las verdades religiosas que hunden sus raíces en la filosofía (30a). Cada hombre al creer confía en los conocimientos adquiridos por otras personas (32a). El conocimiento por creencia se funda sobre la confianza interpersonal. Esta en relación con la verdad. El hombre creyendo confía en la verdad que el otro le manifiesta.

 

 

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Reflexiones finales

 

            Las grandes mentes, como las de Newman y Juan Pablo II, sintonizan en su búsqueda de la verdad. Establecen los diferentes estatus por los cuales el hombre puede navegar y confiar que llegará a la verdad última. Lo hacen en el contexto de su cultura y de la riqueza de su personalidad. Los matices que establecen son como los colores que tienen las dos alas del pájaro para surcar su tiempo, siendo testigos valientes que sobrevuelan el horizonte de la filosofía y de la teología.

 

 

 

 

 

*Catedrática de literatura de la Universidad de Costa Rica, poeta miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua, miembro de la Asociación Española de Personalismo, miembro del círculo de John Henry Newman de la Universidad Panamericana de Guadalajara, México. Fundadora y directora de la empresa cultural Promesa: Editorial, Encuentros, Interrelación de las Artes www.promesacultural.com

 

[1] He consultado la edición de Yale University Press. Cfr. J. H. Newman, The Idea of a University, Yale University Press, New Haven & London, 1996. Esta obra se divide en dos partes: la primera, “La enseñanza universitaria considerada en 9 Discursos” (1852); y la segunda, “Temas universitarios discutidos en Lecciones ocasionales y en Ensayos” agrupados en cuatro secciones (1854-1855). Me referiré a ella con las siglas IU.

He adaptado y revisado la síntesis que hice sobre The Idea of a University de un trabajo anterior presentado en la X Jornada de la Asociación Española de Personalismo, Madrid, 2016.

La traducción del inglés al español es mía.

Cfr. J. H. Newman, La idea de una Universidad: Traducción editada de pasajes escogidos, P. Jullian (ed.), Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 2015.

[2] “The view taken of a University in these Discourses is the following: -That it is a place of teaching universal knowledge”, IU, 3.

[3] Our desideratum is… the force, the steadiness, the comprehensiveness and the versatility of the intellect, the command over our own powers, the instinctive just estimate of things as they               pass before us, which sometimes is a natural gift, but commonly is not gained without much      effort and the exercise of years… This is the real cultivation of mind…, IU, 7.

[4] In the case of most men it makes itself felt in good sense, sobriety of thought, reasonableness, candour, self-command, and steadiness of view… In all it will be a faculty of entering with         comparative ease into any subject of thought, and of taking up with aptitude any science or profession, IU, 8-9.

 

[5] “…the philosophy of Education is founded on truths in the natural order”, IU, 16.

[6] “A University… by its very name professes to teach universal knowledge: Theology is surely a branch of knowledge”, IU, 25.

[7] “Theology and human sciences are two things, not one, and have their respective provinces, contiguous it may be and cognate to each other, but not identical”, IU, 40.

[8] “… supposing Theology be not taught, its province will not simply be neglected, but will be actually usurped by other sciences, which will teach, without warrant, conclusions of their own in a subject matter which needs its own principles for its due formation and disposition”, IU, 75.

[9] “Knowledge is capable of being its own end”, IU, 78. “…Knowledge…is its own end, liberal knowledge, or a gentleman’s knowledge, when I educate for it, and make it the scope of a University”, IU, 83.

[10] “Why this distinction? …liberal knowledge stands on its own pretensions, …expects no complement, refuses to be informed… by any end, or absorbed into any art, in order duly to present itself to our contemplation”, IU, 81.

“…what is really meant by the word [liberal]?” “…in  its grammatical sense it is opposed to servile; and by ‘servile work’ is understood, …bodily labour, mechanical employment, and the like,…”. “…liberal education and liberal pursuits are exercises of mind, of reason, of reflection.” …”we cannot contrast a liberal education with a commercial education or a professional; yet no one can deny that commerce and the professions afford scope for the highest and most diversified powers of mind”, IU, 81. “Liberal Education…is simply the cultivation of the intellect… and its object is … intellectual excellence, IU, 90.

[11] “Liberal Education makes…the gentleman”.  “It is well to be a gentleman, it is well to have a cultivated intellect, and a delicate taste, a candid, equitable, dispassionate mind., a noble and courteous bearing in the conduct of life; -these are the connatural qualities of a large knowledge; they are the objects of a University, IU, 89.

[12] “There is a physical beauty and a moral: there is beauty of person, there is beauty of our moral being, which is natural virtue; and in like manner there is a beauty, there is a perfection, of the intellect”. “To open the mind, to correct it, to refine it, to enable it to know, and to digest, master, rule and use its knowledge, to give it power over its own faculties, application, flexibility, method, critical exactness, sagacity, resource, address, eloquent expression, is an object as intelligible… as the cultivation of virtue”, IU, 90.

[13] “… it is the business of a University to make this intellectual culture its direct scope… to employ itself in the education of the intellect”. “…a University…has this object and this mission; … it professes to exercise the mind…; its function is intellectual culture; … It educates the Intellect to reason well in all matters, to reach out towards truth, and to grasp it”. “I have called the perfection or virtue of the intellect by the name of philosophy, philosophical knowledge, enlargement of mind…”, IU, 92.

[14] “…the cultivation of the intellect is an end distinct and sufficient in itself… it is an enlargement or illumination… I proceed to inquire what this mental breadth, or power, or light, or philosophy consists in…” “…investigate those qualities and characteristics of the intellect in which its cultivation consists, IU, 93.

[15] “It is the action of a formative power, reducing to order and meaning the matter of our acquirements; it is a making the objects of our knowledge subjectively our own…”. “…it is a digestion of what we receive, into the substance of our previous state of thought; and without this no enlargement is said to follow”, IU, 98.

[16] “…the enlargement of  mind which is the power of viewing many things at once as one whole, of referring them severally to their true place in the universal system, of understanding their respective values, and determining their mutual dependence. This is… Universal Knowledge…”, IU, 99.

[17] “…the true and adequate end of intellectual training and of a University is not Learning or Acquirement, but rather, is Thought or Reason exercised upon Knowledge, or what may de called Philosophy”, IU, 101.

“Knowledge… is the indispensable condition of expansion of mind, and the instrument of attaining t. “Knowledge… thought through, and thought out”, IU, 102.

[18] “Truth… is the proper object of the intellect; its cultivation then lies in fitting it to apprehend and contemplate truth”. “Now the intellect in its present state,… does not discern truth intuitively, or as a whole. We know, not by a direct and simple vision, not at glance, but, as it were, by piecemeal and accumulation, by a mental process, by going round an object, by the comparison, the combination, the  mutual correction, the continual adaptation, of many partial notions, by the employment, concentration, and joint action of many faculties and exercises of mind”. “Such a union and concert of the intellectual powers, such an enlargement and development, such a comprehensiveness, is necessarily a matter of training…”. “… sifting out the grains from the mass…”. “…building up ideas”. “Such a power is the result of scientific formation of mind; it is an acquired faculty of judgment, of clear sightedness, of sagacity, of wisdom, of philosophical reach or mind, and of intellectual and self-possession and repose, -qualities which do not come of mere acquirement”, IU, 109.

[19] “The bodily eye, the organ for apprehending material objects, is provided by nature; the eye of the mind, of which the object is truth, is the work of discipline and habit”. “This process of training, by which the intellect, instead of being formed and sacrificed to some particular or accidental purpose, some specific trade or profession, or study or science, is disciplined for its own sake, for the perception of its own proper object, and for its own highest culture, is called Liberal Education…”, “… this I conceived to be the business of a University”, IU, 109-110.

[20] “… intellectual culture is its own end; for what has its end in itself, has its use in itself also.”, 115. “Liberal Education consists in the culture of the intellect…”, IU, 115.

[21] “… I will show you how a liberal education is truly and fully a useful, though it be not a professional, education. ‘Good’ indeed mean something, and ‘useful’ means another… though the useful is not always good, the good is always useful. Good is not only good, but reproductive of good; this is one of its attributes; nothing is excellent, beautiful, perfect, desirable for its own sake, but it overflows, and spreads the likeness of itself al around it. Good is prolific; it is not only good for the eye, but to the taste; it not only   attracts us, but it communicates itself; it excites first our admiration and love, then our desire and our gratitude, and that, in proportion to its intenseness and fullness in particular instances. A great good will impart great good. If then the intellect is so excellent a portion”, IU, 117.

[22] “…[the University]… it teaches all knowledge by teaching all branches of knowledge,…”. “… out of a University he is in danger of being absorbed and narrowed by his pursuit…whereas in a university he will just know where he and his science stand, he has come to it … from a height, he has taken a survey of all knowledge, he is kept from extravagance by the very rivalry of other studies, he has gained from them special illumination and largeness of mind and freedom and self-possession, and he treats his own in consequence with a philosophy and a resource, which belongs not to the study itself, but to his liberal education”, IU, 118.

[23] “…a cultivated intellect because it is good in itself brings with it a power and a grace to every work and occupation which it undertakes, to every work and occupation which it undertakes, and enables us to be more useful, and to a greater number”, IU, 119.

[24] “…we must go to the fountain of things…”. “…taking a wide and liberal compass…”, “thinking a great deal on many subjects with no better end in view than because the exercise was one which made them more rational and intelligent beings”. “…that training of the intellect which is best for the individual himself, enables him to discharge his duties to society “.  Its then a practical end must be assigned to a University…, I say it is that of training good members of society. Its art is the art of social life, and its end is fitness for the world, IU, 125.

[25] “…a University training is the great ordinary means to great ordinary end; it aims at raising the intellectual tone of society, at cultivating the public mind, at purifying the national taste, at supplying true principles to popular enthusiasm and fixed aims to popular aspiration, at giving enlargement and sobriety to the ideas of the age, at facilitating the exercise of political power, and refining the intercourse of private life”, IU, 125-126. “It is the education which gives a man a clear conscious view of his own opinions and judgments, a truth in developing them, eloquence in expressing them, and a force in urging them. It teaches him to see things as they are, to go right to the point, to disentangle a sea of thought, to detect what is sophistical, and to discard what is irrelevant”, IU, 126.

[26] Cfr. V. Ferrer Blehl, The Essential Newman, Mentor Omega Books, New York 1963. “Newman’s viewpoint, then, is at once historical and personalist, and the link between the two in the quest for truth anticipates present-day philosophies of existence. Morever, Newman’s lifelong hostility to rationalism in all its forms made him conscious of the fundamental mystery of God, nature and human existence. All reality has a light and dark side. The dark side is the sphere of mystery. Truth then is not, as Descartes believed, a product of clear and distinct ideas; it is a quality of mind that is grown into. It is the outcome of person al decision and choice amid the mysteriousness of the human condition” (Preface vi).

[27] Cfr. H. Ospina, Newman y la literatura. La unidad entre pensamiento y palabra: el “two-fold logos”, Coloquio Internacional John Henry Newman y los desafíos contemporáneos, Universidad Panamericana, Campus Guadalajara. 8 al 10 octubre 2015.

[28] Cfr. J. C. Mayorga Enríquez, Creemos porque amamos: El acto de fe en la visión  del beato John Henry Newman, Ediciones Paulinas, 2015.

[29]  Cfr. H. Ospina, Arte y Persona. Una propuesta teórica y un método de análisis personalista para la estética y la literatura, en Revista multidisciplinaria semestral Academia. Número especial: III Congreso Internacional de la Asociación Iberoamericana de Personalismo (AIP), Loja-Ecuador (Julio-Diciembre 2015): 33-43. Web. 26 febrero 2016.http://www.saber.ula.ve/handle/123456789/41181

[30] Cfr. H. Ospina y G. Quesada Mora (eds.), Literatura y personalismo. Una mirada profunda. Promesa, San José 2014.

[31] http://www.personalismo.org/sobre-nosotros/revista-quien/

[32] Juan Pablo II, Carta Encíclica Fides et ratio, en Encíclicas de Juan Pablo II, Vol. I, Madrid, Edibesa, 8ª ed., 2011.

 

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II Coloquio Internacional John Henry Newman 2017
Universidad del Maule-Chile
Talca, Chile

 

Lugar: Auditorio Manuel Larraín de la Universidad del Maule

4 de Octubre

16:30-18:00 Inscripciones
18:30 Acto Inaugural:

Saludo autoridades; Palabras Vicepresidente; Acto artístico; conferencia inaugural; CoKtail.

Dra. Rosario Athié Ponencia: EL LIBERLISMO CIENTÍFICO A LA LUZ DE J. H. NEWMAN

5 de Octubre

9:30 Ponencia 1

Lic. María Angeles Chesa (Guatemala/Universidad del Itsmo)

Ponencia:Razón, ciencia y fe en la Idea de una Universidad

10:15 Ponencia 2

Dr. Mauricio Albornoz (Chile/UCM)

Ponencia: “Del general abstracto al particular concreto. Un aporte modal de la confesión religiosa al desarrollo de la ciencia en los PPS de JHN”

11:00 Cofee Hall

11:30 Ponencia 3

Paula Julian (Chile/PUC)

Ponencia: NEWMAN THE EDUCATOR.
THE FOUNDATIONS OF HIS EDUCATIONAL APPROACH

12:15 Ponencia 4

Rodrigo Figueroa Weitzman (Chile/Univ. Andrés bello)

Ponencia: El papel de la conciencia en la religión según J. H. Newman

13:00 Eucaristía Preside. P. Carlos Campos (Capellán de la Capilla de la Universidad)

13:45 Almuerzo

15:30 Ponencia 5

Víctor García Ruiz (España/Universidad de Navarra)

Ponencia: JHN Viajero y clérigo Radical, 1833

16:15 Ponencia 6

Javier Vergara (Chile/PUC)

Las Disposiciones para el Asentimiento Religioso inspiradas en J. H. Newman en su obra
«Ensayo para contribuir a una Gramática del Asentimiento»

17:00 Ponencia 7

Mónica Hernández (Chile/UCM)

Las creencias epistemológicas y su influencia en la transmición del conocimiento: el aporte de JH Newman

17:45 Coffee Break

18:00 Encuentro abierto- Informativo Ponentes

6 de octubre

9:30 Ponencia 8

Sergio Armstrong/Moisés Bravo (Chile/UCM)

Ponencia: FIN DEL UNIVERSO Y ESPERANZA CRISTIANA

10:15 Ponencia 9

Claudia Mora (Chile/UCM)

Ponencia: Pertinencia Actual del 7º sermón universitario de JHN

10:45 Coffee Break

11:15 Comunicación Marcelo Pinochet (Chile/UCM)

11:45 Comunicación Ricardo Ramirez-Fabián Rodriguez (Chile/UCM)

Teología y conocimiento en la obra “La idea de Universidad” de John Henry Newman

12:15 Palabras finales

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