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Newman

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En nuestros tiempos posmodernos, dominados por el imperio de los medios de comunicación y en los que ya hemos sido testigos de persecuciones “mediáticas” contra la Iglesia católica, es muy conveniente ver la otra cara -más grande y más luminosa- de la moneda: la de tantos hombres y mujeres que viven su fe de manera habitual y otros de manera heroica en medio de nuestro mundo. La aún reciente histórica y gozosa beatificación del Cardenal John Henry Newman, en septiembre de 2010,  ha puesto aún más de manifiesto lo que ya había intuido un buen conocedor del gran converso inglés del siglo XIX, pues Newman no es únicamente un prolijo escritor religioso, un elocuente predicador, un excelso educador o un singular filósofo. “Newman es, en primer lugar, un hombre de la fe y la conciencia, de la misión religiosa y la corresponsabilidad para los hombres de su tiempo”[1]. La presente contribución presenta someramente la aportación del Newman sobre las relaciones entre fe y razón, de manera que se vea, sobre todo en estos tiempos, que se puede creer lo que no se puede demostrar únicamente con la lógica formal, es decir, que la fe es razonable pero no reducible a lo científico y demostrable.

Desde el mismo origen del filosofar, los conceptos de razón y fe y sus mutuas relaciones o bien su respectiva autonomía han sido objeto de reflexión y de estudio por parte del ser humano. En cada época histórica, lejos de tenerlas en un armonioso equilibrio, ha prevalecido la una sobre la otra. Nuestra época se encuentra en un momento bastante problemático: parece que hemos salido de la modernidad, la cual subrayó de manera ilimitada la razón, negando absolutamente todo valor a la fe, y hemos entrado en el posmodernismo, que acentúa otras maneras, no estrictamente racionales, de conocer y transformar la realidad, así como de relacionarse con los demás.

Con todo, esta problemática parece ser una de tantas que en un momento determinado ocupa la mente de los pensadores. Pero son pocos los pensadores que podemos decir que hicieron de esta problemática el centro de su existencia y reflexión. Tal vez Pascal y pocos más. Newman centró la totalidad de su reflexión en la cuestión fe-razón, como queda manifiesto en sus obra de madurez An Essay in Aid of a Grammar of Assent. En su diario puede leerse el siguiente pasaje del 30 de octubre de 1870:

Desde que publiqué a fines de marzo pasado mi Essay on Assent, he pensado escribir algo sobre el libro. Es el resultado final de un prolongado deseo y esfuerzo y no sé el valor que pueda tener, pero me alegro de haberlo al fin concluido, de no tenerlo ya entre manos. A los autores (o al menos a mí) nos resulta tan difícil predecir, antes de escribirlos, como van a ser los libros… es un libro que llevo veinte años proyectando escribir; y ahora que está hecho me cuesta trabajo reconocer en él lo que había pensado que fuese, aunque supongo que sí lo es. Lo he empezado más veces de lo que podría decir. (…) Estas tentativas, aunque estuviesen estrechamente relacionadas unas con otras, fueron, creo, todas diferentes. Pero resultaron algo así como querer penetrar en un laberinto, o encontrar el punto débil de las defensas de una ciudad fortificada, no conseguía avanzar y me vi rechazado, completamente derrotado. Y, sin embargo, me parecía que fuese cual fuese su valor, debía sacar a la luz todo eso que mi mente veía y no llegaba a comprender. No digo que el resultado valga mucho, ahora que ya lo he conseguido expresar, pero no me gustaría que me hubiese sorprendido la muerte sin haberlo dado a conocer. Puede sugerir a otros, cosas mejores y más verdaderas, aunque en sí valga poco. Y así seguí año tras año. Por fin, estando yo en Glion, junto al Lago Lemán, se me ocurrió lo siguiente. ‘Te equivocas al querer partir de la certeza –la certeza no es más que una especie de asentimiento- debes empezar estableciendo la diferencia entre asentimiento e inferencia’. Tomando tal principio como base, y viendo que servía de clave para mis ideas, empecé a trabajar[2].

1. La razón y la fe

Una de las obras más destacadas de Newman sobre razón y fe se titula Sermones Universitarios[3]. Nuestro autor es un hombre que, como en su tiempo san Agustín, buscaba conocer al hombre interior, pero sobre todo a sí mismo. Al mismo tiempo, era un pastor preocupado por sus ovejas, de modo que siempre se preguntaba cómo era posible justificar la fe del hombre sencillo, no la del ilustrado y de mente cultivada. Por ello Newman ofreció sus sermones en la capilla de la universidad de Oxford: para mostrar que la fe, al tiempo que es una virtud sobrenatural que depende de Dios y de nuestra apertura y respuesta a Él, es una posibilidad plenamente humana, pero distinta del razonamiento lógico formal. Cualquier persona es capaz de dar razón de muchas de sus opciones prácticas en la vida, y así también es capaz de dar razón de lo que cree. Newman intenta poner en conceptos aquello que todas las personas vivimos de manera no refleja, sino cotidianamente.

En el prólogo a la tercera edición de sus Sermones universitarios, Newman expone qué es lo que entiende por razón y fe. Pero antes parte de las nociones comunes:

Según este significado corriente, fe es juzgar en materia religiosa basándose en fundamentos débiles, y razón es juzgar con fundamentos sólidos y firmes. Fe implica facilidad para aceptar lo que pide la religión, y razón implica lentitud para lo mismo. <Fe> quiere expresar un sentimiento o experiencia emotiva; <razón>, un acto de sentido común. Fe se aviene con conjeturas o presuposiciones; razón, con pruebas[4].

Así pues, a primera vista, la diferencia entre ambas resulta ser infranqueable. Por eso Newman se ve en la necesidad de precisar el sentido del término razón. Escribe: “Se entiende propiamente por razón cualquier proceso o acto de la mente, mediante el cual, a partir del conocimiento de una cosa ésta avanza hasta conocer otra”[5]. La razón, pues, se caracteriza por su carácter discursivo. Pero la razón puede ejercerse de manera implícita o explícita, pues es claro que todos tenemos razones pero no todos las podemos expresar de manera adecuada. Además, se puede argumentar de dos maneras: a priori, esto es, a partir de probabilidades antecedentes; o a posteriori, es decir, a partir de garantías efectivas o indicios demostrativos[6]. A partir de esto, Newman declara que razón puede tener otros significados. En primer lugar, en contraposición a lo implícito, la razón es “la habilidad o pericia en la argumentación lógica”[7]. Un segundo significado de razón se refiere a su relación con temas religiosos, y entonces es solamente el razonamiento a posteriori, o sea, es la facultad de elaborar demostraciones o garantías. El tercer sentido es el abuso de la razón en relación a las materias religiosas. Esto indica la extrapolación gnoseológicamente indebida de la razón al no aplicar los principios adecuados al objeto religioso[8].

La fe, por su parte, es un asentimiento o una certeza, es “una aceptación de la realidad de algo”. Pero según Newman, la fe “parte de probabilidades, pero termina en afirmaciones absolutas”[9]. Josep Vives comenta a Newman y escribe que “la fe no sólo no se deduce necesariamente de unas premisas, sino que de alguna forma supone unas opciones previas, una manera de situarse personalmente frente a la realidad; sólo el que siente y acoge la exigencia de absoluto (absoluto de verdad, de valor, de sentido, de totalidad, de responsabilidad…) puede llegar a encontrar al absoluto”[10]. Uniendo la fe con los sentidos del término razón, tenemos que ésta “es implícita en sus actos, adopta el método de la verosimilitud, y parte de primeros principios religiosos”[11]. Por tanto, la fe se revela racional, pero no como racionalidad lógica, sino como una racionalidad más total, más omniabarcante de la realidad. Newman subraya que la razón en sentido general nos resguarda del peligro de caer en la superstición.

Todas estas consideraciones, algunas apenas insinuadas, hallarán su desarrollo y plenitud en su obra de madurez, Grammar of Assent, a la que me referiré en otro momento.


 

1. ARTZ, JOHANNES, Newmans philosophische Leistung, p. 169, citado por ROMBOLD, GÜNTER, “John Henry Newman”, en CORETH, E. et. al., Filosofía Cristiana en el pensamiento católico de los siglos XIX y XX, tomo 1: nuevos enfoques en el siglo XIX, Madrid, Encuentro, p. 680.

2. Newman, JOHN HENRY, Escritos autobiográficos, Taurus, Madrid, 1962, pp. 238-242.

3. Para lo que sigue resulta muy oportuno el artículo de ANDREAS KORITENSKI, “Der frühe John Henry Newman über Glaube und Vernunft”, en ThPh 88 (2013), pp. 236.260.

4. NEWMAN, JOHN HENRY, La fe y la razón…, p. 47.

5. Ibídem.

6. Cf. Ibíd., pp. 47-48.

7. Ibíd., p. 50.

8. Cf. Ibíd., p. 51.

9. NEWMAN, JOHN HENRY, La fe y la razón…, p. 52.

10. VIVES, JOSEP, La sombra nos hace ver la luz…, p. 29.

11. NEWMAN, JOHN HENRY, La fe y la razón…, p. 53.

Siendo Newman consciente de la intensidad de su vida guardaba con cuidado sus apuntes y cartas personales, sin embargo, no se había planteado la redacción sobre su autobiografía de manera directa, a pesar de que Bremond le llama «el más autobiográfico de los hombres». En su novela Loss and Gane: The Story of a Convert (1847), Newman había relatado la historia de un estudiante de Oxford, Charles Reding. A poco que se conozca la vida de Newman se comprende que detrás del proceso de conversión de aquel personaje se esconde su propia lucha. Pero ha cambiado los nombres y las circunstancias, dando origen a una narración paralela, pero no igual a su vida. Lo que motivó a Newman a escribir sobre su experiencia vital fue el ataque público que hizo el doctor Charles Kingsley (1819-1875) a los católicos en general y directamente a su persona. Kingsley siendo ya un conocido escritor anglicano, escribió en 1864 en una revista que «la religión católica hace peores a los hombres» y que «la verdad no ha sido nunca una virtud del clero católico». Para confirmar sus palabras incluyó en el texto que el «Padre Newman  nos dice que no hace falta eso (virtud), y en general no debe ser así». Ello movió a Newman a hacer una defensa igualmente pública. Para este fin utilizó material que apoyara los hechos por él descritos en cartas y otros documentos que había recogido con antelación.

Como antecedente, Newman se había convertido del anglicanismo al catolicismo en 1845. Antes de tal decisión había padecido grandes dudas, retracciones, calumnias e insultos; en consecuencia, sufría el recelo de muchos católicos y el odio de los anglicanos. Hacia 1864, Newman vivía en el Oratorio de San Felipe Neri en Edgbaston, Birmingham, y quiso aprovechar la oportunidad para devolver la honra a aquellos con quienes compartía su fe. Teniendo él presentes los grandes sacrificios que había pasado, la constante fidelidad a los llamados de su conciencia y las largas temporadas de obscuridad, atestiguados por escritos de conocimiento público, contaba con suficientes pruebas como para demostrar la sinceridad de sus decisiones.

Nuestro autor salió del silencio y comenzó la redacción de siete folletos semanales que fueron publicados sucesivamente entre el jueves 21 de abril y el 2 de junio de 1864 en la revista Macmillan´s Magazine. Los dos primeros los dedicó a examinar las acusaciones. Posteriormente Newman inició el relato y defensa de su vida con aquellos datos que fueron significativos en su proceso de conversión y que le llevaron hasta un acto de asentimiento imprevisto de su parte. Narra desde sus primeros años de juventud hasta 1845; lo restante lo omite porque le parece que el asunto queda resuelto con mostrar el camino de su conversión. Los folletos despertaron el interés en todos los ambientes dentro y fuera de las Islas Británicas. Del lado de Kingsley estaban la Iglesia Nacional, el Parlamento, la Universidad de Oxford (cabeza de la intelectualidad anglicana) y el vulgo, cultos y menos cultos. Desde América, Asia y, sobre todo, de Roma llegaban cartas a Newman. Se enfrentaban en un debate abierto dos grandes concepciones del pensamiento, de la vida intelectual y espiritual de mediados del siglo XIX. Posteriormente fueron publicados como libro bajo el título de Apologia pro vita sua.

Es necesario mencionar algunas circunstancias de su contexto para ayudar a comprender el ambiente que le rodeaba. La vida de Newman abarcó casi por completo el siglo XIX. Éste fue para Inglaterra un siglo de profundas transformaciones, especialmente durante sus primeras décadas. En el ámbito científico y técnico aparecieron brillantes investigadores cuyos descubrimientos estuvieron cuajados de cambios vitales en los campos de la biología, la geología, la química y las ciencias médicas. Aparecen la locomotora y la electricidad. Todo ello trae como consecuencia un progreso industrial nunca antes sospechado. En estrecha relación con estos avances, la sociedad sufrió una serie de profundas transformaciones. Nace el sistema económico capitalista práctico, avalada por unas teorías que se difundieron con facilidad. Se crearon las primeras fábricas y se inició la explotación industrial moderna. Apareció la masa obrera de las ciudades para abastecer las fábricas; al tiempo que se consolidó la burguesía.

En esa misma época, la política inglesa incorporó el derecho al voto y tomó fuerza el poder de las clases medias suplantando el poder de la aristocracia. El mismo Parlamento comenzó a representar las personas en particular, a cualquier ciudadano, en vez de las propiedades de los nobles. La cultura está invadida por el Romanticismo en las artes y en las letras. Se rompe la tradición y la ruptura con el racionalismo es una reacción casi violenta. Como resultado se advierte un resurgimiento comparable a la época de Shakespeare. Los representantes ingleses del romanticismo se manifiestan en tan diversos estilos desde el pesimismo de Lord Byron (1788-1824) hasta la lozanía popular y castiza de Walter Scott (1771-1832). Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) y William Wordsworth (1770-1850) son también interesantes artistas de la época. La cercanía de la Revolución francesa y la influencia de los jacobinos trajeron consigo otros cambios ideológicos. En filosofía se desarrolló el  positivismo; y en detrimento de la religión se popularizaron las tendencias agnósticas. Triunfó el materialismo, la revolución y la  incredulidad.

En cuanto a Newman, fue ministro de la Iglesia Anglicana, comunidad dominada ya en el siglo pasado por una religiosidad formal y casi vacía. La ley tenía el monopolio de las conciencias, mientras que el clero estaba frecuentemente ausente de su trabajo pastoral. Por otro lado, dicha Iglesia sufre la ofensiva de quienes pretendían despojarla de sus privilegios en la vida pública del país y su influencia sobre los fieles. Aparecen, dentro del anglicanismo,  grupos de tendencia protestante por influencia alemana. Eran sectas distintas entre los que destacan los grupos de metodistas, cuáqueros, unitarios y bautistas. Igualmente se introdujeron ideologías secularistas y laicistas dando como consecuencia un paulatino proceso de incredulidad. Y para contrarrestar la fuerza cultural del anglicanismo, se creó la London University en 1828, que pretendía ser la réplica laica de la enseñanza confesional de Oxford y Cambridge. La filosofía utilitarista de Jeremy Bentham (1748-1832) y James Mill (1773-1836) representa el pragmatismo individualista y secularizador en Inglaterra. Desde esta teoría pretenden reducir la religión a una función moralista de la sociedad. El marco histórico en que se desarrolló la vida de Newman tuvo importantes repercusiones hasta nuestros días.

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1. Dos perspectivas del ser humano

¿Qué significa ser considerado un representante del pensamiento personalista?, ¿qué características distingue a los pensadores personalistas de los que no lo son? John F. Crosby, en la “Introducción” de su libro The Selfhood of the Human Person, explica que al ser humano se le pueden considerar desde dos perspectivas: una cosmológica y otra personalista. En el primer caso podemos citar la visión aristotélica en la cual se caracteriza al hombre desde términos tomados de la filosofía de la naturaleza y que comparte con seres inferiores al hombre; ello conlleva el riesgo de reducirle simplemente a una parte del mundo existente. En el segundo caso, la reflexión filosófica desea reivindicar al hombre haciendo patente su irreductibilidad respecto al mundo, de manera que se le preste especial atención a la subjetividad personal y al desarrollo de las categorías que son exclusivamente aplicables a la persona, como son la interioridad, la presencia ante sí mismo y la propia donación. En este marco de referencia se encuentran tanto la perspectiva de ser humano que propone John Henry Newman.

1.2. Desde el personalismo teológico

Newman destaca por sus aportaciones a la teología, dado que sus reflexiones de tipo filosófico fueron escritas en función a su reflexión teológica. El entonces profesor Joseph Ratzinger considera a Newman un gran teólogo de pertinencia actual ante la controversia espiritual de nuestro tiempo. En 1990, durante el congreso conmemorativo del centenario de la muerte del cardenal inglés, narró su propia experiencia: en el Seminario de Frisinga, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, uno de sus profesores y otros alumnos encontraron en Newman un autor que respondía a sus inquietudes, particularmente en su teología de la conciencia. Acababan de sufrir en Alemania un totalitarismo de partido considerada como la pieza de la historia que negaba la conciencia de la persona pues Hitler pretendía ser la única conciencia del país. Ratzinger afirma que la doctrina de Newman sobre la conciencia divina fue para nosotros como el fundamento de aquel personalismo teológico. Nuestra imagen del hombre, casi como nuestra conciencia de la Iglesia, se constituyó como nuestro punto de partida. Así que esta propuesta fue acogida con entusiasmo en aquel Seminario que debía reconstruir el pensamiento y el ánimo de aquellos jóvenes de postguerra. Newman es considerado como un personalista entre los teólogos contemporáneos.

1.3. Otras referencias marginales de consideración sobre el personalismo

Con el fin de acotar claramente a los filósofos personalistas se ha considerado como punto deferencia temporal a partir de la Segunda Guerra Mundial. Desde esta referencia Newman queda fuera del personalismo contemporáneo ya que su vida terrena se apagó un poco antes del siglo que sufrió tales tragedias. Pero conviene destacar que, a pesar de ello, este autor inglés es cada vez más estudiado como un visionario. Newman se mantuvo al margen de la reflexión anquilosada que encontró lamentablemente en sus años de estudio en Roma y ofreció una serie de aportaciones que se han ido recogiendo un siglo después. Newman mantiene su mente atenta a la realidad concreta, más anclada en la experiencia, en los hechos y en el sentido común que en teorías abstractas. Un elemento importante de su formación intelectual fue que se dedicó seriamente al estudio de los escritos de los Primeros Padres de la Iglesia, especialmente en sus textos trinitarios, en autores como son San Cirilo de Alejandría y San Atanasio cuyas obras buscaban desentrañar algo más sobre las Personas Divinas. Siendo la persona una realidad análoga, el estudio de las Personas Divinas le sirvió de inspiración al contemplar a la persona humana. Esta misma vía de entendimiento la siguieron los místicos clásicos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, quienes intuyeron la riqueza de la persona desde su contemplación de Jesucristo.

Por otro lado, Newman queda aparentemente excluido del personalismo si se considera el vínculo con el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, así como a los fenomenólogos de los siglos XIX y XX como fundamentos indispensables de esta nueva propuesta. Newman, ciertamente estudió parcialmente el pensamiento tomista durante sus años de estudio en Roma y de ellos extrajo su noción de la fe como un asentimiento. Las fuentes de su reflexión filosófica han estado más relacionadas con el empirismo inglés, la teología calvinista -en sus primeros años-, corrientes de pensamiento que bebieron de las fuentes del pensamiento estoico, más que de las del aristotelismo. Así se comprueba por su tendencia a la filosofía práctica como son la lógica, la ética y la política en sentido clásico. De Aristóteles Newman estudió sobre todo el Órganon y el libro a Nicómaco. En última instancia, Newman resulta ser un pensador independiente, porque a pesar de estar imbuido en un contexto cultural, respondió a los planteamientos del empirismo inmanentista con los que no concordaba.

Se ha dicho que el personalismo es un pensamiento de reacción. Si bien sus autores han reaccionado ante los abusos contra la persona humana, la riqueza de esta reflexión no se agota en dicho aspecto. En un marco actitudinal respecto al ambiente cultural de su tiempo, los personalistas típicos se opusieron tanto al capitalismo como al comunismo de la segunda mitad del siglo XX, los cuales competían por imponerse en el mundo. En el fondo se oponen a la mediatización materialista de la persona. Newman se opuso por razones morales, políticas y educativas, al capitalismo británico de corte pragmático e individualista ya patente en el siglo XIX, como puede comprobarse, por ejemplo, en su discurso sobre el fin y la naturaleza de la universidad.

1.4. En un análisis más detallado

John Henry Newman no reúne todas las características contextuales para ser considerado un representante típico del personalismo porque su pensamiento no se enmarca plenamente dentro del cauce de esta línea filosófica, sin embargo, “su vida reúne una mezcla de acción y reflexión propia de muchos de sus representantes”, como menciona Juan Manuel Burgos. Pero en Newman se encuentran las características fundamentales de fondo: es un pensador realista, comparte el interés por comprender a las personas concretas desde ellas mismas y su método de reflexión está iluminado por su propia acción y experiencia.

A continuación se matizan aquellos aspectos del pensamiento de Newman en el que aparece muy cercano a lo que podría denominarse la familia intelectual personalista.

En primer lugar, Newman es un pensador realista porque en términos generales acepta una realidad extramental que no depende de él ni de su mente. Esta afirmación no está basada en una teoría metafísica sino en su propuesta gnoseológica, resultado de su experiencia y observación. Por ejemplo, cuando se refiere a las características del asentimiento real y su relación con las imágenes representadas, afirma que “la claridad de las imágenes que se requieren para el asentimiento real no es garantía de la existencia de los objetos que representan. Una proposición por más vivamente que sea aprendida puede ser verdadera o puede ser falsa”. Esta misma cita muestra cómo para Newman el hombre es capaz de conocer la verdad, pero no la abarca del todo, ni la posee a la perfección.

Se debe aclarar que Newman siendo realista no es propiamente un filósofo metafísico en el sentido estricto de la palabra, porque si bien acepta todos sus principios básicos no maneja científicamente el lenguaje propio metafísico. Su actitud gnoseológica es realista y mantuvo un rechazo casi connatural al esencialismo y a cualquier enfoque inmanentista. Este fue uno de los motivos que le alejó del protestantismo. Newman destaca como un hombre que buscó la verdad con pasión, aun a costa de su honra y de su prestigio. La buscó con ahínco y la encontró fuera del contexto que él esperaba, y a pesar de su sorpresa que le llevó incluso al desconcierto y el abatimiento ante el mundo que debía abandonar al acoger la verdad con todas sus consecuencias. Entre sus amigos del Movimiento de Oxford, unos optaron por poner entre paréntesis sus descubrimientos como teólogos, su teoría, y siguieron su vida sin modificación alguna. Otros, muchos, siguieron el curso de Newman sin que él lo promoviera por respeto a la conciencia de cada uno y con un sentido delicadísimo de la libertad personal.

En segundo lugar, Newman resulta cercano al personalismo por su consideración sobre la libertad humana. Sus Sermones Universitarios, escritos en sus años anglicanos, muestran la visión de Newman respecto a la libertad. Newman no hizo de este teman un tratado, sino que es un supuesto indispensable que sostiene todo su pensamiento. Años después, luchó a favor de la libertad religiosa en Inglaterra. En su Carta al Duque de Norfork, respondió a sus contemporáneos que pretendían negar dicha libertad a los católicos británicos bajo supuestos más bien de carácter político. Quizá lo más sobresaliente en Newman es que propugna por la libertad de la conciencia, a lo que dedica el capítulo V de esta misma Carta. Y es que sin libertad no hay cabida a la responsabilidad ni a la moralidad.

En tercer lugar, la consideración de la persona como una realidad sustancial es mantenida por Newman, de manera que todos los actos tienen como fundamento a la entidad personal. Así, dice por ejemplo, “el asentimiento real es de naturaleza personal: cada individuo tiene los suyos y por ellos es reconocido”. La filosofía que contextualiza el pensamiento de Newman tiende a la unidad de la persona e insiste en que la imaginación es de cada persona y por tanto en la realidad se contextualiza dependiendo de los datos que cada uno ha recogido con su experiencia. De tal forma que en Newman el hablar de persona, libertad, responsabilidad, naturaleza, sentido ético y religioso forman una especie de unidad. La libertad no es sino la atención a lo que pide la propia naturaleza, y el desarrollo personal supone la moral que guía a la persona en sus decisiones, tomadas conforme a su conciencia. El sentido moral tiene como referencia a Dios, Creador de dicha naturaleza, y a la conciencia, la cual no es sino la voz divina que guía al hombre hacia su bien. Sus Sermones Universitarios, dictados en la Parroquia de Saint Mary’s durante sus años en Oxford, dan clara muestra de tal percepción del hombre y el sentido de su vida. La moral que presenta Newman es muy exigente, y no da cabida a los pretextos que detienen en el seguimiento de la propia conciencia.

Otro punto es la valoración de la dimensión afectiva del hombre. Las afirmaciones de Newman respecto al papel que juegan los afectos a favor de la fe tienden a la integración de las facultades de la persona. Al reflexionar sobre el tema de la fe, considerado como un asentimiento real o como la aceptación de la verdad contenida en una proposición concreta, matiza diciendo que no todos los asentimientos tienen la misma fuerza y atribuye la máxima firmeza al asentimiento que impacta también la misma vida, en la cual media el amor a la persona que ha mostrado dicha verdad. Una cita elocuente al respecto dice: “La fe de tantos miles en nuestros días en la divinidad de Jesucristo no por ser común es necesariamente nocional, sino que puede ser una fe real y personal originada en las diversas almas por diversas experiencias y causas dispositivas combinadas de diversas maneras. Tales son una imaginación cálida y fuerte, una gran sensibilidad, la compunción y el horror al pecado, (…) la familiaridad con cantos y poemas religiosos, (…) la predicación elocuente. En cada caso la imagen mental, con la experiencia de la que ésta procede, sería resultado personal”. Más adelante Newman señala que “sería necesariamente un principio de simpatía y un lazo de comunicación entre aquellos que llegaron por estos caminos diversos a un asentimiento común mucho más fuerte que el que pudiera lograr cualquier número de nociones comúnmente aceptadas”.

En cuanto al valor otorgado a la realidad relacional del hombre, baste referirse a la propia experiencia vital de Newman, quien a los dieciséis años, según narra él mismo, experimentó su primera conversión. A partir de esa edad, él privilegió en su pensamiento y en su vida la certeza de que dos y sólo dos sustancias existentes importaban: su alma y Dios, pasando a segundo termino cualquier otra relación. Sesenta años después, el lema de su escudo cardenalicio fue: “Cor ad cor loquitur”. Esta constante referencia al Otro le prepara para estar atento a las demás personas. No se encontró nunca aislado, sino que las relaciones interpersonales guardaban un especial sentido en su vida, en la medida en que tuvieran tal referencia. Por ello, por ejemplo, la amistad que cultivó exquisitamente con tantas personas era otra manera de vivir el amor a Dios. Y tal convicción aplicaba igualmente para sus amigos varones como para aquellas mujeres a las que guardó lealtad hasta su muerte, como fue el caso de Maria Giberne.

Con este testimonio sobra decir que para Newman tienen primacía absoluta los valores morales y religiosos. En los Discursos en los que ofreció su propuesta educativa para fundar la primera universidad para laicos católicos en Irlanda, muestra explícitamente su pensamiento sobre la armonía e integridad del saber que incluye las distintas ciencias, la filosofía y la teología, lo cual es condición para la formación de una verdadera cultura puesto que sólo en la integridad de los saberes se puede hablar de sabiduría.

En definitiva, con las salvedades antes mencionadas, Newman “surca el mismo ancho mar –como bellamente dice Carlos Díaz- de la reflexión sobre la dignidad inalienable de la persona desde el testimonio activo, que espera avistar un mañana donde la Trascendencia se haga presencia definitiva”, con la que caracteriza al pensador personalista.

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Ponemos a su disposición el artículo «La lectura lonerganiana de Hegel», escrito por Mark D. Morelli, de Loyola Marymount University. Trata brevemente la relación de Lonergan con Newman. Lo podrá encontrar en las páginas 199-225. 

Haga clic para descargar: Revista de Filosofía: Debate Hermenéutica Cultura, Universidad Iberoamericana

Tomado de: http://www.ibero-publicaciones.com/filosofia/volumenes_anteriores.php?id_volumen=7

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[icon_timeline timeline_style=»csstime» timeline_line_style=»solid» custom_width=»200″ tl_animation=»tl-animation-shadow»][icon_timeline_feat time_title=»1801, 21 feb.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» arrow_position=»top»]Nace en Londres, en la calle Old Broad No. 80; hijo de John Newman y de Jemima Foundrinier, una familia anglicana. Sus padres se casaron en 1799 y John Henry fue el primero de seis hijos: Charles Robert (1802-1884)), Harriet Elizabeth (1803-1852), Francis Robert (1805-1897), Jemima (1808-1879) y Mary Sophia (1809-1828).[/icon_timeline_feat][icon_timeline_item time_title=»1803″ icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Se mudan a la calle Southampton, en Bloomsbury, Londres. El 1 de mayo de 1808 sus padres lo envían a un internado privado.

Muy niño se distinguió por sus buenas capacidades para el estudio. Gustaba de participar como actor en pequeñas obras de teatro y era muy bueno para tocar el violín. Su compositor favorito era Beethoven.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1816, 8 marzo» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Su padre, que era banquero, se declaró en quiebra. La familia Newman se vio en una situación complicada, pero nunca se desesperó.

A los 15 años, Newman tuvo lo que llamó “una primera conversión”. Se desconocen los detalles, pero tuvo por vez primera la firme convicción de la existencia de Dios. En ese mismo año optó por un estilo de vida célibe.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1816, 14 dic.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Ingresa al Trinity College, de Oxford. Concluyó sus estudios en 1820, aunque no con los resultados que esperaba.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1821″ icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Le confía a su padre su intención de ordenarse sacerdote en la Iglesia Anglicana, decisión que fue apoyada en todo momento por su familia.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1822″ icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Es aceptado como fellow de Oriel College (Oxford), y con sus ingresos contribuye notablemente a ayudar a su familia, que para entonces se encontraba en una precaria situación.

Newman solía escribirles cartas a sus padres para animarlos, asegurándole que “sus hijos estaban muy agradecidos por ser una familia feliz, y que la desgracia de la quiebra solamente los uniría aún más”. De hecho, además de su salario de Oriel College, Newman impartía clases particulares con el objetivo de costear la manutención de su hermano Francis, que estudiaba también en Oxford.
[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1823, verano» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Su hermano Charles Robert se mostraba escéptico en materia de religión. Newman le escribía muy preocupado por esa situación, y le conminaba a estudiar más a fondo la doctrina cristiana, con el objetivo de afianzar su fe, y no dejarse llevar por sentimentalismos.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1824, 13 jun.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Lo ordenan diácono de la Iglesia Anglicana.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1824, 26 sept.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]El padre de Newman, luego de bendecir a sus hijos, muere a los 59 años.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1825″ icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Muere su abuela paterna, días antes de su ordenación como presbítero anglicano, que ocurrió el 29 de junio. Newman recordará a su abuela como una figura fundamental en el crecimiento de su espiritualidad.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1826, 20 ene.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Es nombrado tutor de Oriel College.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1828, 4 ene.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]A los 19 años muere su hermana menor, Mary, hecho que le imprime una huella muy dolorosa.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1828, 14 marzo» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Es elegido párroco de St. Mary, la capellanía de Oxford. Se distinguió por tanto por su crecimiento en el ámbito intelectual de la universidad, como por su celo pastoral. Visitó a todas las familias de la zona y se preocupaba por atender especialmente a las más necesitadas.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1832 – 1833″ icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Durante un viaje por el Mediterráneo en el que casi muere, compone los versos de Lead Kindly Light, su poema más famoso.
Sus sermones eran escuchados con agrado por la comunidad académica y estudiantil de Oxford. Sus estudios acerca de la Iglesia primitiva le provocaron una crisis de fe sobre la legitimidad de la Iglesia Anglicana. Para pensar mejor las cosas, se retiró de Oxford a Littlemore el 25 de octubre de 1843.
[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1845, 9 oct.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Motivado por un profundo amor a la verdad, decide convertirse al catolicismo, luego de considerarse incapaz de defender la legitimidad de la religión que profesaba. Tiempo después es enviado a Roma para estudiar teología.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1847, 30 mayo» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Ordenación sacerdotal como presbítero católico.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1849, 2 feb.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Abre un Oratorio de San Felipe Neri en Birmingham, y posteriormente en Londres (31 de mayo). La finalidad de los Oratorios era acercarse a la gente con un lenguaje ameno para formarla en doctrina. Asimismo, la apertura de un colegio para niños, gestionado por Newman y sus compañeros del Oratorio, permitió que el nivel de educación de la zona creciera notablemente.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1850, 22 ago.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]El papa Pío IX le otorga el título de doctor en Teología.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1851, 18 jul.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Newman es solicitado para gestionar la creación de la Universidad Católica de Irlanda, que abrió sus puertas el 4 de junio de 1854, con Newman como su primer rector. Sus ideas en torno a la educación era bastante novedosas: impulsó la formación de los laicos, la reforma de los estudios de los clérigos, y la puesta al día de las ciencias de su época. Sin embargo, tales ideas no fueron bien vistas por algunos obispos y el 12 de noviembre de 1858 presenta su renuncia. Este fracaso le hizo caer en una depresión.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1859″ icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Publica The Idea of a University: una serie de conferencias en torno a la naturaleza y el fin de la educación universitaria. Hasta la fecha, esta obra posee una gran relevancia en el ámbito pedagógico.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1864, 21 abr.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Comienza a publicar, por partes, Apologia pro vita sua, la que es considerada por él mismo una autobiografía espiritual, con una riqueza poética comparada, según algunos, con las Confesiones de S. Agustín.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1866″ icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Publica The Dream of Gerontius, un poema de gran valor artístico que, en 1900, fue musicalizado por Edward Elgar, y que actualmente se conoce como el trabajo orquestal más importante del compositor.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1878″ icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Oxford lo nombra fellow honorario de Trinity College. Vuelve a su Alma Mater después de 32 años.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1879, 12 mayo» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]El papa Leo XIII lo crea cardenal, en reconocimiento por la labor educativa que promovió en Gran Bretaña, y por sus agudos estudios y publicaciones en teología, filosofía, educación, historia, poesía, etcétera.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1884″ icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Muere su hermano Charles. A Newman le conmovió especialmente su muerte, por tratarse de su único hermano ateo…[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1890, 11 ago.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]Muere en Birmingham. Sus funerales se consideraron apoteósicos, con una enorme afluencia de personas durante las ceremonias.[/icon_timeline_item][icon_timeline_item time_title=»1991, 22 ene.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» title_font_style=»font-weight:bold;» title_font_size=»24″]San Juan Pablo II lo declaró venerable.[/icon_timeline_item][icon_timeline_feat time_title=»2009, 19 sept.» icon_type=»noicon» img_width=»48″ icon_size=»32″ icon_color=»#de5034″ icon_style=»circle» icon_color_bg=»#ffffff» icon_color_border=»#dbdbdb» icon_border_size=»1″ icon_border_radius=»500″ icon_border_spacing=»50″ time_read_text=»Read More» arrow_position=»top»]El papa Benedicto XVI lo nombró beato durante su viaje a Inglaterra. El papa emérito sólo presidió dos beatificaciones en su pontificado: la de Newman y la de Juan Pablo II.[/icon_timeline_feat][/icon_timeline]

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El Beato John Henry Newman constituye un ejemplo elocuente y auténtico de una búsqueda apasionada de la verdad. A él se le considera entre los grandes pensadores cristianos, y de hecho se espera que, con el paso de los años, llegue a ser proclamado “Doctor de la Iglesia”. Sin embargo, él nunca se consideró a sí mismo ni teólogo, ni filósofo. Tampoco tuvo la intención de establecer una corriente o escuela de pensamiento, ni se identificó con alguna de ellas.

Él simplemente era un hombre creyente y coherente, un padre y un pastor que supo estar atento a las inquietudes y necesidades espirituales de sus contemporáneos. En nuestros días, él continúa siendo un buen “compañero de camino” de quienes van tras la búsqueda sincera de la verdad en sus vidas.

Él fue un hombre dotado de grandes cualidades. No solamente gozaba de una mente privilegiada y de una cultura amplia y profunda, sino que además poseía una delicada sensibilidad espiritual, la cual le ayudó a responder fielmente al llamado que Dios hacía en su conciencia, al igual que a comprender, con profundidad, el corazón del hombre y sus inquietudes.

El Beato Newman, tanto en su período anglicano como católico, fue motivado a escribir generalmente por razones pastorales. Él no era partidario de especulaciones académicas que terminaban siendo estériles, o bien, de reflexiones y teorías que no lograban responder a las verdaderas necesidades e inquietudes espirituales de la vida de las personas.

En sus obras, particularmente en sus sermones y cartas personales, se descubre con frecuencia una misma motivación pastoral y apologética: la defensa de la fe de las personas –con poco o mucha formación doctrinal–contra los excesos del “liberalismo” en materia de religión, al que nombraba como la “religión del día”.

 

Período anglicano

En su período como sacerdote anglicano (1824-1845), su apología de la fe se dirigía sustancialmente contra dos corrientes opuestas que se presentaban en el seno de Iglesia de Inglaterra: los “noéticos” y los “evangélicos”. En Oxford, donde Newman fue alumno y posteriormente profesor, predominaba la corriente “noética”, o “Escuela Evidencialista” (Evidential School), la cual estaba en boga en los círculos académicos del clero anglicano. Dicha corriente defendía el carácter racional del cristianismo, pero sometiéndolo a una estricta verificación lógica.

Bajo esta perspectiva, para que una doctrina fuera considerada como verdadera y creíble, debía ser demostrada mediante argumentos lógicos o pruebas de tipo histórico, denominadas como “evidencias” (evidences). Ellas constituirían el criterio último de credibilidad de una verdad de fe, y en consecuencia, la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo para nuestra salvación, se reduciría a un conjunto de silogismos verificables o comprobables.

El riesgo principal de esa postura es que no se dejaba espacio a la fe del creyente con poca instrucción religiosa, pues él no tenía la capacidad de argumentar, mediante pruebas racionales o “evidencias”, aquello que creía.

A su vez, frente a ese racionalismo liberal y académico, se acentuó otra corriente de tipo calvinista-evangélica dentro de la Iglesia anglicana, la cual tomó una postura opuesta, eliminando prácticamente el uso de la razón en el acto de fe. Los así denominados “evangélicos” (evangelicals), creían poseer una luz interior que los guiaba y capacitaba para creer, pero prescindiendo de cualquier tipo de razonamiento. De esa manera, la fe quedaba reducida a un sentimiento, en el que se renunciaba a cualquier tipo de justificación o razonabilidad.

Newman advertía que estas corrientes del pensamiento no quedaban únicamente en las aulas universitarias, sino que se propagaban entre la mayoría de la población, pues un gran número de los pastores de la Iglesia de Inglaterra se veían influenciados por ellas.

Él veía con mucho recelo tanto a los “noéticos” como a los “evangélicos”, porque ambas posturas se encontraban fuera de la verdad religiosa, pues terminaban sometiendo a la Revelación a una verificación en base a evidencias; o bien, a una especie de sentimiento o “iluminación” que podía llevar, incluso, hasta a la aceptación de lo inverosímil y absurdo.

 

Período católico

Posteriormente, en su período católico (1845-1890), nuestro autor se centró en defender la verdad de la Iglesia Católica y el derecho de los católicos a la profesión de su fe, frente a tantos prejuicios e incomprensiones que se suscitaban en la Inglaterra de la época victoriana.

Asimismo, él advirtió la debilidad y fragilidad de las corrientes apologéticas católicas de su época, las cuales pretendían “demostrar” la fe, mediante el uso de silogismos o argumentaciones lógicas, como una respuesta al racionalismo y ateísmo heredado de la Ilustración. Él tomó distancia de esas corrientes apologéticas, pues representaban un método de enseñanza y de transmisión de la fe muy distinto del que había aprendido de la lectura de los Padres de la Iglesia, quienes fueron su principal influencia para convertirse al catolicismo.

Casi al final de su vida, cuando recibió su nombramiento como Cardenal, expresó que en toda su actividad intelectual había luchado contra el “liberalismo” o relativismo en la religión, el cual lo definió como “la doctrina según la cual no existe ninguna verdad positiva en la religión”.

Esa postura liberal está muy relacionada con el actual problema del relativismo tan difundido en nuestra sociedad contemporánea. Éste pretende que las verdades objetivas queden a merced y juicio de cada sujeto, con el riesgo de hacer de la realidad –incluyendo a Dios– algo manipulable y a la medida del hombre.

Pero, ¿de qué manera Newman hizo frente al liberalismo en materia de religión? A diferencia de las corrientes apologéticas de su época, que ofrecían una serie de “contraargumentos” a los postulados liberales, él prefiere comenzar por justificar cómo una persona, con poca o mucha instrucción religiosa, puede llegar a la adhesión libre y consciente de la fe en Jesucristo.

Para lograr ese cometido, él busca describir los procesos internos que una persona realiza en el acto de fe. Esto se ve reflejado, principalmente, en su obra filosófica de madurez: Ensayo para contribuir a una Gramática del Asentimiento.

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Nos encontramos aquí en Birmingham en un día realmente feliz. En primer lugar, porque es el día del Señor, el Domingo, el día en que el Señor Jesucristo resucitó de entre los muertos y cambió para siempre el curso de la historia humana, ofreciendo nueva vida y esperanza a todos los que viven en la oscuridad y en sombras de muerte. Es la razón por la que los cristianos de todo el mundo se reúnen en este día para alabar y dar gracias a Dios por las maravillas que ha hecho por nosotros. Este domingo en particular representa también un momento significativo en la vida de la nación británica, al ser el día elegido para conmemorar el setenta aniversario de la Batalla de Bretaña. Para mí, que estuve entre quienes vivieron y sufrieron los oscuros días del régimen nazi en Alemania, es profundamente conmovedor estar con vosotros en esta ocasión, y poder recordar a tantos conciudadanos vuestros que sacrificaron sus vidas, resistiendo con tesón a las fuerzas de esta ideología demoníaca. Pienso en particular en la vecina Coventry, que sufrió durísimos bombardeos, con numerosas víctimas en noviembre de 1940. Setenta años después recordamos con vergüenza y horror el espantoso precio de muerte y destrucción que la guerra trae consigo, y renovamos nuestra determinación de trabajar por la paz y la reconciliación, donde quiera que amenace un conflicto. Pero existe otra razón, más alegre, por la cual este día es especial para Gran Bretaña, para el centro de Inglaterra, para Birmingham. Éste es el día en que formalmente el Cardenal John Henry Newman ha sido elevado a los altares y declarado beato.

Agradezco al Arzobispo Bernard Longley su amable acogida al comenzar la Misa en esta mañana. Agradezco a cuantos habéis trabajado tan duramente durante tantos años en la promoción de la causa del Cardenal Newman, incluyendo a los Padres del Oratorio de Birminghan y a los miembros de la Familia Espiritual Das Werk. Y os saludo a todos los que habéis venido desde diversas partes de Gran Bretaña, Irlanda y otros puntos más lejanos; gracias por vuestra presencia en esta celebración, en la que alabamos y damos gloria a Dios por las virtudes heroicas de este santo inglés.

Inglaterra tiene un larga tradición de santos mártires, cuyo valiente testimonio ha sostenido e inspirado a la comunidad católica local durante siglos. Es justo y conveniente reconocer hoy la santidad de un confesor, un hijo de esta nación que, si bien no fue llamado a derramar la sangre por el Señor, jamás se cansó de dar un testimonio elocuente de Él a lo largo de una vida entregada al ministerio sacerdotal, y especialmente a predicar, enseñar y escribir. Es digno de formar parte de la larga hilera de santos y eruditos de estas islas, San Beda, Santa Hilda, San Aelred, el Beato Duns Scoto, por nombrar sólo a algunos. En el Beato John Newman, esta tradición de delicada erudición, profunda sabiduría humana y amor intenso por el Señor ha dado grandes frutos, como signo de la presencia constante del Espíritu Santo en el corazón del Pueblo de Dios, suscitando copiosos dones de santidad.

El lema del Cardenal Newman, cor ad cor loquitur, “el corazón habla al corazón”, nos da la perspectiva de su comprensión de la vida cristiana como una llamada a la santidad, experimentada como el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios. Nos recuerda que la fidelidad a la oración nos va transformando gradualmente a semejanza de Dios. Como escribió en uno de sus muchos hermosos sermones, «el hábito de oración, la práctica de buscar a Dios y el mundo invisible en cada momento, en cada lugar, en cada emergencia –os digo que la oración tiene lo que se puede llamar un efecto natural en el alma, espiritualizándola y elevándola. Un hombre ya no es lo que era antes; gradualmente… se ve imbuido de una serie de ideas nuevas, y se ve impregnado de principios diferentes» (Sermones Parroquiales y Comunes, IV, 230-231). El Evangelio de hoy afirma que nadie puede servir a dos señores (cf. Lc 16,13), y el Beato John Henry, en sus enseñanzas sobre la oración, aclara cómo el fiel cristiano toma partido por servir a su único y verdadero Maestro, que pide sólo para sí nuestra devoción incondicional (cf. Mt 23,10). Newman nos ayuda a entender en qué consiste esto para nuestra vida cotidiana: nos dice que nuestro divino Maestro nos ha asignado una tarea específica a cada uno de nosotros, un “servicio concreto”, confiado de manera única a cada persona concreta: «Tengo mi misión», escribe, «soy un eslabón en una cadena, un vínculo de unión entre personas. No me ha creado para la nada. Haré el bien, haré su trabajo; seré un ángel de paz, un predicador de la verdad en el lugar que me es propio… si lo hago, me mantendré en sus mandamientos y le serviré a Él en mis quehaceres» (Meditación y Devoción, 301-2).

El servicio concreto al que fue llamado el Beato John Henry incluía la aplicación entusiasta de su inteligencia y su prolífica pluma a muchas de las más urgentes “cuestiones del día”. Sus intuiciones sobre la relación entre fe y razón, sobre el lugar vital de la religión revelada en la sociedad civilizada, y sobre la necesidad de un educación esmerada y amplia fueron de gran importancia, no sólo para la Inglaterra victoriana. Hoy también siguen inspirando e iluminando a muchos en todo el mundo. Me gustaría rendir especial homenaje a su visión de la educación, que ha hecho tanto por formar el ethos que es la fuerza motriz de las escuelas y facultades católicas actuales. Firmemente contrario a cualquier enfoque reductivo o utilitarista, buscó lograr unas condiciones educativas en las que se unificara el esfuerzo intelectual, la disciplina moral y el compromiso religioso. El proyecto de fundar una Universidad Católica en Irlanda le brindó la oportunidad de desarrollar sus ideas al respecto, y la colección de discursos que publicó con el título La Idea de una Universidad sostiene un ideal mediante el cual todos los que están inmersos en la formación académica pueden seguir aprendiendo. Más aún, qué mejor meta pueden fijarse los profesores de religión que la famosa llamada del Beato John Henry por unos laicos inteligentes y bien formados: «Quiero un laicado que no sea arrogante ni imprudente a la hora de hablar, ni alborotador, sino hombres que conozcan bien su religión, que profundicen en ella, que sepan bien dónde están, que sepan qué tienen y qué no tienen, que conozcan su credo a tal punto que puedan dar cuentas de él, que conozcan tan bien la historia que puedan defenderla» (La Posición Actual de los Católicos en Inglaterra, IX, 390). Hoy, cuando el autor de estas palabras ha sido elevado a los altares, pido para que, a través de su intercesión y ejemplo, todos los que trabajan en el campo de la enseñanza y de la catequesis se inspiren con mayor ardor en la visión tan clara que el nos dejó.

Aunque la extensa producción literaria sobre su vida y obras ha prestado comprensiblemente mayor atención al legado intelectual de John Henry Newman, en esta ocasión prefiero concluir con una breve reflexión sobre su vida sacerdotal, como pastor de almas. Su visión del ministerio pastoral bajo el prisma de la calidez y la humanidad está expresado de manera maravillosa en otro de sus famosos sermones: «Si vuestros sacerdotes fueran ángeles, hermanos míos, ellos no podrían compartir con vosotros el dolor, sintonizar con vosotros, no podrían haber tenido compasión de vosotros, sentir ternura por vosotros y ser indulgentes con vosotros, como nosotros podemos; ellos no podrían ser ni modelos ni guías, y no te habrían llevado de tu hombre viejo a la vida nueva, como ellos, que vienen de entre nosotros (“Hombres, no ángeles: los Sacerdotes del evangelio”, Discursos a las Congregaciones Mixtas, 3). Él vivió profundamente esta visión tan humana del ministerio sacerdotal en sus desvelos pastoral por el pueblo de Birmingham, durante los años dedicados al Oratorio que él mismo fundó, visitando a los enfermos y a los pobres, consolando al triste, o atendiendo a los encarcelados. No sorprende que a su muerte, tantos miles de personas se agolparan en las calles mientras su cuerpo era trasladado al lugar de su sepultura, a no más de media milla de aquí. Ciento veinte años después, una gran multitud se ha congregado de nuevo para celebrar el solemne reconocimiento eclesial de la excepcional santidad de este padre de almas tan amado. Qué mejor que expresar nuestra alegría de este momento que dirigiéndonos a nuestro Padre del cielo con sincera gratitud, rezando con las mismas palabras que el Beato John Henry Newman puso en labios del coro celestial de los ángeles:

“Sea alabado el Santísimo en el cielo,
sea alabado en el abismo;
en todas sus palabras el más maravilloso,
el más seguro en todos sus caminos”.
(El Sueño de Gerontius)

 

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A John Henry Newman se le conoce por su condición de cardenal y, sobre todo, por ser el converso del anglicanismo al catolicismo más destacado y por la influencia que ha ejercido en y desde la intelectualidad británica, proyectada a todos los países de habla inglesa. En el mundo católico de habla española se le ha dado a conocer más a partir de la visita del Papa Benedicto XVI a Inglaterra con el fin de ponerlo como ejemplo a los intelectuales católicos, por lo que hoy se le conoce como el Beato John Henry Newman.

A nivel universitario, esta influencia queda patentizada en el hecho de que, desde hace muchos años, en las universidades del mundo anglosajón se han erigido las capellanías católicas bajo el nombre de Newman House o Newman Club, lo que comenzó en Estados Unidos, se ha propagado por Irlanda, Inglaterra, Escocia, Australia, Sudáfrica, India, Hong Kong, Kenia y muchos países más.

Elementos principales de la propuesta educativa universitaria de Newman

Las ideas fundamentales sobre las que él propone se edifiquen las universidades, son principios de tipo humanístico, a lo que él llamó Liberal Education, haciendo referencia a las Artes Liberales. Se podrían resumir sus palabras de los 9 Discursos con los que planteó su propuesta educativa para la futura primera Universidad Católica de Irlanda en unas cuantas pinceladas:

Se basa en una visión unitaria de la realidad, donde no hay un rompimiento entre los distintos niveles de conocimiento, sino que busca una armonía y una complementariedad entre los distintos saberes. Él muestra la necesidad de que los alumnos tengan un conocimiento igualmente abarcante y amplio de la realidad, por lo que habrán de tener un profundo conocimiento filosófico y teológico. Pero ello, no debe hacerse de manera separada de los demás conocimientos, sino en diálogo con las demás ciencias, pues mucho es lo que aporta la teología y la filosofía a las demás ciencias, así como estos dos conocimientos amplios se alimentan de las aportaciones de las ciencias particulares. De manera que los profesores de ciencias deben profundizar en los temas de su especialidad que guardan relación con la filosofía y la teología, así como los profesores de estas ciencias, deberán estar al día en los debates de las demás ciencias. Solamente así se puede hablar de un verdadero saber.

Previo a ese nivel de conocimiento, habrá que preparar las mentes con hábitos intelectuales y una estructura mental suficientemente fuerte como para distinguir entre los verdaderos argumentos y las vagas opiniones. Para ello, es necesaria una sólida preparación en la gramática, la lógica, las matemáticas y la música. Ello se comienza desde la más temprana edad.

También conforma su propuesta educativa el hábito de las buenas lecturas, especialmente de los clásicos greco-romanos y de los clásicos universales. La promoción de lecturas de autores relevantes de la propia lengua es importante para adquirir un apropiado manejo del idioma con la que uno piensa y disponer de un vasto vocabulario. Para ello, Newman propone conocer suficientemente la lengua latina y las raíces etimológicas de nuestro idioma.

La centralidad del buen manejo del lenguaje es capital, puesto que es el vehículo a través del cual pensamos y nos comunicamos con los demás. Para ello es básico tener dominio de la Gramática que es la puerta para un desarrollo intelectual lógico. Newman, de hecho, es un clásico de la lengua inglesa y ha influido en poetas y escritores ingleses. Y también ha sido un maestro en la retórica y el debate, en un tono de cordialidad, a la par que asertivo y convincente.

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John Henry Newman se definía a sí mismo como un educador. Cuando le correspondió promover en Dublín, Irlanda, la primera universidad católica, tenía muy presente que el objetivo de la educación universitaria es la formación intelectual. Sin embargo, esta tarea de “amueblar la cabeza” con orden y concierto, se ha de traducir en un estilo de vida. Por ello, el perfil del egresado de la educación liberal que él propone, es muy ambicioso. Ello se consigue más allá de las clases teóricas, se configura con el buen ejemplo y el trato constante. Newman resume todas las cualidades que desea encontrar en un verdadero universitario con la expresión inglesa del gentleman, que yo utilizo como gentleperson.

Los rasgos que Newman encuentra en aquellas personas que han sido formadas como humanistas, y que proceden de un carácter ético formado por un intelecto cultivado los recoge en su 8º Discurso de Idea of a University, concretamente en el número 10. Para describir estos rasgos, Newman utiliza imágenes profundamente elocuentes.

Un gentleperson, dice:

“Nunca se muestra mezquino o con miras estrechas es sus discusiones”

“Llevado por una prudencia que le lleva a tener un visión de lejanía, tiene en cuenta la antigua máxima de que hemos de conducirnos hacia nuestro enemigo como si algún día hubiera de ser nuestro amigo”.

“Nunca toma personajes o dichos agudos por argumentos”

“No insinúa acciones malas que no se atreve a decir con claridad”

“Su disciplinado intelecto le preserva de la descortesía de confundir el punto de discusión y perder las energías en bagatelas”

“Es tan sencillo como sólido, y tan breve como eficaz”

“Sabe ponerse en el lugar de sus oponentes y comprende sus equivocaciones”

“Conoce tanto la debilidad de la razón humana como su fuerza, sus capacidades y sus límites”

“Es suficientemente profundo y generoso de mente como para ridiculizar a los demás, y prudente como para ser dogmático o fanático”

“Su gentileza y suavidad de sentimientos son los acompañantes de la civilización”

“Por la precisión y solidez de su lógica, es capaz de apreciar qué sentimientos resultan coherentes”

Y lo más gráfico es que compara al gentleperson con un cómodo sofá, junto a una chimenea en una noche de invierno. Conociendo a Newman, no se refiere solamente a la imagen de caballero elegante y de moderadas maneras. Newman evoca la imagen del mismo Jesucristo, que por amor, por su amistad con los hombres, se conduce siempre con esa finura y delicadeza, lo que no menoscaba en absoluto, su condición de Dios y Hombre verdadero.

Por otro lado, esta solidez en la mente teórica y práctica lleva a las personas a tener una recta conciencia. Precisamente fue la explicación de Newman sobre la conciencia lo que al joven Joseph Ratzinger cautivó durante sus años de seminarista, posteriores a la 2ª Guerra Mundial y por lo que siguió estudiando los escritos filosóficos y teológicos de Newman. Hitler había llegado a decir que él era la conciencia de Alemania, sólo él podría juzgar lo que estaba bien y lo que estaba mal, lo que inquietó a muchos. Al volver de la guerra a las aulas del seminario, uno de sus profesores les explicó la realidad de la conciencia con estas palabras de Newman:

“La conciencia ordena, elogia, culpa, promete, amenaza, insinúa un futuro y da testimonio de lo invisible. Es algo más que el propio hombre. El hombre no tiene poder sobre ella, o sólo con extrema dificultad. Él no la hizo, no puede destruirla. Puede acallarla en casos o en direcciones particulares, puede falsear sus enunciados, pero no puede emanciparse de ella. Puede desobedecerla, puede negarse a usarla, pero permanece. Sus mandatos particulares son siempre tan claros y consistentes que su misma existencia nos lanza fuera de nosotros mismos, y más allá de nosotros mismos, para irle a buscar a Él, cuya Voz es la conciencia”.

Años después dedicó la Carta al Duque de Norfolk a la profundización de esta realidad.  Benedicto XVI quiere y admira a este intelectual inglés, por lo que la víspera de su beatificación, en Hyde Parke, Londres, dijo: “Como sabéis, durante mucho tiempo, Newman ha ejercido una importante influencia en mi vida y pensamiento”. ¿Qué es eso que tanto ha influido en el Papa? Su amor a la verdad, su respeto a la realidad, su afán por encontrar la última causa de todas las cuestiones de manera racional y de manera razonable.

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Siguiendo con el objetivo de este blog, que es mostrar la relevancia de Newman hoy, quiero tomar de Fedor Dostoievski una frase de su novela El Idiota: “La belleza salvará al mundo”.

Newman aportó al mundo de la belleza literaria un gran número de versos. Entre ellos se encuentra el poema “El sueño de Geroncio” (“The Dream of Gerontius”)

Este poema de más de 1000 versos fue escrito en 1965, cuando Newman, a sus 64 años de edad, percibía en sus miembros el inicio de la debilidad, con la intuición inmediata de su mortalidad, aunque esta realidad la habrá tenido presente durante toda su vida.

“El sueño de Geroncio” es precisamente, un sueño y, como indica el nombre Geroncio, se refiere a la ancianidad y a la proximidad de la muerte. Es un texto de gran valor poético, pero también nos ofrece el testimonio sincero y estremecedor de un hombre que empieza a vislumbrar el enfrentamiento definitivo con el destino de su alma. Lo describe desde su profunda observación de la muerte de sus familiares y amigos, con la fuerza de su profunda preparación intelectual. Mortales somos todos, pero Geroncio representa al propio Newman. El tema es la muerte, desde una perspectiva religiosa: no como aniquilación, sino como tránsito hacia otro estado. El protagonista inicial, Geroncio, una vez pasado el trance de la muerte, es suplantado por el alma de Geroncio que dialoga con su Ángel y se debate ante la tentación.

Esta es una obra maestra de la poesía inglesa de todos los tiempos y un monumento literario a la esperanza. Se encuentra publicado en versión inglés-español.

En 1900 el afamado compositor Edward Elgar musicalizó el poema “El sueño de Geroncio” de Newman. Puede verse la interpretación del tenor Wesley Rogers, que representa primero a Geroncio y después al alma de Geroncio; la mezzo-soprano Kendall Gladen como el Ángel y el bajo Kevin Deas como el sacerdote que atiende al moribundo y luego al Ángel de la agonía.

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