Autores Entradas porEdición

Edición

109 Entradas 0 Comentarios

Topic del III Coloquio Internacional John Henry Newman, sus fuentes y comentadores: La educación liberal

La educación liberal que propuso John Henry Newman para la Universidad Católica de Irlanda en el siglo XIX sigue vigente. Para él, el fin de la universidad es el saber, y su focus central es la formación de la inteligencia.

Lo demás, vendría por añadidura. Entre las habilidades intelectuales que busca desarrollar es el hábito filosófico, sin el cual la capacidad de vincular y dar unidad a los distintos saberes, la búsqueda sincera de la verdad, y la capacidad para resolver problemas teóricos y prácticos se imposibilita.

El estudio de la gramática, de la literatura, de la historia, de las diversas lenguas y culturas llegan a armonizarse en la mente gracias a este hábito filosófico. En The Idea of a University, Newman describe lo que él considera que es un verdadero gentleman, más allá de un hombre frío y sereno, como fue el ideal británico a la luz del Capitán Horatio Nelson. El gentleman para Newman es un hombre culto, un hombre sabio, que ha formado y “amueblado” adecuadamente su mente, pero, sobre todo, tiene visión de conjunto, distingue entre lo importante y lo secundario, lo lejano y lo cercano y, sobre todo, el valor de cada persona. Todos estos efectos positivos, por un lado, son manifestaciones del hábito filosófico y, por otro lado, de un adecuado dominio de sí y la forja del carácter, que abren a un conocimiento más acabado de la realidad posibilitando así el conocimiento de Dios a través de la teología. No se trata entonces de buscar un resultado al incluir materias filosóficas o teológicas en los estudios universitarios, sino de crear ámbitos adecuados para el diálogo y la reflexión, la interiorización de lo que otros sabios han propuesto para el mejor conocimiento de sí mismo y de la naturaleza humana que compartimos. Es verdad que la filosofía y la teología son saberes abarcantes de la realidad, que ayudan a esta comprensión de conjunto, pero el hábito se forma con la práctica, con el diálogo, en el debate, en la reflexión y expresión de nuestros pensamientos y en el intercambio entre profesores y alumnos.

Este III Coloquio sobre John Henry Newman, sus fuentes y comentadores, tiene como propósito el crear este ambiente de diálogo sobre la educación universitaria.

[ps2id id=’Presentation’ target=»/]

0 2173

El nuevo libro sobre Newman

Libro de Casimiro Jiménez Mejía

La trayectoria del beato John Henry Newman refleja mejor que cualquier otra el ambiente moral, espiritual y religioso en Inglaterra durante el convulso siglo. XIX. Las luchas vitales del propio Newman son el mejor exponente de las contradicciones existentes en la sociedad victoriana, donde lo viejo y lo nuevo, la tradición y la innovación libraban una cruenta batalla. 

Si algo debemos destacar de la tortuosa vida de Newman, es sin duda su conversión al catolicismo, y su fe en la Divina Providencia. Por esta razón, esta biografía escrita por el sacerdote católico Casimiro Jiménez se titula “John Henry Newman, conversión y providencia”.

Con esta biografía, Casimiro pretende acercar al público la figura del Beato Newman, describiendo su trayectoria vital e intelectual, y explicando el porqué de su influencia en el mundo occidental. No se trata, pues, de un estudio para expertos en la figura del Cardenal Newman, sino de una breve biografía que permita a los lectores un primer acercamiento al pensamiento de este beato.

El libro sigue un orden cronológico, para facilitar la comprensión de los hechos a los lectores. Primero se narran las condiciones en las que se desarrollaron la infancia y la adolescencia de Newman. De las tres fuertes conversiones que el Cardenal experimentó a lo largo de su vida, la primera tuvo lugar a los 15 años, cuando Newman fue consciente de que Dios le llamaba al celibato.

Después se aborda la etapa universitaria de Newman en Oxford. El propio Cardenal siempre consideró esta etapa como una de las más felices de su vida. Tras estudiar en Oxford, Newman se convirtió en profesor de la Universidad y en párroco de Saint Mary. Poco después de ser admitido como profesor, Newman se embarcó a un viaje a Italia, donde experimentó una segunda conversión. 

Tal y como explica Casimiro, la segunda conversión de Newman fue determinante para su trayectoria intelectual. Y es que, tras este importante acontecimiento, el futuro Cardenal decidió dedicar todos sus esfuerzos a combatir el liberalismo religioso, y a encontrar una vía media entre el catolicismo romano y lo que Newman llamaba “catolicismo” ingles. Debido su vasta influencia intelectual, Newman atrajo hacia él a numerosos intelectuales oxonienses, dando comienzo al famoso “Movimiento” de Oxford. Este movimiento tuvo como principal objetivo volver a las esencias del primer cristianismo.

A partir de 1840, Newman comenzó a sentir dudas en relación con la autenticidad de la corriente anglicana. Tal y como explica el autor de esta biografía, las dudas que asaltaron a Newman no surgieron por casualidad, sino que fueron los frutos de años y años dedicados a la búsqueda de la verdad. Finalmente, en 1844, llegó la última y definitiva conversión de Newman al catolicismo.

Si bien la vida de este beato es muy conocida hasta su conversión, los hechos acaecidos después de ésta no son tan famosos. Como explica Casimiro, Newman hubo de superar graves impedimentos después de su conversión, debido a la desconfianza generalizada por parte de católicos y protestantes.  Además, Newman sufrió su propio calvario interior porque creía que sus obras católicas no tenían tanta difusión e influencia como sus obras anglicanas. 

Así pues, en los últimos capítulos, el autor posa la vista en los principales hitos de la vida de Newman como católico, desde su nombramiento y posterior dimisión como rector de la Universidad Católica de Dublín a su nombramiento como Cardenal por parte del Papa León XIII.

En definitiva, nos encontramos ante una magnífica biografía del Cardenal Newman, en la que se narran los principales hitos de esta extraordinaria e influyente figura, para que los lectores se acerquen más a la interesante trayectoria del que pronto será elevado a los altares como santo de la Iglesia Católica. 

Jiménez Mejía, Casimiro. (2019): John Henry Newman: conversión y providencia, Madrid, Digital Reasons. 

0 3134

Nueve años después de su beatificación, hoy día 1 de julio de 2019 se anuncia la fecha de la canonización de John Henry Newman: 13 de octubre de 2019.

Desde Roma nos escriben desde la Internacional Newman Friends para dar este gozoso aviso, enviado a todos los que se consideran sus amigos:

<Con profunda alegría les comunicamos que el 13 de octubre de 2019, el Papa Francisco canonizará al Beato John Henry Newman, junto con otros cuatro bienaventurados, en la plaza de San Pedro en Roma.

Cuando Newman escuchó que alguien lo había llamado santo, escribió en su seco sentido del humor: «No tengo tendencia a ser santo, es algo triste de decir. Los santos no son hombres literarios, no aman a los clásicos, no escriben Cuentos … Para mí es suficiente con oscurecer los zapatos de santos como San Felipe, si es que en el Cielo usa el negro en sus zapatos» (Letters and Diaries, tomo XIII, n. 419). A lo largo de su vida, Newman pensó que estaba lejos del ideal de santidad. Sin embargo, desde su «primera conversión» a la edad de quince años (hacia el año 1816), su esfuerzo estaba orientado hacia Dios, a quien había reconocido como Creador y centro de su vida.

Una conciencia vívida de la presencia de Dios, una fe sincera en el Apocalipsis y una disposición para asumir la responsabilidad de la salvación de las personas caracterizaron toda su vida. En el curso de su «primera conversión», eligió las siguientes palabras como un lema: «Santidad en lugar de paz». Su objetivo era superar cualquier forma de paz falsa, seguir incondicionalmente la Verdad y llevar una vida en conformidad con el Evangelio. Un día después de la muerte de Newman, el conocido periódico inglés publicó un obituario, concluyendo con estas palabras: «De una cosa podemos estar seguros, que la memoria de esta vida pura y noble, no tocada por la mundanalidad …, perdurará y que, independientemente de que Roma lo canonice o no, será canonizado en los pensamientos de personas piadosas de muchos credos en Inglaterra. El santo… en él, sobrevivirá «(The Times, 12 de agosto de 1890).

En la década de 1950, hacia el final del pontificado de Pío XII, se abrió oficialmente el proceso de canonización. Es sorprendente la claridad con la que los Papas recientes expresaron su aprecio por el cardenal inglés, subrayando también su relevancia profética para nuestros tiempos. Cuando Dominic Barberi, un sacerdote de la orden Pasionista, quien había recibido a Newman en la Iglesia Católica en 1845, fue beatificado el 27 de octubre de 1963, Pablo VI declaró que Newman «guiado únicamente por el amor de la verdad y la fidelidad a Cristo, trazó un itinerario, el más difícil, pero también el más grande, el más significativo, el más concluyente que el pensamiento humano haya llegado a tener durante el último siglo -de hecho, se podría decir durante la era moderna- para llegar a la plenitud de la sabiduría y de la paz». Pablo VI alimentó una gran veneración hacia Newman.

En una carta dirigida el 7 de abril de 1979 al Arzobispo de Birmingham, con motivo del Centenario del Cardenalato de Newman, Juan Pablo II escribió: «Newman, con una visión casi profética, estaba convencido de que estaba trabajando y sufriendo» para la defensa y afirmación de la causa de la religión y de la Iglesia, no solo en favor de su propio tiempo, sino también para el futuro. Su influencia inspiradora, como gran maestro de la fe y como guía espiritual, se percibe cada vez más claramente en nuestros días”.

Benedicto XVI, que beatificó a Newman durante una celebración eucarística en Birmingham el 19 de septiembre de 2010, declaró en su discurso con motivo de los saludos de Navidad a la Curia romana el 20 de diciembre de 2010, refiriéndose a Newman: 

“¿Por qué fue beatificado? ¿Qué tiene que decirnos? Se pueden dar muchas respuestas a estas preguntas. La primera es que debemos aprender de las tres conversiones de Newman, porque fueron pasos a lo largo de un camino espiritual que nos concierne a todos. Aquí me gustaría enfatizar solo la primera conversión: a la fe en el Dios vivo. Hasta ese momento, Newman pensó como los hombres promedio de su tiempo y, de hecho, como los hombres promedio de hoy, que no simplemente excluyen la existencia de Dios, sino que la consideran algo incierto, algo que no tiene un papel esencial que desempeñar en sus vidas. Lo que le pareció genuinamente real a él, en cuanto a los hombres de él y de nuestros días, es la cuestión empírica, que puede ser comprendida. Esta es la «realidad» según la cual uno se encuentra orientado. Lo «real» es lo que puede comprenderse, son las cosas que pueden calcularse y tomarse de la mano. En su conversión, Newman reconoció que es exactamente lo contrario: que Dios y el alma, la identidad espiritual del hombre, constituyen lo que es genuinamente real, lo que cuenta. Estos son mucho más reales que los objetos que pueden ser comprendidos. Esta conversión fue una revolución copernicana. Lo que antes parecía irreal y secundario ahora se revelaba como el elemento genuinamente decisivo. Donde se produce tal conversión, no es solo la teoría de una persona la que cambia: la forma fundamental de la vida cambia. Todos tenemos una necesidad constante de tal conversión: entonces estamos en el camino correcto».

El Papa Francisco también habla muy bien de Newman. En su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, del 24 de noviembre de 2013, en el n. 86, cita una carta de Newman en la sección sobre las tentaciones para quienes se dedican a las labores pastorales: «En algunos lugares, evidentemente, se ha producido una ‘desertificación’ espiritual, como resultado de los intentos de algunas sociedades para construir sin Dios o para eliminar sus raíces cristianas. En esos lugares, «el mundo cristiano se está volviendo estéril y se está agotando como un terreno sobreexplotado, que se transforma en un desierto (Letters and Diaries, Tomo III, n. 204)». En este pasaje, el Santo Padre habla, con palabras de Newman, sobre la esterilidad de una vida y una actividad sin Dios, a veces verificables incluso dentro de la Iglesia. Cuanto más vivimos en comunión con Dios y servimos en favor de su plan, más podemos dar frutos duraderos>.

Con estas palabras, Sr. Mary-Birgit nos hace un resumen de la trayectoria de Newman hacia la santidad y su reconocimiento oficial. Seguramente ello llamará la atención de muchos a los que la vida de Newman podrá dar luz a sus pasos por esta tierra, camino a la morada definitiva. 

Finalmente quiero destacar que, para Newman, es a través del cultivo de la inteligencia, de la búsqueda sincera de la verdad en todos los ámbitos, como cada persona dispone su corazón a asumir con todas sus consecuencias lo que la verdad supone, tanto en el ámbito teórico, como en lo práctico y vital.

0 1510

Paula Jullian

En febrero de 2019, el Vaticano aprobó la canonización del cardenal inglés John Henry Newman (1801-1890). Pero más allá de su santidad de vida, Newman es reconocido como uno de los intelectuales más célebres de la Inglaterra victoriana. Su figura despierta un creciente interés, como lo confirman numerosas publicaciones sobre su persona y pensamiento en los últimos años, sin embargo, permanece aún bastante desconocido en el mundo hispanohablante.  

Probablemente muchos católicos, particularmente de habla castellana, han oído de John Henry Newman por su santidad de vida y su célebre conversión, pero su nombre es quizá poco conocido como un intelectual de categoría. 

Newman es uno de los pensadores más versátiles del siglo XIX, cuyo legado trasciende el mundo católico. Es considerado como un humanista en el más pleno sentido de la palabra: teólogo, filósofo, historiador, educador, ensayista, poeta y músico. La fecundidad de su vida intelectual puede abrumar. Su vasta obra quedó plasmada en 90 gruesos volúmenes, de los cuales 32 corresponden a sus cartas. Se suman los innumerables documentos personales y de trabajo sin publicar, conservados en el Birmingham Oratory Archives (BOA) hoy en proceso de digitalización.   

Newman estudió y trabajó en la universidad de Oxford, el centro del anglicanismo y la discusión intelectual del momento, donde se desempeñó como clérigo y profesor de historia, literatura y lenguas clásicas, disciplinas pertenecientes al centro del currículo universitario, por las que tenía una especial pasión.

Para ello se remontó al estudio de las fuentes del cristianismo en los Padres de la Iglesia, lo que no hizo más que llevarlo a su conversión en Roma, a pesar de que durante años la había repudiado públicamente. 

Si bien ya en su tiempo era un destacado personaje, su nombre se difundió más aún con su bullada conversión en el entorno académico. Así, tras 27 años de residencia en Oxford, debió renunciar a una posición de prestigio, incompatible con su condición de católico. Más tarde en su vida, como sacerdote fundaría una universidad, una congregación secular y un colegio, en los cuales actuaría como rector, director y profesor. 

HOMBRE DE LETRAS

Su pasión por las humanidades brotaba de su asombro ante el misterio inefable del ser humano y su incansable búsqueda de la verdad. Platón, Aristóteles y Cicerón eran sus maestros y figuras centrales en su enseñanza, con quienes ‘dialogaba’ tanto en sus clases como en sus escritos. 

Los clásicos eran para él obras donde podía vislumbrar las profundidades de la naturaleza humana, lo más sublime y lo mas decadente dentro de uno mismo. De ahí que sostenía que “el libro del hombre es llamado literatura”[1], lo que dejó bellamente expresado en el noveno discurso de “La idea de Universidad”: “La Literatura declama e insinúa, es multiforme y versátil, persuade en vez de convencer; seduce, cautiva, apela al sentido del honor, fomenta la imaginación y estimula la curiosidad. Se abre paso por medio de la alegría, la sátira, el romance, lo bello y lo placentero”[2].  

A fin de encontrar respuestas, exploró en todas las áreas del saber de sus días. Era un ávido lector de todos los temas, desde la historia y teología hasta las ciencias y la lógica formal. Su amigo James Froude escribió de él,“Su mente era universal, se interesaba por todo lo que ocurría en las ciencias, en la política o en la literatura. Nada era demasiado grande o demasiado trivial para el, en cuanto todo daba luces a la cuestión central: que era realmente el Hombre y cual era su destino”[3]

Su genialidad se ve reflejada en su enorme producción de escritos literarios, académicos y personales, que incluyen novelas, poemas, ensayos, columnas, editoriales, y unas 20.000 cartas. La riqueza de sus publicaciones radica tanto en el contenido como en el estilo. Dada la diversidad de géneros que abarcó, se le puede encajar cómodamente en una variedad de temas y estilos.

A pesar de su amor por las letras, Newman escribió poco por placer como el hubiera querido. Su obra se compone mayormente de compilaciones de sus innumerables discursos y escritos que fueron recogidos y publicados años mas tarde. A causa de esto, sus escritos se han calificado de ‘asistemáticos’ y efectivamente lo son. Se comprende ya que sus colecciones tomaron forma a lo largo de años, a menudo con prolongadas pausas de tiempo entre una parte y otra y en circunstancias disímiles. Aun así, tomaba especial cuidado en la edición y estilo para dar cohesión a textos aislados de modo que el conjunto adquiera una mayor unidad, lo que no fue siempre igualmente logrado. 

Como en el caso de todo artista, su obra solo se comprende a la luz de su historia personal. El no se consideraba a si mismo mas que un “un escritor ocasional”, cuyo trabajo fue casi siempre motivado por una “llamada a escribir”[4], es decir por una provocación a causa de circunstancias del momento o deberes que recaían sobre el. A menudo se trató de defender cuestiones filosóficas o teológicas, ataques personales o falsas acusaciones. De ahí que llego a declarar “Envidio a quienes han podido seguir su línea de interés, como tantos escritores y poetas lo hacen hoy”[5].

El POLEMISTA 

La Europa del siglo XIX destaca por las numerosas corrientes de pensamiento racionalista y liberal que se imponían en el mundo de las ideas. En el contexto británico, esta tendencia se caracterizó por las fuertes expresiones secularistas, empiristas y utilitaristas que tuvieron un gran impacto en la esfera social. Newman reaccionó y las confrontó atendiendo a argumentos filosóficos, teológicos, educacionales e incluso políticos a fin de exponer sus errores antropológicos. 

Durante su vida, dialogó básicamente con todas las manifestaciones ideológicas dominantes, objetando sus posturas por medio de cartas y editoriales en diarios y revistas, donde abría discusiones públicas que generaban acalorados debates. Esto explica la naturaleza dialógica de su obra, que se podría resumir en una gran respuesta a cuestiones en torno a la persona y la religión. 

Dentro de la diversidad de sus escritos, se distinguen su retórica directa e incisiva -característica de la prosa británica del siglo XIX- que lo convirtió en un reconocido polemista que se involucró en abiertas disputas con personajes públicos, intercambiando correspondencia incluso con los primeros ministros William Gladstone y Robert Peel y con destacados intelectuales como Charles Kingsley y Thomas Arnold, a cuyas réplicas les debemos algunas de sus obras mas prominentes. 

Sus contiendas en los medios prácticamente estrenaron una nueva forma literaria; “la literatura de la controversia”[6]. El mismo llegó a declararse un “controversialist”, cuyos agudos comentarios -propios del humor flemático inglés- hoy en día serían tildados de políticamente incorrectos. No en vano el círculo literario lo calificó como “un genio de la sátira y uno de los grandes maestros del sarcasmo de la lengua Inglesa”[7]. Sin embargo, por su calidad moral y lucidez intelectual, era respetado incluso entre sus adversarios, quienes muchas veces optaron por no replicar. 

Pero lo que definitivamente movía a Newman no era una mera confrontación de opiniones. Todo su pensamiento está fundado en su convicción de la existencia de una verdad objetiva e inmutable y la capacidad de la mente humana de aprehenderla. Argumentaba que esta no era un mero pensamiento, sino que una realidad externa a nosotros, “que existe por si misma, no porque sea comprendida por nosotros ni por dependencia de nuestra voluntad. Se refiere a la naturaleza misma de las cosas”[8]. Este principio se encuentra en el trasfondo de toda su obra.

 CONFESION DEL CORAZÓN

La obra de Newman también revela su exquisita sensibilidad, recogida en poemas y en sus miles de cartas, en que deja ver su corazón en toda su hondura; el hombre de muchos amigos, de tierno cariño por su familia y constante preocupación por sus estudiantes y cuantos se acercaban a él.

Entre las obras que nos muestran su exquisita sensibilidad se encuentra la Apologia Pro Vita Sua, una obra maestra de la literatura espiritual que ha sido comparada con Las Confesionesde San Agustín. Durante años Newman había sido objeto de calumnias y descrédito públicos a causa de su conversión y había callado, pero ante la acusación de faltar a la verdad optó por responder en un sincero y desapasionado relato del proceso de su conversión, en el que abre su alma exponiendo los motivos que le llevaron a ella, los sufrimientos por los que pasó y la paz que descubrió en la Iglesia Católica. 

Esta humilde confesión le ganó el cariño de muchos ingleses que cambiaron radicalmente su actitud hacia él. Cientos de cartas vinieron a llenar su buzón expresándole su afecto. Entre ellas la de George Elliot, quien además de celebrarle por su obra literaria, lo elogió por su valentía. La Apologíaes una joya de la mas fina prosa inglesa. 

Aunque la vida no le permitió a Newman dedicarse a la literatura como él hubiera querido, la razón de todos sus trabajos fueron un profundo amor a Dios y su intensa vida de oración. Fue él quien penetró en la realidad de la conciencia como nadie lo había hecho hasta entonces, definiéndola como la “recámara en lo mas profundo del alma, donde se encuentran Dios y el hombre cara a cara”. No es de extrañar que su lema cardenalicio fuera “cor ad cor loquitur”. Es decir “El Corazón habla al corazón’.

FUENTE: 

Suplemento Artes y Letras (p. 6) del diario ‘El Mercurio’. Domingo 10 marzo, 2019


[1]Idea of a University, discourse 9 http://www.newmanreader.org/works/idea/discourse9.html

[2]Idea of a University, discourse 9http://www.newmanreader.org/works/idea/discourse9.html

[3]James Anthony Froude. Longmans, Green & Co., London http://www.newmanreader.org/biography/jafroude.html

[4]To the Academia of the Catholic Religion http://www.newmanreader.org/works/addresses/file3.html

[5]To the Academia of the Catholic Religion. http://www.newmanreader.org/works/addresses/file3.html

[6]Ker, Ian. The Achievement of John Henry Newman, Collins, 1990, (p. 153)

[7]Richard Holt Hutton, Letters and Diaries, xxi. 61. http://www.newmanreader.org/biography/ward/volume2/chapter20.html

[8] Idea de Universidad. Parte II. Temas Universitarios. Conferencia impartida en la facultad de Filosofía y Letras universidad de Dublín.http://www.newmanreader.org/works/idea/discourse9.html

0 3455

Primera estación

Jesús es condenado a muerte

Salir de casa de Caifás, arrastrado ante Pilato y Herodes, ridiculizado, golpeado y escupido; su espalda rota por los azotes, su cabeza coronada de espinas… Jesús, que en el último día juzgará al mundo, es Él mismo condenado por jueces injustos al tormento y a una muerte abyecta.

Jesús es condenado a muerte. Su sentencia está firmada; y ¿quién la ha firmado más que yo, cada vez que caigo en el pecado? Caí, perdí la gracia que me habías dado en el bautismo. Mis pecados mortales fueron vuestra sentencia de muerte, oh Señor. El inocente sufrió por los culpables. Esos pecados míos fueron las voces que gritaron “¡crucifícale!”.

Ese afecto, ese gusto del corazón con que los cometí fueron el asentimiento que Pilato dio a la multitud vociferante. Y la dureza de corazón que vino luego, mi disgusto, mi inquietud, mi orgullosa impaciencia, mi terca insistencia en ofenderte, el amor al pecado que se apoderó de mí, ¿qué eran si no los golpes y blasfemias con que los soldados y la plebe te recibieron? ¿No ejecutaron estos sentimientos míos, rebeldes e impetuosos, la sentencia que Pilato había pronunciado?

Segunda estación

Jesús carga con la cruz

Sobre sus hombros rotos le ponen una Cruz pesada y maciza, que ha de soportar su peso cuando llegue al Calvario. Él la toma con dulzura, mansamente y con el corazón alegre, porque esa Cruz va a ser la salvación de la humanidad.

Eso es cierto; pero recuérdalo: esa Cruz agobiante es la carga de nuestros pecados. Al caer sobre sus hombros y su cuello, cayó como un trallazo. ¡Qué peso tan brutal he descargado sobre Ti, Jesús! Aunque estabas completamente preparado –porque todo lo ves en la tranquila visión de tu mente clara–, tu cuerpo frágil se tambalea cuando la Cruz cae sobre Ti. ¡Qué miserable he sido alzando mi mano contra Dios! ¿Cómo iba a pensar siquiera que me perdonaría, de no ser porque Él mismo anunció que esta amarga Pasión la sufría para poder perdonarnos? Yo reconozco, Jesús –y siento angustia en mi corazón arrepentido–, que mis pecados te han golpeado la cara, han llenado de moratones tus brazos adorables, han destrozado tu carne con hierros, te han clavado a la Cruz y te han dejado morir ahí lentamente.

Tercera estación

Jesús cae por primera vez

Jesús, doblado bajo el peso del madero alargado e irregular que lleva arrastrando, avanza lentamente entre las burlas e insultos de la multitud. La agonía en el huerto, suficiente para extenuarle, fue sólo el principio de otros muchos sufrimientos. Con todo su corazón, sigue adelante pero le fallan las fuerzas y cae.

Sí; es lo que temía. Jesús, mi Señor fuerte y poderoso, es por un momento más débil que nuestros pecados. Jesús cae, pero llevó el peso. Se tambalea, pero se levanta con la Cruz de nuevo y sigue adelante. Él ha caído para que tú, alma mía, tengas un anuncio y un recordatorio de tus pecados.

Me arrepentí de mis pecados y, durante un tiempo, fui adelante; pero al final la tentación me venció y me vine abajo. De repente, pareció que todos mis buenos hábitos desaparecerían; como si me despojaran de un vestido, así de rápida y completamente perdí la gracia. En ese momento miré a mi Señor… Se había desplomado. Me cubrí la cara con las manos, en un estado de tremenda confusión.

Cuarta estación

Jesús encuentra a su madre

Jesús se pone en pie; se ha herido en la caída, pero sigue adelante con la Cruz sobre los hombros. Va encorvado, pero alza la cabeza un momento y ve a su Madre. Se miran sólo un instante, y Él avanza.

De ser posible, María hubiera preferido padecer ella todos los sufrimientos de su Hijo, antes que estar lejos y no haberlos presenciado. También para Él fue un alivio, una brisa fresca y consoladora, verla, ver su triste sonrisa entre las miradas y ruidos que le cercan. Ella le había visto en su plenitud humana y en su gloria, había contemplado su rostro, fresco de paz e inocencia divinas. Ahora le veía tan cambiado, tan deformado que lo reconoció con dificultad, sólo por esa mirada que le dirigió, profunda, intensa, llena de paz. Ahora me cargaba con el peso de los pecados del mundo, el rostro de Jesús, santidad absoluta, exhibía la imagen de todas las maldades. Parecía un criminal que esconde una culpa horrible. Él, que no conoció pecado, fue hecho pecado por nosotros. Ni uno solo de sus rasgos, ninguno de sus miembros expresaba sino culpa, maldición, castigo, angustia.

¡Qué encuentro entre Madre e Hijo! Uno y otra se consolaron porque existía un mismo sentir. Jesús y María: ¿llegarán a olvidar, en toda la eternidad, aquella marea de dolor?

Quinta estación

Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz

Las fuerzas terminan por fallarle del todo y ya no puede seguir. Los verdugos, perplejos, se quedan parados. ¿Qué hacer? ¿Cómo va a llegar al Calvario? Pronto se fijan en uno que parece fuerte y ágil, Simón de Cirene. Lo agarran y le obligan a llevar la Cruz con Jesús. Mirar al dolor en persona taladra el corazón de aquel hombre. ¡Qué honor! ¡Feliz tú, predilecto de Dios! Y con alegría carga con su parte de la Cruz.

Ha sido por la oración de María. Jesús oraba, pero no por Él; sólo que pudiera beber hasta el final el cáliz del dolor y cumplir la voluntad de su Padre. Pero ella actuó como una madre: fue tras Él con la oración, ya que no podía ayudarle de otra manera. Ella envió a aquel hombre a ayudarle. Ella hizo que los soldados vieran que podían acabar con Él. Madre amable, haz lo mismo con nosotros. Pide siempre por nosotros, Madre Santa; mientras estemos en el camino, ruega por nosotros, sea cual sea nuestra Cruz. Pide por nosotros, caídos, y nos levantaremos. Pide por nosotros cuando el dolor, la angustia o la enfermedad nos lleguen. Pide por nosotros cuando nos hunda el poder de la tentación y envíanos un fiel siervo tuyo a socorrernos. Y si merecemos reparar por nuestros pecados en la otra vida, mándanos un Angel bueno que nos dé momentos de respiro. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

Sexta estación

La Verónica limpia el rostro de Jesús

Mientras Jesús asciende la colina lenta y pesadamente, bañado en el sudor de la muerte, una mujer se abre paso entre la muchedumbre y le seca el rostro con un lienzo. En pago por su compasión, el sagrado rostro queda impreso en la tela.

Aquella ayuda enviada por la ternura de una Madre no fue todo. Sus oraciones llevaron a Verónica, lo mismo que a Simón, hasta Jesús. A Simón para un trabajo de hombre; a Verónica, de mujer. Ella le sirvió mientras pudo con su afecto. Lo mismo que la Magdalena vertió el ungüento en el banquete, Verónica le ofreció su lienzo en la Pasión. “¿Qué más no haría yo?”, decía. “Ojalá tuviera la fuerza de Simón, para cargar yo también con la Cruz”. Pero sólo los hombres pueden ayudarle a Él, Sumo Sacerdote, cuando ofrece el solemne sacrificio. Jesús, concédenos servirte según nuestra situación y, lo mismo que aceptaste ayuda en tu hora de dolor, danos el apoyo de tu gracia cuando el Enemigo nos ataque.

Siento que no puedo resistir la tentación, el cansancio, el desaliento y el pecado; entonces, ¿de qué sirve buscar a Dios? Caeré, Amado Salvador mío, es seguro que caeré, si Tú no renuevas mis fuerzas, como las águilas, y me llenas de vida por dentro con el amoroso toque de tus sacramentos.

Séptima estación

Jesús cae por segunda vez

A cada paso crecen el dolor de sus heridas y la pérdida de sangre. Los miembros le fallan otra vez y Jesús cae al suelo.

¿Qué ha hecho Él para merecer esto? ¿Es este el pago que el tan esperado Mesías recibe del pueblo elegido, los hijos de Israel? Sé la respuesta: Él cae porque yo he caído. He caído otra vez. Yo sé bien que sin Tu gracia, Señor, no puedo mantenerme en pie; creía estar cerca de Ti pero he perdido tu gracia una vez más. He dejado enfriar mi devoción, he cumplido tus mandamientos de manera rutinaria y formal, sin afecto interior; así he ido también a los sacramentos, a la Eucaristía. Me volví tibio. Creí que la batalla había terminado, y dejé de luchar. No tenía una fe viva, perdí el sentido de lo espiritual. Cumplía mis deberes por puro hábito y porque los demás lo vieran. Yo debía ser una criatura completamente renovada, vivir de fe, de esperanza, de amor; pero pensaba más en este mundo que en el que ha de venir. Terminé por olvidar que soy siervo de Dios, seguí el camino ancho que lleva a la destrucción y no el otro, estrecho, que lleva a la vida. Así me aparté de Ti.

Octava estación

Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Al ver los sufrimientos de Jesús, las santas mujeres sienten tal punzada de dolor que, sin importarles las consecuencias, gritan su pena y le compadecen a voces. Jesús se vuelve a ellas: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por Mí sino por vosotras y por vuestros hijos”.

Señor, ¿soy yo uno de esos hijos pecadores por los que Tú invitas a llorar? “No lloréis por Mí, que soy el Cordero de Dios y, por voluntad propia, estoy pagando por los pecados de los hombres. Sufro ahora, pero después triunfaré, y cuando triunfe, las almas por las que ahora muero serán mis amigos más queridos o enemigos inmerecidos”.

¿Es posible? ¿Cómo soportar el pensamiento de que Tú, Señor, lloraste por mí –¡Tú lloraste por mí!– como lloraste por Jerusalén? ¿Es posible que, por tu Pasión y Muerte, yo me pierda en vez de ser rescatado? Señor, no me dejes. ¡Soy tan poca cosa, hay tal miseria en mi corazón y tan poca fuerza en mi espíritu para hacerle frente! Señor, ten piedad de mí. Es tan difícil apartar de mi corazón el espíritu del mal. Sólo Tú puedes echarlo lejos.

Novena estación

Jesús cae por tercera vez

Ya casi había alcanzado lo alto del Calvario, pero antes de llegar al punto donde va a ser crucificado, Jesús cae otra vez; y de nuevo es arrastrado y empujado brutalmente por los soldados.

La Escritura habla de tres caídas del diablo. La primera fue al comienzo del mundo; la segunda, cuando el Evangelio y el Reino de los Cielos se anunciaban al mundo; la tercera cuando acaben todas las cosas. La primera la cuenta el evangelista San Juan: “Se produjo un gran combate en los cielos. Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón, y el dragón luchaba, y sus ángeles. Pero no lograron vencer y perdieron su lugar en los cielos. El gran dragón fue expulsado, la serpiente antigua, la que se llama diablo y Satanás”. La segunda caída, en tiempos del Evangelio, la cuenta el Señor: “Veía a Satanás, como el rayo, caer desde el cielo”. La tercera, también San Juan: “Cayó del cielo fuego divino y el diablo fue arrojado al estanque de fuego”.

Cuando el Maligno movió a Judas a traicionar a nuestro Señor, pensaba en estas tres caídas, la pasada, la presente y la futura. Esta fue su hora. Nuestro Señor, al ser apresado, dijo a sus enemigos: “Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas”. Satanás sabía que su tiempo era corto y se aprestó a emplearlo; pero sin advertir que sus actos apresuraban la salvación del mundo que nuestro Señor traía con su Pasión y Muerte. Como venganza, y –eso pensaba– seguro de su triunfo, le golpeó una, dos, tres veces, cada vez con más fuerza. El peso de la Cruz, la brutalidad de los sayones y la turba no fueron más que instrumentos. Jesús, Hijo único de Dios, Verbo Encarnado, Te alabamos, Te adoramos, Te ofrecemos nuestro amor porque te has abajado tanto, hasta someterte al poder del enemigo de Dios y del hombre, para salvarnos así a nosotros de ser eternamente siervos suyos.

Esta es la peor caída de las tres. Las fuerzas le fallan completamente y pasa un poco hasta que los soldados le levantan. No es más que un signo de lo que me pasará a mí, cada vez más tibio. Desde el principio Jesús ve el final. Pensaba en mí mientras se arrastraba subiendo la colina del Calvario. Veía que yo volvería a caer, a pesar de tantas advertencias y ayudas. Vio que pondría la confianza en mí mismo y que entonces el enemigo me sorprendería con tentaciones. Yo creía conocer mis defectos; sabía dónde era fuerte, pero Satanás fue hacia ese punto débil, mi autosuficiencia, e hizo estragos.

Me faltaba humildad. Creía que a mí el mal no podía tocarme, que había superado el peligro de pecar; pensaba que era fácil ir al cielo y no estaba vigilante. Todo por orgullo. Por eso caí de nuevo, por tercera vez.

Décima estación

Jesús es despojado de sus vestiduras

Por fin llega al lugar del sacrificio y se preparan para crucificarle. Desgarran sus vestiduras sobre su cuerpo sangrante, que queda expuesto –Él, Santo de los Santos– a la mirada y al burdo griterío de la multitud.

Tú, Señor, fuiste despojado de todo en tu Pasión y expuesto a la curiosidad y a la burla de la gente; haz que me desprenda de mí mismo, aquí y ahora, para que en el último día no me cubra de bochorno ante los ángeles y los hombres. Tú soportaste la vergüenza del Calvario para librarme a mí de la vergüenza del Juicio Final. Tú, que nada tenías de que avergonzarte, sufriste vergüenza por haber tomado la naturaleza humana. Cuando te quitaron los vestidos, tu cuerpo inocente fue humilde y amorosamente adorado por los ángeles más escogidos: te rodearon mudos de asombro, atónitos de tu belleza, temblando ante tu anonadamiento.

Señor, ¿qué sería de mí si me tomaras y, despojado del ropaje de tu gracia, me vieran tal como soy realmente? ¡Cuánta suciedad! Incluso limpio de pecado mortal, ¡cuánta miseria en mis pecados veniales! ¿Cómo voy a presentarme ante los ángeles y ante Ti si Tú no quemas tanta lepra con el fuego del Purgatorio?

Undécima estación

Jesús, clavado en la Cruz

Fijan a Jesús en la Cruz, tendida sobre el suelo. Con mucho esfuerzo y después de bandearse pesadamente a un lado y otro, la Cruz acaba por hincarse en el hueco abierto en la tierra. O quizá –como piensan otros– la Cruz es primero erguida y luego, Jesús alzado y clavado al madero. Mientras los verdugos clavan salvajemente los enormes clavos, Él se ofrece al Padre Eterno en rescate por la humanidad. Caen los martillazos, la sangre salta.

Sí; pusieron en alto la Cruz, colocaron una escalera y habiéndole desnudado, le hicieron subir. Agarrando débilmente con las manos la escalera, los peldaños, subiendo con esfuerzo, lentos e inseguros los pies, y resbalando, si los soldados no estuvieran allí para sujetarle, habría caído al suelo. Al alcanzar la base para apoyar los pies, se giró con modestia y dulzura hacia la muchedumbre enfurecida, alargando las manos como si quisiera abrazarles. Después, con amor, puso sus manos en el travesaño esperando a que los verdugos, con clavos y martillos, perforaran sus manos y le clavaran a la Cruz. Ahí cuelga ahora, enigma para el mundo, temor de los demonios, asombro inexplicable, pero también alegría y adoración de los Ángeles.

Duódécima estación

Jesús muere en la Cruz

Jesús, tres horas colgado. En ese tiempo, reza por quienes le matan, promete el Paraíso al ladrón arrepentido y entrega su Madre Bendita al cuidado de San Juan. Con todo ya cumplido, inclina la cabeza y entrega el espíritu.

Ya ha pasado lo peor. El Santo, muerto, se ha ido. El más compasivo de los hijos de los hombres, el que ha derrochado más amor, el más santo, ya no está. Jesús ha muerto y en su muerte ha muerto mi pecado. De una vez por todas, ante los hombres y ante los ángeles, rechazo el pecado para siempre. En este momento me entrego a Dios del todo. Amar a Dios será mi primordial empeño. Con la ayuda de su gracia crearé en mi corazón aborrecimiento y dolor profundo por mis pecados. Me empeñaré en detestar el pecado, tanto como antes lo amé. En las manos de Dios me pongo, y no a medias sino del todo, sin reservas. Te prometo, Señor, con la ayuda de tu gracia, huir de las tentaciones, evitar toda ocasión de pecado, escapar enseguida de la voz del Maligno, ser constante en la oración: morir al pecado, para que Tú no hayas muerto en la Cruz por mí, en vano.

Decimotercera estación

Bajan a Jesús de la cruz y lo entregan a su madre

La gente se ha ido a casa. El Calvario queda solitario y en silencio; sólo Juan y las santas mujeres están allí. Llegan José de Arimatea y Nicodemo, bajan de la Cruz el cuerpo de Jesús, y lo ponen en brazos de María.

Por fin, María, tomas posesión de tu hijo. Ahora que sus enemigos ya no pueden hacer más, te lo dejan, como un despojo. Mientras esos amigos inesperados hacen su difícil tarea, tú le miras con pensamientos que jamás encontrarán palabras. Tu corazón lo atraviesa aquella espada de que habló Simeón. Madre dolorosa, en tu dolor hay una alegría aún más grande. La alegría que iba a venir te dio fuerzas para permanecer junto a Él colgado de la Cruz. Con más fuerza ahora, sin desvanecerte, sin temblar, recibes su cuerpo en tus brazos, en tu regazo maternal.

Eres inmensamente feliz ahora que ha vuelto a ti. De tu casa salió, oh Madre de Dios, con toda la fuerza y la belleza de su Humanidad; a ti vuelve descalabrado, hecho pedazos, mutilado, muerto. Y, a pesar de todo, Madre Bendita, más feliz eres en este momento atroz que aquel día de las bodas, cuando estaba a punto de irse; pero a partir de ahora, el Salvador Resucitado nunca más se separará de ti.

Decimocuarta estación

El cuerpo de Jesús es puesto en el sepulcro

Sólo tres cortos días, un día y medio… María tiene que dejarte. Todavía no ha resucitado.

Los amigos lo toman de sus brazos y lo ponen en una sepultura digna. Y la cierran con cuidado, hasta que llegue el momento de su Resurrección.

Reposa, duerme en paz un poco, en la quietud del sepulcro, amado Señor nuestro, y después levántate y reina sobre tus hijos para siempre. Como las fieles mujeres, también nosotros te velaremos, porque todo nuestro tesoro, nuestra vida entera, está puesta en Ti. Y cuando nos llegue la hora de morir, concédenos, dulce Jesús, dormir en paz nosotros también el sueño de los santos. Que durmamos en paz ese breve intervalo entre nuestra muerte y la resurrección de todos los hombres. Guárdanos del enemigo, sálvanos del castigo eterno. Que nuestros amigos nos recuerden y recen por nosotros, Señor. Que por el sacrificio de la Misa las penas del Purgatorio –que hemos merecido y que sinceramente aceptamos– pasen pronto. Concédenos momentos de alivio allí, envuélvenos en santas esperanzas y acompáñanos mientras reunimos fuerzas para subir a los Cielos. Permite a nuestros Ángeles Custodios que nos ayuden a remontar aquella escala de gloria que vio Jacob y que lleva de la tierra al cielo.

Y al llegar, que las puertas de lo Eterno se abran ante nosotros con música de Ángeles, que nos reciba san Pedro y que nuestra Señora, la gloriosa Reina de los santos, nos abrace y nos lleve a Ti y tu Padre Eterno y a tu Espíritu, tres Personas, Un solo Dios, para participar en su Reino por los siglos de los siglos.

Topic del III Coloquio Internacional John Henry Newman, sus fuentes y comentadores: La educación liberal La educación liberal que propuso John Henry Newman para la Universidad Católica de Irlanda en el siglo XIX sigue vigente. Para él, el fin de la universidad es el saber, y su focus central es la formación de la inteligencia. Lo demás, vendría por añadidura. Entre las habilidades intelectuales que busca desarrollar es el hábito filosófico, sin el cual la capacidad de vincular y dar unidad a los distintos saberes, la búsqueda sincera de la verdad, y la capacidad para resolver problemas teóricos y prácticos se imposibilita. El estudio de la gramática, de la literatura, de la historia, de las diversas lenguas y culturas llegan a armonizarse en la mente gracias a este hábito filosófico. En The Idea of a University, Newman describe lo que él considera que es un verdadero gentleman, más allá de un hombre frío y sereno, como fue el ideal británico a la luz del Capitán Horatio Nelson. El gentleman para Newman es un hombre culto, un hombre sabio, que ha formado y “amueblado” adecuadamente su mente, pero, sobre todo, tiene visión de conjunto, distingue entre lo importante y lo secundario, lo lejano y lo cercano y, sobre todo, el valor de cada persona. Todos estos efectos positivos, por un lado, son manifestaciones del hábito filosófico y, por otro lado, de un adecuado dominio de sí y la forja del carácter, que abren a un conocimiento más acabado de la realidad posibilitando así el conocimiento de Dios a través de la teología. No se trata entonces de buscar un resultado al incluir materias filosóficas o teológicas en los estudios universitarios, sino de crear ámbitos adecuados para el diálogo y la reflexión, la interiorización de lo que otros sabios han propuesto para el mejor conocimiento de sí mismo y de la naturaleza humana que compartimos. Es verdad que la filosofía y la teología son saberes abarcantes de la realidad, que ayudan a esta comprensión de conjunto, pero el hábito se forma con la práctica, con el diálogo, en el debate, en la reflexión y expresión de nuestros pensamientos y en el intercambio entre profesores y alumnos. Este III Coloquio sobre John Henry Newman, sus fuentes y comentadores, tiene como propósito el crear este ambiente de diálogo sobre la educación universitaria.

0 1031

CORRESPONDIENTE DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Fundada el 12 de octubre de 1927 “La Lengua es la Patria” Santo Domingo, República Dominicana

ACTIVIDADES ACADÉMICAS DE SEPTIEMBRE DE 2018

Estimados académicos:
Mediante esta comunicación les remito una reseña de las actividades realizadas en la
Academia Dominicana de la Lengua en el mes de septiembre de 2018.

Con mi distinción y afecto, reciban mis saludos cordiales.

Dr. Bruno Rosario Candelier

Director.-
Dirección postal
Academia Dominicana de la Lengua
Calle Mercedes 204, Ciudad Colonial,
Santo Domingo, República Dominicana

Dirección electrónica
Teléfono 809-687-9197
http:www.academia.org.do

COLOQUIO SOBRE LA POETA COLOMBIANA HELENA OSPINA

En su sede oficial de la Ciudad Colonial de Santo Domingo, la Academia
Dominicana de la Lengua celebró un coloquio literario sobre la obra de Helena Ospina
Garcés, poeta, ensayista y promotora cultural colombiana, quien fuera correspondiente
de la ADL.
La actividad estuvo presidida por los miembros directivos de la institución,
Federico Henríquez Gratereaux, Manuel Núñez, Juan José Jiménez Sabater y Bruno
Rosario Candelier. Y de Costa Rica, Víctor Valembois, Jorge Chen y Gabriel Quesada,
quienes compartieron con la escritora en la editora Promesa y la Universidad de Costa
Rica.
La administradora de Promesa, Érika Chinchilla, en su mensaje enfatiza el
valioso aporte de Helena Ospina Garcés como gestora cultural en una ardua labor
desplegada por la poeta colombiana mientras residió en San José de Costa Rica. Se trata
de una escritora que abogaba por el cultivo del arte como expresión de la belleza
inspiradora.

Jorge Chen Sham habló sobre “La creación literaria de Helena Ospina Garcés”,
que ilustró con poemas la función emotiva y apelativa del lenguaje. Reiteró que la
poética de esta autora se asienta en esas dos funciones de la lengua. Analizó el poema
&quot;Victoria de Samotracia&quot;, del cual destacó la musicalidad en sus versos, fundada en
varios recursos estilísticos como el encabalgamiento, así como en el uso de la rima
asonante. El yo lírico de la autora se siente seguro, afirma Chen Sham, al avanzar en el
poema, como el marinero que llega al puerto al comparar ambas realidades, la textual y
la vida cotidiana. Durante su alocución, el intelectual tico hizo mención de un estudio
que, acerca de la obra literaria de doña Helena, ha realizado la académica Conny
Palacios, compartiendo con ella sus juicios elogiosos sobre la autora homenajeada: &quot;Es
un himno al tú, dado que en una parte del poema, Ospina invoca a la
Divinidad&quot;. También analizó otros poemas de Helena Ospina: &quot;De amor herida&quot; y
&quot;Diálogo del alma y el verbo&quot;, de los cuales afirmó que están estructurados como una
canción, subgénero lírico bastante asentado en el gusto de las mayorías, aseguró, y
agregó que, &quot;es propio de la canción esa transformación del verso, en estructura
musical, a partir de la valoración de las imágenes, como la sinécdoque, por ejemplo&quot;.
Por su parte, Víctor Valembois testimonió su fructífera relación con la escritora, de
quien destacó que contribuyó enormemente a tender puentes entre los escritores de otros
países con los colegas de Costa Rica,  se refirió con gran admiración y respeto acerca de
“Las bellas armas poéticas”, de Helena Ospina. Recalcó que gracias a doña Helena
conoció la literatura dominicana, y a sus escritores, como Manuel de Jesús Galván y
Juan Bosch.
Valembois presentó su disertación en el plano del testimonio, y lo anecdótico
predominó en sus palabras acerca de los lazos fraternos que le unieron a Ospina Garcés,
quien contribuyó a que él pudiese establecer vínculos entrañables con escritores de otros
lares, como el escritor y sacerdote guatemalteco Gustavo González Villanueva, o como
el polaco-colombiano Bogdan Piotrowski y con el dominicano Bruno Rosario
Candelier. La gestora de puentes literarios, Ospina Garcés, marcó la impronta de su
legado en &quot;ese ir más allá, más lejos en la búsqueda de la belleza y lo verdadero o
esencial en el arte&quot;.
Esas reflexiones resultaron de sus evocaciones, a propósito de las veces que
doña Helena le impulsó a dictar conferencias -en lugares tan exclusivos como el palacio
de la Zarina, en San Petersburgo, Rusia-, o conocer autores como Victoria Ocampo, o
publicar obras, superando sus dudas sobre la calidad de las mismas. Valembois
concluyó con una enseñanza del papa Juan Pablo II, y que doña Helena le recalcaba
frecuentemente, en la que exhortaba a “constituirse en puentes, en caminos viables para
el progreso espiritual&quot;.
El director de la Academia, al tomar la palabra explicó que esta ilustre escritora
colombiana de nacimiento, pero costarricense por elección personal, asumió su
vocación poética a los cincuenta años, semejante al caso de nuestro Premio Nacional de
Literatura 2018, el novelista Manuel Salvador Gautier, quien también es el coordinador
del Grupo Mester de Narradores de la Academia, presente en la actividad. Rosario
Candelier afirmó que Ospina Garcés exaltaba la belleza como principio rector del arte,
como testimonio para canalizar su sensibilidad y su creatividad. En este punto, ella se
declara seguidora de Platón, filósofo griego para quien la belleza encendía los mejores
sentimientos del ser humano hasta elevarlo a la Divinidad: &quot;La poesía es un medio para
alcanzar la comprensión estética y espiritual de la realidad&quot;, dijo. En este punto, hizo
referencia a los libros del Interiorismo literario, en los cuales hago hincapié en este
aspecto,  y cuya dimensión mística, espiritual y estética, podemos constatar en las obras
de doña Helena: “La meta de ella, dijo, era alcanzar lo divino, lo trascendente, tanto en

el arte como en el cultivo de la sensibilidad, de su mundo interior, rasgo esencial que le
daba sentido a su existencia”.
El director de la ADL sostuvo que Helena Ospina alcanzó la cúspide de su
vocación como poeta a la edad de 50 años: “Me lancé a escribir para alumbrar la belleza
que presentía desde siempre en mi alma y que descubría también fuera de mí”, es el
pensamiento sobre su concepción del mundo, y añadió el filólogo, quien además decoró
dicho precepto con la idea de que “la belleza, en el mundo espiritual de doña Helena
Ospina Garcés palpitaba en todo lo viviente porque ella partía siempre de la belleza, y
asumía la belleza como base y apelación de su creación. En su obra exalta el concepto
de belleza. No es de extrañar el hecho de que la poeta sea una seguidora de Platón, ya
que dicho filósofo sostenía que la belleza culmina en Dios. Bajo ese influjo, la poeta
colombiana vivió altamente estimulada para canalizar sus motivaciones y sentimientos
más fecundos y todo aquello que la sacudía entrañablemente, pues era una mujer de las
que vienen al mundo con condiciones excepcionales para testimoniar su talento, su
inspiración y su vocación de amor en su creatividad’, expresó Bruno Rosario Candelier,
y añadió que la promotora cultural tenía una alta convicción sobre el poder de la
palabra: “Tuvo la energía suficiente para asumir la palabra y encender la vocación por la
palabra; su poesía era simple y transparente pero con un mensaje luminoso, porque ella
sabía que la palabra poética debía llegar a los demás, y la mejor forma de que llegase a
los demás, no era usando esa forma moderna que usan los poetas actuales, que enredan
y complican el lenguaje, sino que ella procuraba llegar al corazón a través de la
sensibilidad, y a la sensibilidad, a través de la belleza. Asumía la palabra, la experiencia
humana y la cultura como conexión para llegar a lo divino, por lo que, como creyente de
alta espiritualidad y profunda fe, supo hallar la forma de canalizar el sentimiento de lo
divino, que era su mayor aspiración”.
En Helena Ospina el sentimiento de la Divinidad fue asumido desde el amor,
que ilustró con el poema &quot;Queriendo quedar, quedo&quot;, inspirado en la obra de san Juan
de la Cruz: &quot;Todo la estremecía, y en todo buscaba concitar en la persona el amor por lo
divino, a través del cultivo de la belleza, como vía de la verdad y la dimensión
espiritual&quot;, comentó.
Resaltó la impronta religiosa y mística en el legado de Helena Ospina, tanto a
nivel intelectual como en la vida cotidiana. Por eso, &quot;valiéndose de la poesía y la
espiritualidad, ocupó su vida en tender puentes&quot;, razón por la que rendimos este
homenaje póstumo a tan valiosa intelectual, merecedora de este reconocimiento, con
admiración y gratitud.
Al concluir el sentido homenaje a la escritora colombo-costarricense, su nieto
agradeció el noble gesto de la Academia Dominicana de la Lengua, así como de los
intelectuales que participaron en este acto de valoración del legado literario, estético y
espiritual de Helena Ospina Garcés. Santo Domingo, 18 de septiembre de 2018.

0 2860
1. Señal de la cruz
2. Lectura y reflexión del texto escrito por Newman
3. Padre Nuestro, Ave María y Gloria

ORACION DE LA NOVENA

Padre eterno, Tú llevaste al Beato John Henry Newman por el camino de la luz amable de tu Verdad para que pudiera ser una luz espiritual en las tinieblas de este mundo, un elocuente predicador del Evangelio y un devoto servidor de la única Iglesia de Cristo.

Confiados en su celestial intercesión te rogamos por la siguiente intención: [pedir aquí la gracia]

Por su conocimiento de los misterios de la fe, su celo en defender las enseñanzas de la Iglesia, y su amor sacerdotal por sus hijos, elevamos nuestra oración para que pronto sea nombrado entre los Santos.Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Día primero

Esto es ser uno de los pequeños de Cristo: dejarse penetrar de Su presencia para que sea nuestra vida, nuestra fuerza, nuestro mérito, nuestra esperanza, nuestra corona; llegar a ser de un modo admirable Sus miembros, los instrumentos o la forma visible, o el signo sacramental del Invisible y siempre presente Hijo de Dios, que  místicamente reitera en cada uno de nosotros los actos de Su vida terrenal, su nacimiento, consagración, ayuno, tentación, conflictos, victorias, sufrimientos, agonía pasión, muerte, resurrección y ascensión. Siendo Él todo en todos, aunque podamos tan poco por nosotros mismos, y tengamos tan escaso valor y mérito como el agua en el bautismo o el pan y el vino en la sagrada eucaristía, sin embargo, somos fuertes en el Señor y en el poder de Su fuerza. (Plain and Parochial Sermons, VI, 1)

Día segundo

Cuando confesamos a Dios sólo como Omnipotente, le conocemos en parte, pues Él es una Omnipotencia que puede al mismo tiempo envolverse en debilidad y llegar a ser cautivo de Sus propias creaturas. Tiene, si puedo hablar así, el incomprensible poder de hacerse incluso débil. Debemos conocerlo por Sus nombres, Emmanuel y Jesús, para conocerlo perfectamente …Ruboricémonos de nuestro orgullo y voluntad propia. Pongamos atención acerca de nuestra impaciencia a las providencias de Dios hacia nosotros, de nuestros anhelos caprichosos tras lo que no puede ser, de nuestros esfuerzos testarudos para revertir Sus justos decretos, de nuestros conflictos con las duras necesidades que nos cercan, de nuestra irritación por la ignorancia o el suspenso acerca de Su voluntad, de nuestra feroz y apasionada testarudez cuando vemos esa voluntad tan claramente, de nuestro deprecio arrogante de Sus mandatos, de nuestra determinación a hacer las cosas sin Él, de preferir nuestra razón a Su palabra, de las muchas, muchas formas en que el viejo Adán se muestra, y una u otra que nuestra conciencia nos dice que es propia. Y recémosle a Él, que es independiente de todos nosotros, pero que se hizo nuestro compañero y nuestro siervo, para que nos enseñe nuestro lugar en Su vasto universo, y nos haga ambiciosos solamente de esa gracia aquí y de esa gloria futura que Él nos ha adquirido con Su propia humillación. (Sermons preached in Various Occasions, VI)

Día tercero

Debe recordarse que las ocupaciones de este mundo, aunque no son celestiales en sí mismas son, después de todo, el camino hacia el cielo, y aunque no son el fruto son la semilla de la inmortalidad, y aunque no son valiosas en sí mismas lo son por aquello a lo que conducen. Pero es difícil darse cuenta de esto. Es difícil darse cuenta de ambas verdades a la vez, y conectarlas, contemplando fijamente la vida futura pero actuando en esta…Mientras Adán fue sentenciado a trabajar como un castigo, Cristo con su venida lo ha santificado como un medio de gracia y un sacrificio de acción de gracias, un sacrificio para ser ofrecido alegremente al Padre en Su nombre… Es muy difícil conducirse entre los dos males: usar este mundo sin abusar de él, ser activo y diligente en los negocios de este mundo pero no por el mundo sino por Dios…¡Quiera Dios darnos la gracia en nuestras diversas esferas y puestos para hacer Su voluntad y embellecer Su doctrina, que ya comamos o bebamos, que ayunemos o recemos, que trabajemos con nuestras manos o con nuestras mentes, que estemos de camino o permanezcamos en reposo, podamos glorificar a Aquel que nos ha comprado con Su propia sangre! (Parochial and Plain Sermons VIII, 11)

Día cuarto

Nosotros estamos acostumbrados a decir que nada está hecho a menos que todo esté hecho. Pero los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos, ni sus caminos los nuestros…Estemos ciertos que unque sean muy grandes los desórdenes de la época presente, y aunque los incrédulos buscan y no encuentran, el Señor Dios de Elías aún se revela a Sí mismo al humilde, al serio de pensamiento y puro de corazón. La presencia de Cristo está aún entre nosotros, a pesar de nuestros muchos pecados y de los pecados de nuestro pueblo. “El espíritu y el poder de Elías” debe ahora estar especialmente con nosotros, pues las señales de su época están entre nosotros… ¿Qué otra cosa necesitamos sino fe en nuestra Iglesia? Con fe podemos hacer todo, sin fe, nada. Si tenemos una duda secreta acerca de ella, todo está perdido, perdemos nuestro ánimo, nuestro poder, nuestra posición, nuestraesperanza. Un frío abatimiento y enfermedad de mente, una tacañería y displicencia de espíritu, una cobardía y una pereza, nos envuelve, nos penetra, nos sofoca. Que no sea así con nosotros. Seamos de buen corazón, aceptemos la Iglesia como el don de Dios y nuestra dote. Imitemos a Eliseo, que cuando “iba por la orilla del Jordán…tomó el manto que se le había caído a Elías, y golpeó las aguas, diciendo, ‘¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías’? (2 Re 2, 13-14). La Iglesia es como el manto de Elías, una reliquia de Aquel que ascendió a lo alto. (Sermons bearing on subjects of the day, XXIV)

Día quinto

Nuestro deber como cristianos reside en correr riesgos por la vida eterna sin la certeza absoluta de tener éxito. El éxito y la recompensa eterna la tendrán los que perseveren hasta el fin…Este es el verdadero significado de la palabra “riesgo”, pues sería un riesgo extraño el que no tuviera nada de temor, aventura, peligro, ansiedad o incertidumbre. Así es de incierto, y en esto consiste la excelencia y la nobleza de la fe. La verdadera razón por la cual la fe se distingue de las otras gracias y es honrada como el medio especial de nuestra justificación es que su presencia implica que tenemos el corazón para arriesgar… Si la fe es, entonces, la esencia de una vida cristiana, y si es lo que ahora he descrito, se sigue que nuestro deber reside en arriesgar lo que tenemos por lo que no tenemos, fundados en la palabra de Cristo. Y tenemos que hacerlo de modo noble, generoso, no con imprudencia o ligereza, sin saber con exactitud lo que estamos haciendo ni a qué renunciamos, ni tampoco lo que ganaremos, sino inciertos acerca de nuestra recompensa, del alcance de nuestro sacrificio, apoyados en Cristo en todo sentido, esperando en El, confiando en que cumplirá Su promesa y nos hará capaces de cumplir nuestros propios compromisos, y procediendo así en todo sin preocupación o ansiedad por el futuro… Arriesgamos nuestra propiedad en planes que prometen ganancia, confiamos en proyectos y tenemos fe en ellos. ¿Qué hemos arriesgado por Cristo? ¿Qué le hemos dado por creer en Su promesa? (Plain and Parochial Sermons, IV,20)

Día sexto

La pregunta es: “¿Por qué no apareció nuestro Salvador después de Su resurrección a todo el pueblo sino solo a testigos elegidos por Dios?”. Y esta es mi respuesta: “Porque era el medio más efectivo de propagar Su religión en el mundo”… Ciertamente es una característica general del proceder de Su providencia hacer que los pocos sean los canales de Sus bendiciones para los muchos…Es evidente que cada gran cambio está llevado a cabo por pocos, no por muchos, por unos pocos resolutos, inmutables y celosos…Uno o dos hombres, de pequeñas pretensiones externas, pero con sus corazones puestos en la obra, hacen grandes cosas. Están preparados, no por una súbita excitación, o por una vaga creencia general en la verdad de su causa, sino por una instrucción profundamente impresa y repetida con frecuencia; y como es de razón que es más fácil enseñar a unos pocos que a un gran número, es evidente que tales hombres siempre serán pocos…También nosotros, aunque no somos testigos directos de la Resurrección de Cristo, lo somos espiritualmente. Con un corazón despertado de entre los muertos, y con nuestros  afectos puestos en el cielo, podemos dar testimonio de que Cristo vive, tan verdadera y realmente como lo hicieron ellos. El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo. La Verdad da testimonio por sí misma de su Divino Autor. El que obedece a Dios conscientemente y vive santamente, fuerza a todos los que le rodean a creer y temblar ante el poder invisible de Cristo. Por cierto, no da testimonio a todo el mundo, pues son pocos los que pueden verlo lo suficientemente cerca como para ser conmovidos por su manera de vivir. Él manifiesta la Verdad a sus vecinos en proporción al conocimiento que tienen de él, y algunos de ellos, con la bendición de Dios, recogen el fuego santo, lo aprecian, y lo trasmiten a su vez. Y de este modo, en un mundo oscuro, la Verdad hace su camino a pesar de la oscuridad, yendo de mano en mano. (Parochial and Plain Sermons I, 22)

Día séptimo

Estad seguros, hermanos, que cualquiera de vosotros que esté persuadido de abandonar sus oraciones de la mañana y de la tarde, está entregando la armadura que lo defiende contra los ardides del Demonio. Si renunciáis a cumplir con ellas, podéis caer cada día, y lo haréis sin notarlo. Por un tiempo seguiréis adelante, pareciéndoos que estáis lo mismo que antes…Cuando hayáis dejado la práctica de la oración fija, os volveréis débiles gradualmente sin saberlo…Pensaréis ser los hombres que solíais ser, hasta que de repente llegará el adversario furiosamente, y también de repente caeréis… Los hombres dejan primero la oración personal, luego son negligentes con la observancia del día del Señor (que es un servicio fijo de la misma clase), luego dejan escapar de sus mentes la misma idea de la obediencia a una ley eterna fija, luego incluso se permiten cosas que su conciencia condena, luego pierden la dirección de la conciencia, que siendo maltratada, rehúsa finalmente dirigirlos a ellos….Fijad vuestro corazón en las cosas elevadas, permitid que vuestros pensamientos de la mañana y de la noche sean puntos de descanso para el ojo de vuestra mente, y dejad que sean acerca de la senda angosta, de la bendición del cielo, de la gloria y el poder de Cristo vuestro Salvador…Los hombres en general no sabrán nada de todo esto, no serán testigos de vuestras oraciones personales y os confundirán con la multitud que ellos aceptan. Pero vuestros amigos y conocidos obtendrán una luz y un consuelo de vuestro ejemplo, verán vuestras buenas obras y serán inducidos a rastrear hasta su verdadera fuente secreta: las influencias del Espíritu Santo, buscadas y obtenidas por la oración. (Plain and Parochial Sermons I, 19)

Día octavo

El gran fin que Nuestro Señor tenía en vista al asumir nuestra naturaleza, era hacer santas a las creaturas llenas de pecado, y que nadie que no sea santo será aceptado por Su amor en el último día. Toda la historia de la redención, el testamento de la misericordia en todas sus partes y provisiones, atestigua la necesidad de la santidad en orden a nuestra salvación…Si un hombre sin religión, suponiendo que fuese posible, fuera admitido en el cielo, sin duda alguna, soportaría una gran desilusión. Antes, por cierto, imaginó que podría ser feliz allí, pero al llegar, no encontraría sino aquel discurso que evitó en la tierra, aquellas ocupaciones que aborrecía o despreciaba, nada que lo limitara a buscar algo más en el universo, y lo hiciera sentir en casa, nada en lo cual pueda entrar y descansar. Se vería a sí mismo como un ser aislado y apartado por el Poder Supremo de aquellos objetos que aún se entrelazan alrededor de su corazón. Y no sólo eso. Estaría en la presencia de ese Supremo Poder, a quien invariablemente nunca trajo a su pensamiento cuando estaba en la tierra, a quien ahora consideraría sólo como el destructor de todo lo que era precioso y querido para él. ¡Ah!, no podría soportar el rostro del Dios Viviente. El Dios Santo no sería objeto de gozo para él….Nadie más que el santo puede mirar al Santo. Sin santidad ningún hombre puede soportar ver al Señor…Si quisiéramos imaginar un castigo para alguien no santo, un alma réproba, no se nos podría antojar quizás uno mayor que convocarla al cielo. El cielo sería el infierno para un hombre irreligioso…Dios no puede cambiar Su naturaleza. Santo es por siempre, y mientras es Santo, ninguna alma no santa puede ser feliz en el cielo. (Plain and Parochial Sermons, I,1)

Día noveno

¿Qué es vigilar aguardando a Cristo?…“Simón, ¿duermes?, ¿no has podido velar ni siquiera una hora?” (Mc 14,37)…Esto es vigilar: apartarse de lo que es presente y vivir en lo que es invisible, vivir pensando en Cristo, cómo vino una vez y cómo vendrá nuevamente, y desear su segunda venida desde nuestro recuerdo afectuoso y agradecido de la primera.  Pero hay quienes no vigilan, por amor al mundo…Sirven a Dios y le buscan, pero miran al mundo presente como si fuera eterno, no una escena meramente temporaria de sus obligaciones y privilegios, y nunca contemplan la perspectiva de ser separados de él… Pueden mejorar en la conducta pero no en el anhelo. Avanzan pero no suben, se mueven en un nivel bajo y si pudieran moverse así durante siglos, no se levantarían por encima de la atmósfera de este mundo…Se sienten muy bien como están, y desean servir a Dios como están. Están satisfechos con permanecer en la tierra, no desean moverse, no desean cambiar…Los años pasan silenciosamente y la llegada de Cristo está cada vez más cerca de lo que estaba…Hermanos, rogadle que os dé un corazón para buscarlo con sinceridad. Rezadle para que os haga vivir seriamente…Decidid no vivir más engañados por “sombras de religión”, por palabras, por discusiones, por nociones, por grandes declaraciones, por excusas, o por las promesas o amenazas del mundo. Rezad para que os dé lo que la Escritura llama “un corazón honesto y bueno”, o “un corazón perfecto”, y sin esperar, comenzad inmediatamente a obedecerle con el mejor corazón que tengáis…Tenéis que buscar Su rostro…¡Que esta sea la porción de cada uno de nosotros! Es duro alcanzarla, pero es lamentable perderla. La vida es corta, la muerte es cierta, y el mundo venidero es eterno. (Plain and Parochial Sermons, VI, 17)

Fuente: http://www.amigosdenewman.com.ar/?page_id=198

RANDOM POSTS

0 166
Este 10 de enero de 2020 tuvo lugar en la capilla de Notre Dame University la Misa...