Educación

Hace unos días, pensando en Cristo y en su vida, me daba la impresión –y pido perdón por la comparación tan mundana– de que la vida de Cristo se desarrolla como la trama de un libro o una película, en la que toda la Historia se va deshilvanando a lo largo de un largo periodo de treinta años durante el cual casi no sucede nada de excepcional y del que apenas sabemos nada; después, en los tres años siguientes, van surgiendo hechos, acontecimientos y signos que nos preparan para el desenlace final, que se desarrolla en cambio en un tiempo muy corto, de apenas tres días.

Un año más revivimos litúrgicamente la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Se trata de un hecho. No es sólo algo que sucedió hace siglos, es algo que sucede hoy.

Hace dos años, cuando empecé este camino de conversión, mi director espiritual me habló de un texto del Cardenal John Henry Newman sobre los sufrimientos morales de Cristo en su Pasión. Lo encontré y desde entonces lo leo de vez en cuando. Es uno de los textos que tengo siempre encima de mi mesa de trabajo…

 

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   Han llamado poderosamente mi atención las palabras que el papa Francisco improvisó en su reciente visita a la Universidad Roma Tre, dejando de lado el discurso oficial que traía preparado y que puede leerse en la web del Vaticano. Después de escuchar las preguntas de cuatro estudiantes, el Pontífice —dice la crónica de prensa— se refirió a las llamadas “universidades de élite”, en las que no se enseña a dialogar, sino que enseñan ideologías. “Te enseñan una línea ideológica y te preparan para ser un agente de esa ideología. Eso no es una universidad”, explicó el papa. En este sentido, destacó el papel de la universidad para el desarrollo de una cultura del diálogo: “La universidad es el lugar donde se aprende a dialogar, porque dialogar es lo propio de la universidad. Una universidad donde se va a clase, se escucha al profesor y luego se vuelve a casa, eso no es una universidad. En la universidad debe desarrollarse una artesanía del diálogo”…

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Por Jaime Nubiola

Han llamado poderosamente mi atención las palabras que el papa Francisco improvisó en su reciente visita a la Universidad Roma Tre, dejando de lado el discurso oficial que traía preparado y que puede leerse en la web del Vaticano. Después de escuchar las preguntas de cuatro estudiantes, el Pontífice —dice la crónica de prensa— se refirió a las llamadas “universidades de élite”, en las que no se enseña a dialogar, sino que enseñan ideologías. “Te enseñan una línea ideológica y te preparan para ser un agente de esa ideología. Eso no es una universidad”, explicó el papa. En este sentido, destacó el papel de la universidad para el desarrollo de una cultura del diálogo: “La universidad es el lugar donde se aprende a dialogar, porque dialogar es lo propio de la universidad. Una universidad donde se va a clase, se escucha al profesor y luego se vuelve a casa, eso no es una universidad. En la universidad debe desarrollarse una artesanía del diálogo”….

 

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A John Henry Newman se le conoce por su condición de cardenal y, sobre todo, por ser el converso del anglicanismo al catolicismo más destacado y por la influencia que ha ejercido en y desde la intelectualidad británica, proyectada a todos los países de habla inglesa. En el mundo católico de habla española se le ha dado a conocer más a partir de la visita del Papa Benedicto XVI a Inglaterra con el fin de ponerlo como ejemplo a los intelectuales católicos, por lo que hoy se le conoce como el Beato John Henry Newman.

A nivel universitario, esta influencia queda patentizada en el hecho de que, desde hace muchos años, en las universidades del mundo anglosajón se han erigido las capellanías católicas bajo el nombre de Newman House o Newman Club, lo que comenzó en Estados Unidos, se ha propagado por Irlanda, Inglaterra, Escocia, Australia, Sudáfrica, India, Hong Kong, Kenia y muchos países más.

Elementos principales de la propuesta educativa universitaria de Newman

Las ideas fundamentales sobre las que él propone se edifiquen las universidades, son principios de tipo humanístico, a lo que él llamó Liberal Education, haciendo referencia a las Artes Liberales. Se podrían resumir sus palabras de los 9 Discursos con los que planteó su propuesta educativa para la futura primera Universidad Católica de Irlanda en unas cuantas pinceladas:

Se basa en una visión unitaria de la realidad, donde no hay un rompimiento entre los distintos niveles de conocimiento, sino que busca una armonía y una complementariedad entre los distintos saberes. Él muestra la necesidad de que los alumnos tengan un conocimiento igualmente abarcante y amplio de la realidad, por lo que habrán de tener un profundo conocimiento filosófico y teológico. Pero ello, no debe hacerse de manera separada de los demás conocimientos, sino en diálogo con las demás ciencias, pues mucho es lo que aporta la teología y la filosofía a las demás ciencias, así como estos dos conocimientos amplios se alimentan de las aportaciones de las ciencias particulares. De manera que los profesores de ciencias deben profundizar en los temas de su especialidad que guardan relación con la filosofía y la teología, así como los profesores de estas ciencias, deberán estar al día en los debates de las demás ciencias. Solamente así se puede hablar de un verdadero saber.

Previo a ese nivel de conocimiento, habrá que preparar las mentes con hábitos intelectuales y una estructura mental suficientemente fuerte como para distinguir entre los verdaderos argumentos y las vagas opiniones. Para ello, es necesaria una sólida preparación en la gramática, la lógica, las matemáticas y la música. Ello se comienza desde la más temprana edad.

También conforma su propuesta educativa el hábito de las buenas lecturas, especialmente de los clásicos greco-romanos y de los clásicos universales. La promoción de lecturas de autores relevantes de la propia lengua es importante para adquirir un apropiado manejo del idioma con la que uno piensa y disponer de un vasto vocabulario. Para ello, Newman propone conocer suficientemente la lengua latina y las raíces etimológicas de nuestro idioma.

La centralidad del buen manejo del lenguaje es capital, puesto que es el vehículo a través del cual pensamos y nos comunicamos con los demás. Para ello es básico tener dominio de la Gramática que es la puerta para un desarrollo intelectual lógico. Newman, de hecho, es un clásico de la lengua inglesa y ha influido en poetas y escritores ingleses. Y también ha sido un maestro en la retórica y el debate, en un tono de cordialidad, a la par que asertivo y convincente.

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John Henry Newman se definía a sí mismo como un educador. Cuando le correspondió promover en Dublín, Irlanda, la primera universidad católica, tenía muy presente que el objetivo de la educación universitaria es la formación intelectual. Sin embargo, esta tarea de “amueblar la cabeza” con orden y concierto, se ha de traducir en un estilo de vida. Por ello, el perfil del egresado de la educación liberal que él propone, es muy ambicioso. Ello se consigue más allá de las clases teóricas, se configura con el buen ejemplo y el trato constante. Newman resume todas las cualidades que desea encontrar en un verdadero universitario con la expresión inglesa del gentleman, que yo utilizo como gentleperson.

Los rasgos que Newman encuentra en aquellas personas que han sido formadas como humanistas, y que proceden de un carácter ético formado por un intelecto cultivado los recoge en su 8º Discurso de Idea of a University, concretamente en el número 10. Para describir estos rasgos, Newman utiliza imágenes profundamente elocuentes.

Un gentleperson, dice:

“Nunca se muestra mezquino o con miras estrechas es sus discusiones”

“Llevado por una prudencia que le lleva a tener un visión de lejanía, tiene en cuenta la antigua máxima de que hemos de conducirnos hacia nuestro enemigo como si algún día hubiera de ser nuestro amigo”.

“Nunca toma personajes o dichos agudos por argumentos”

“No insinúa acciones malas que no se atreve a decir con claridad”

“Su disciplinado intelecto le preserva de la descortesía de confundir el punto de discusión y perder las energías en bagatelas”

“Es tan sencillo como sólido, y tan breve como eficaz”

“Sabe ponerse en el lugar de sus oponentes y comprende sus equivocaciones”

“Conoce tanto la debilidad de la razón humana como su fuerza, sus capacidades y sus límites”

“Es suficientemente profundo y generoso de mente como para ridiculizar a los demás, y prudente como para ser dogmático o fanático”

“Su gentileza y suavidad de sentimientos son los acompañantes de la civilización”

“Por la precisión y solidez de su lógica, es capaz de apreciar qué sentimientos resultan coherentes”

Y lo más gráfico es que compara al gentleperson con un cómodo sofá, junto a una chimenea en una noche de invierno. Conociendo a Newman, no se refiere solamente a la imagen de caballero elegante y de moderadas maneras. Newman evoca la imagen del mismo Jesucristo, que por amor, por su amistad con los hombres, se conduce siempre con esa finura y delicadeza, lo que no menoscaba en absoluto, su condición de Dios y Hombre verdadero.

Por otro lado, esta solidez en la mente teórica y práctica lleva a las personas a tener una recta conciencia. Precisamente fue la explicación de Newman sobre la conciencia lo que al joven Joseph Ratzinger cautivó durante sus años de seminarista, posteriores a la 2ª Guerra Mundial y por lo que siguió estudiando los escritos filosóficos y teológicos de Newman. Hitler había llegado a decir que él era la conciencia de Alemania, sólo él podría juzgar lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo que inquietó a muchos. Al volver de la guerra a las aulas del seminario, uno de sus profesores les explicó la realidad de la conciencia con estas palabras de Newman:

“La conciencia ordena, elogia, culpa, promete, amenaza, insinúa un futuro y da testimonio de lo invisible. Es algo más que el propio hombre. El hombre no tiene poder sobre ella, o sólo con extrema dificultad. Él no la hizo, no puede destruirla. Puede acallarla en casos o en direcciones particulares, puede falsear sus enunciados, pero no puede emanciparse de ella. Puede desobedecerla, puede negarse a usarla, pero permanece. Sus mandatos particulares son siempre tan claros y consistentes que su misma existencia nos lanza fuera de nosotros mismos, y más allá de nosotros mismos, para irle a buscar a Él, cuya Voz es la conciencia”.

Años después dedicó la Carta al Duque de Norfolk a la profundización de esta realidad.  Benedicto XVI quiere y admira a este intelectual inglés, por lo que la víspera de su beatificación, en Hyde Parke, Londres, dijo: “Como sabéis, durante mucho tiempo, Newman ha ejercido una importante influencia en mi vida y pensamiento”. ¿Qué es eso que tanto ha influido en el Papa? Su amor a la verdad, su respeto a la realidad, su afán por encontrar la última causa de todas las cuestiones de manera racional y de manera razonable.

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